26/6/08
19/6/08
absurdo cojo
Las venas pulsan las articulaciones con espinas.
El dolor nace.
Cuando el pelo hunde su raíz en el cráneo, buscando el tacto de la sangre.
Las oficinas están envenenadas de desilusiones.
Los señores de la guerra son hoy los que llevan carpetas bajo el brazo. En ellas no está ni tu nombre ni el mío escritos. Ni esta historia de amor sin barracudas cercando.
Pero no llevas oro. Al menos que lo vean. Pobres rotos diablos.
Prehistoria de los sueños. Qué quería. No recordar. Desarmar el diario de los imposibles. Entramar las aceras de los vampiros. Sustraerse de todos los horarios y las flaquezas. Comerse el sol. Indigