18/9/12

cambio

Hay luz ahí fuera.
Y libros.
Y calles y gente

y la vida.


13/9/12

c a s a

Abierta la ventana, remuevo las hojas de la hierbabuena para que él pueda sentir lo fresco desde la habitación. Me he colgado de la visión que admiró el amigo la noche del mezcal. He afilado mis dedos -estas palabras bien puestas- y he pensado:
¿Se puede escribir sobre una obsesión?
¿Puede y quiere uno contar lo que de verdad (ahí-dentro-donde-nadie) le importa?
Y no lo creo. 
Así como la felicidad o el amor.



7/9/12

retrovisor

Lee los versos de Julio Cortázar, mastícalos con rabia inmerecida, todo lo que no se dice.Y ahora escribe, de frente, si el ritmo sincopado del jazz. No se lo pido al mundo, te lo digo a ti, media vuelta oscura, a ti que has sido un “fuiste” en todos los sentidos. A ti que escondes viento.
A ti que tan tarde preguntas por lo que nadie recuerda.

No te voy a cansar con más poemas.
Digamos que te dije
nubes, tijeras, barriletes, lápices,
y acaso alguna vez
te sonreíste.
J.C. 

Laguna de Bakalar recortada por la ventanilla. 

El domingo, algunos fantasmas del buque leeremos a Cortázar en casa, si alguien gusta + mezcal, claro. 
Se admiten viandas.

4/9/12

esto es


Atravieso el bostezo de Madrid en un taxi. Un rumor de café, vapor de sol talón de zapato. Corsé y andamio. Nadie sabe si sandalias o abrigo. En alguna coordenada de estas calles debe haber un gobierno, con sus ministros y sus carteras, una exposición de surrealismo, un paquete de vacaciones destrozado, tu ausencia como un recorte de sombra. También habrá un desahucio. Le he robado el bolígrafo con que escribo a un apuesto paparazzi (a mi gusto, claro). Está tumbado camisa blanca en el sofá de una sala vip de televisión, donde se habla  del pescado de Tarifa con la misma liviandad que se habla de Bretón, ratito sí, ratito no. También le miro el estómago, tiene el sol del estrecho allí dormido. Yo no desgasto mi saliva con nadie. Una señora, coleta-bata-bolsocruzado grita porque nadie la dejó hablar de la secta que abdujo a su hermana y la largan. Largan todo lo que no vende más que dos niños quemados por un padre psicópata. Estrujan el trapo. Caen mierda y millones. Se va desairada la supuesta víctima de una supuesta vidente supuestamente muerta en un pueblo cercano a esta ciudad, donde una vez hubo un gobierno equis, te acuerdas, donde seguro está habiendo un desahucio.

2/9/12

confiada


En una tarde de pasos calientes e impuesto silencio, me lancé al Caribe como quien entra en el Mediterráneo, decidida y pez. Y fue ese mar de siete azules quien me recordó que al agua se entra despacio, con permiso y sin confianza. Me arrancó hasta su orilla y allí me dejó despeinada.

Le puso nombre a la sensación que tuve durante todo el viaje. 


1/9/12

Lejos

No todo el mundo sabe que a Veracruz y a sus playas lejanas no pienso en la vida nunca volver. Fui feliz allí, el mes pasado, en noche de luna llena, en Los Portales, ni antes ni después de esa noche, en el último mes de julio de mi juventud. Pero no pienso en la vida nunca volver, pues sé muy bien que la nostalgia de un lugar sólo enriquece mientras se conserva como nostalgia, pero su recuperación significa la muerte.
Enrique Vila-Matas
Lejos de Veracruz 


Roca partida



30/8/12


En Madrid no hay pelícanos, hay palomas. No están ni Lucas, ni Ron, está Valentín. No hay playa Paraíso, en la calle Norte está la sauna Paraíso. No se come tortilla, hay el pan de cada día. No existe la chelería, pero en Casa Candi también se canta a pleno pulmón ‘Quiero abrazarte tanto’. No se sube a los escenarios, se baja al metro. En Madrid se mira de frente, se coge todo, se abraza con fuerza. A Madrid se vuelve, no se quiere volver. Su cielo es azul y seco, la piel se aclara, los moscos mueren. En Madrid no vivo en Chapultepec, ni en la Avenida 21, sino en Noviciado. No se dice Tlacotalpan, Papaloapan, Citalpetelt, Cuitlahuac. No sé de dónde viene la palabra Madrid, pero México significa ombligo de la Luna. Aquí no se toman botellas, se libran batallas. Hay cócteles a ocho euros que nunca son de camarón. No llega ni pasa el huracán. En Madrid, ironía, en México, albur. Asfalto, amor y verdad. Arena, tequila y volcán.

A Madrid le falta surrealismo, mística y apasionamiento. 

A México le sobra imprecisión, caos e intensidad.

Reinsertándome. Corrigiéndome. 




16/8/12

Día 15: Quintana Roo (ayer)

Ha empezado el viaje.
El cuaderno es pequeño. Bestial
naturaleza
para quemar palabras.
Apagaste la luz
sobre tu puerta, volviste a la guarida
donde el pan y la leche.
Yo he manchado mis manos
de animales. He juntado las huellas,
deseado el tobillo
de un turista, enrojecer
su omoplato.
Noche bajo la noche.
Isla contra la fiera.
Brujula verde, niño sin cuna:
si ya he mordido tanto,
¿por qué
no llego al hueso?

12/8/12

Día 12: el viaje

Me fui.
Me voy.
Allá nos estamos viendo al ratito. 

9/8/12

día 9: vaguedad

Escribiendo unas breves biografías para Habla con eñe, me encuentro con Juan Bosch. Dejo un fragmento. Me quedan tres días antes de volar, otra vez, a México. Y la despegada va siendo urgente.
La carretera está muerta. Nadie ni nada la resucitará. Larga, infinitamente larga, ni en la piel gris se le ve vida. El sol la mató; el sol de acero, de tan candente al rojo, un rojo que se hizo blanco. Tornose luego transparente el acero blanco, y sigue ahí, sobre el lomo de la carretera. 
Ayer dibujamos un largo fragmento del perfil sur de la costa. Paseamos también por Algeciras, con su puerta abierta siempre al estrecho, vigía.



Antes de irme a dormir, abrí un cajón de la mesilla, y amarillento como ya pueden ser mis libros viejos, aparece Para nacer he nacido. Leído hace años, en 1996, parece. Abandonado. Y tiene que ser Neruda quien me de la bofetada. Maldito el poeta, siempre tan oportuno. Interesante es leer el 'Yo acuso', discurso pronunciado en el Senado de la República de Chile, el 6 de enero de 1948.

Dice Neruda, y uno no puede dejar de sentirle inocente, respondiendo a una encuesta en otro de los textos. 
Si esta pregunta me saliera al paso en un callejón oscuro me llevaría un susto de padre y señor mío. Porque, ¿qué sé yo del año 2000? De lo que estoy seguro es de que no se celebrará el funeral de la poesía en el próximo siglo. En cada época han dado por muerta a la poesía, pero ésta se ha demostrado vitalicia, resucita con gran intensidad, parece ser eterna. La poesía acompañó a los agonizantes y restañó los dolores, condujo a las victorias, acompañó a los solitarios, fue quemante como el fuego, ligera y fresca como la nieve, tuvo manos, dedos y puños, tuvo brotes como la primavera; echó raíces en el corazón del hombre" 

5/8/12

día 5: bruma

"Después de un invierno malo
y una mala primavera*".



* Fito. Soldadito marinero

3/8/12

día 3: leer de viaje: miedo



"No era miedo. Pero se parecía tanto al miedo; tenía relámpagos de lucidez y golpes de corazón como los de la oscuridad, angustias iguales a las de las horas en las que Mamá debería estar en casa y no había vuelto aún, pero era también distinto; independiente, miedo de sentirse mayor que la dejaba un poco seria porque ahí había formas, olores, densidades nunca probados. No la habría asustado que la abandonaran sola en mitad de la calle y sin embargo sí la asustó aquella noche sentir el peso de su edad".

La hermana de Katia (2001)
Andrés Barba

1/8/12

día 1 de agosto: hola vida

La edad contemporánea comenzó en 1789, con la Revolución Industrial, y terminó con la caída del Muro de Berlín, en 1989. Supongo que la nuestra, no representa más que una época absurda y futurible, que una vez fue probable. Porque después de lo contemporáneo, no puede haber nada.
O, no seamos más pesimistas de lo obligado, no puede tener nombre.
Es 1 de agosto. 
Comienzan mis vacaciones. 
Justamente a esta hora, cumplo mis 31 años en este mundo. 
Y estas son mis ventanas interiores. 


21/7/12

puerto escondido


¿Existe un nombre, acaso, más evocador

que 
Puerto Escondido?

Pronúncialo.

Alli estuvimos una vez. 
Fue al principio de los tiempos. Condujimos el bocho alquilado por la sierra hasta San Juan. Las luces dejaron de atravesar la tormenta. Un par de días en aquella playa. Zipolite. Carrizalillo. El hostal donde años después nos hospedamos. Eran tiempos de paz. De futuro. De entonces es esta foto. Nunca llegué a ver la que me tomó Samuel.

Playa de Puerto Escondido. Samuel fotografiando a Aroa. Agosto de 2005

Volvimos atravesando el istmo de Tehuantepec durante la que fue la noche más larga de mi vida. Llovía sin parar. Los esqueléticos limpiaparabrisas no daban abasto entre la oscura humedad. Cuando llegamos a casa, ya de día, una amiga había atravesado el océano y dormía en mi colchón sobre el suelo.

Después llegó todo lo demás.

Quién sabe si este verano. Al fin. Después de tanta mierda. 

26/6/12

la poesía era el lugar



"Pequeños dioses de viento y de papel. ¿Por qué nos abandonaron? La poesía era el lugar y sigue siéndolo aquí. Pero este llano,

este desierto... Yo no soñaba sino con pinos dorados. Yo pensaba en romper la música y dibujar con palabras el aliento

de los pinos.

Pertenecer. Pertenecerse.

Obtener agua y continuar ensombreciendo el sol con las verdades. Sobrevivir. ¿Es ésto lo que queríamos? Queríamos vivir,

no sobrevivir.

Y qué es el poema sino un puñado de pájaros muertos en la mano.

Y qué es el poema sino un disparo al sol desde detrás de un peñasco de colores.

Y qué es el poema sino sobrevivir entre piedras calcinadas y antiguas.

Hay que inventar un agua en la garganta.

Pertenecer. Pertenecerse. Es esto todo al fin cuanto queríamos.

Un silencio incompleto. Un lugar de ceremonias sencillas y perfectas. Sólo falta que inventemos un viento."
 
 
 
La mirada de los héroes

Paulina Winderman

y después rabia, mucha rabia

8/6/12

(viaje express)

no le he perdonado a Venezia que la última vez que estuve allí me ahogó la humedad de la habitación de hotel y busqué la caminata nocturna junto a sus aguas quietas

nocturno idiota del allí, del así, del entonces
que luego no pesa

cómo es el punto final de nada que se pone en una ciudad hermosa


pero
_________ahora

nos levantamos
a brindar por los amigos
y ponerle
a la ciudad su nuevo nombre




(qué pudor da mirar para atrás y saberse boba)

3/6/12


Nos dijeron que estudiásemos.
Que fuésemos trabajadores.
Nos dijeron que tuviésemos buenos modales.
Nos dijeron que fuésemos buena gente.
Que fuésemos optimistas. Alegres.
Que nos quisiéramos los unos a los otros.
Nos dijeron que tuviéramos ideales.
Que no nos tomásemos demasiado en serio.
Nos dijeron que todo esfuerzo tiene su recompensa.
Nos dijeron que leyéramos.
Nos dijeron que confiásemos.
Que fuéramos justos.
Que respetásemos las normas, las leyes, los mandamientos.
Que fuésemos solidarios.
Es más, fueron tan osados que nos dijeron que persiguiéramos nuestros sueños.

Y cuando ellos no han cumplido ninguna de sus partes, se atrevieron a decirnos que siguiéramos sonriendo.


19/5/12

me gustaba mucho

Sigues conmigo porque ya no queda nadie más que yo que recuerde tu belleza. Sólo yo tengo en mis ojos viejos tus ojos jóvenes.



Me faltan palabras.
Qué raro. Hablamos mucho.
Adentro estoy callado.

Carlos Fuentes, Los lazos conyugales en Todas las familias felices

2/5/12

La abuela fue periodista

Desde hace un tiempo, imagino a mis futuros nietos –pelo claro y tieso, todos varones, quién sabe- escuchándome contarles cuál fue mi profesión. Pues veréis, les diré, la abuela estudió periodismo. ¿Cómo?

La abuela se fue a México (cómo estará para entonces ese lindo país) porque había acabado de estudiar la carrera en una escuela que se llamaba universidad. Me encantaba ese trabajo (nos pagaban un salario fijo y acordado a cambio de una serie de horas) que consistía en contarles por escrito a los demás cosas que sucedían en su ciudad, o en otros lugares. Podía ser desde la apertura de una nueva autopista, que entonces eran de libre acceso, un artículo más largo sobre de dónde venía el agua que consumían, tratar de explicar dónde había ido el dinero desaparecido de las arcas públicas recaudado o entrevistar a algún artista. Podía escribir de muchos temas. Para ello, grababa con unos aparatos que llevaban una cinta de casete (¿de qué?) a algunas personas, se informaba, investigaba durante algún tiempo, contrastaba la información y, después, durante la tarde, la redactaba. Tenía que tener curiosidad, ser rigurosa, escribir muy bien y tener una cosa que entonces se decía “olfato”, yo siempre pensé que era sentido común.


La abuela reporteando en el mercado 'Revolución' sobre el precio de los alimentos.
Veracruz, 2006.

A la mañana siguiente, el periódico, unas hojas grandes de papel finito que tiznaban los dedos al hojearlas, estaba listo para que todo el mundo lo comprase en unas casetas que había por la calle que se llamaban quioscos. Sí, había que esperar hasta la mañana siguiente. Y sí, no importaba. Porque leer el periódico, tomando un café en una terraza de Madrid, o en casa, esparciendo sus pliegos y suplementos por la cocina, en el transporte público -sí era público y barato y recorría toda la ciudad- era un placer. Había quién lo leía entero, había quien iba directo a la sección cultural, otros se estudiaban las noticias de economía o políticas.


Muchos decían que la carrera de periodismo no servía para nada, que cualquiera podía ejercerla, pero eso no es verdad. El periodista, no el tertuliano, ni el bloguero, ni el articulista de opinión, ni el entrevistador ocasional para una revista de música, tenía un compromiso al que tenía que ser fiel: aquello que había escrito, en aquel artículo, dentro de las restricciones con las que todos los medios de comunicación contaban, era lo mejor de sí mismo. Y, sobre todo, era verdad. Y una firma y una cabecera avalaban la información.


Cuando la abuela, después de un año, volvió a España, tuvo la sensación de que algo estaba cambiando. Sí, trabajé en otros medios, pero, al margen de que los salarios fueran cada vez peores y para recortarlos apelaran al nivel de vocación del periodista, los grandes dueños de los medios habían tensado la cuerda de la manipulación. Las redacciones eran cada vez más pequeñas. El mismo que escribía la información, la subía a internet, hacía la foto, se corregía, maquetaba su página. Importaba más la cantidad que la calidad. Esa palabra desapareció de las redacciones. No importaba que un periodista no supiese nada de un tema, no importaba que la noticia tuviese tres líneas, que estuviese sesgada.

Miles de compañeros fueron despedidos. También yo.
Llegó la crisis económica, internet, twitter, los blogs, las presiones, la caída de la publicidad, los despidos masivos, incluso, algunos compañeros de otros países perdían la vida informando. Todo se volvió difuso.

¿Twit.. qué?

Ya de la poesía os hablaré otro día.
Ay, qué triste época aquella.

El 3 de mayo es el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Compren el periódico.

Sin periodistas no hay periodismo. Sin periodismo no hay democracia.

1/4/12

24 horas y 20 minutos en Barcelona

Tengo 30 años. Voy sola en un tren de alta velocidad que cruza nuestra península de centro a nordeste. De mi dirían que soy caucásica, medio rubia, con algo de sobrepeso, tranquila en el movimiento y algo ensimismada por el paisaje, desdibujado por la alta velocidad en forma de cárcavas naranjas y sequía. Viajo por trabajo. Es mi forma de empezar estas vacaciones. Voy a presentar en libro de un joven talento empresario. Un supuestamente divertido y perspicaz presentador-showman de televisión estará también. No me emociona. Tengo varios amigos que viven en la ciudad a la que me dirijo, pero han decidido viajar por Semana Santa. El resto de amigos estará a estas horas comiendo marmitako y tiramisú en la Euskal Etxea. Me gustaría imaginar algunas de sus caras. Lo hago y, entonces, siento una punzada de rabia.




Me gusta viajar sola, no lo puedo negar, hace años que no lo hago. De todas mis escapadas, recuerdo con mimo aquella a Puebla. No dormí. Llegué el sabado por la mañana y a las 7 del domingo tomaba mi camion de vuelta al rancho. Sin embargo, apenas recuerdo qué hice cuando estuve en Querétaro, también en México, tres días. Sí la soledad y algunas pinceladas de las horas. Las paredes de la pensión eran muy altas, amarillas y con manchas de humedad. El cuarto, un zulo que daba a un patio interior donde se apilaban infinidad de cosas abandonadas. Sobre los muelles enfermos de aquel colchón escribí algo sobre el Santuario de las mariposas. Dormí vestida. Y no sé por qué aquellos días me paseé por la ciudad con una gorra roja y una mochila y yo no suelo llevar ni una cosa ni la otra. En estos momentos, me vuelvo desordenada en los horarios, complaciente conmigo misma y descuido los detalles que, a diario, en compañía, me autoexijo. Me pregunto entonces si al Fotógrafo le gustaría más mi yo solitario y viajero. Por si acaso, no lo dejaré asomar en casa.

Sarrià

Acabo de enterarme, Sarriá-Sant Gervasi es el barrio de la burguesía catalana (escribir esto y pensar en personajes de libros de Marsé). Me he despertado temprano para desayunar en el hotel. No sé por qué, cuando miro a compañeros de salón, todos me parecen parejas despampanantes y con una solida y fulgurante carrera profesional que acaban de despertararse después de una noche de buen sexo.

Podría decir que esta es una calle de París, o aquella donde estaba nuestro hotel en Berlin, pero los edificios tienen una capa de mugre muy nuestra. Fue anoche, cuando paseaba por la plaza Universitat que pensé que somos unos maestros para barrer lo sucio y guardarlo debajo de las camas para que no se vea.

No sé por qué decido esto antes de levantarme de la mesa de desayuno, pero lo hago: hoy me pintare los labios de rojo.

Sábado: noticias

Hoy ha salido el Fotógrafo en El País. Me lo ha dicho por teléfono cuando le he llamado des una cabina. Llevo unas horas sin batería. Me he sentido como una novia antigua que escucha el 'clonc' de las monedas cobrándose el amor. He cruzado feliz la plaza Cataluña, la crítica es buena. El Fotógrafo es una de las personas más humildes que conozco. Carece de altivez y egocentrismo. Ha ejecutado su libro como desarrollaría una demostración matemática. Sin embargo, hay líneas que, sin recurrir a argucias líricas, están llenas de emoción.



Últimamente tenemos un nuevo ritual nocturno: antes de dormir, leemos algunas páginas en alto de un libro que lleva años insistiendo que lea: El tío Petros y la conjetura de Goldbach. Es gracioso verle emocionado cuando se nombra a algunos matemáticos célebres.

Rabia de no haber estado esta mañana en nuestra cocina, con la mesa cubierta por los periódicos del sábado y descubrirle, despertarle, con su reseña en el periódico más importante de este pobre reino.

También había otras noticias hoy:

“No creo que el presidente (Hugo Chávez) dure más de siete meses”, asegura su médico.

“El Gobierno, preocupado por la repercusión internacional de algunas imágenes violentas de la huelga”, la huelga en sí preocupa menos. A esto me refería con lo de barrer la basura y meterla debajo de las camas.

Aramburu: “Quizá la belleza no sea sino la huella que deja una proyección de fenómenos externos en nuestro interior”.

“Los nuevos autores mexicanos se alejan de la guerra contra las drogas para explorar las violencias más íntimas de un país desengañado”, Luis Prados, corresponsal de El País en México.

“El actor protagonista de Mad Men tiene casi tantas sombras como su personaje”.


Raval



Desde que supe que iba a venir a Barcelona, me imaginé sentada al sol en esta terraza (hecho). Barcelona sin Clara no es lo mismo. Tampoco sin Jordi. Cataluña es Jordi, pero Barcelona es Clara. Y ella sabe cómo hacer que cualquier lugar parezca bonito. Asombrosa. Lo difícil es fácil. Lo triste tiene salida. Madrid gana con ella. Pero vengo a Barcelona y veo asomar las palmeras de su terraza mientras ella viaja por Italia, y la ciudad pierde.
He entrado a la Central del Raval, quería hacerme con un libro de poesía. Me he enfadado mucho conmigo por mis métodos de selección del título. No estoy orgullosa pero:
No elijo poetas que siguen preguntando qué es la vida o qué hacen aquí.

No me fío de la generación de mujeres que escribieron durante el franquismo.

No a los postmodernos, las vanguardias ya tienen un siglo.

No consumo verso que no sea libre. Me gusta mascar el ritmo propio de las palabras.

No a la temática de la naturaleza. No en este momento de mi vida.

No a las poetas suicidas. Me cansé.


Al final, he salido de allí con un libro de Trasntrömer, el Premio Nobel sueco. Este fue el verso que me sedujo:

“En el negro hotel duerme un niño.

Y afuera: la noche invernal

donde ruedan los dados de ojos desorbitados”

También me he comprado una gabardina marinera.



 Que significa vacaciones.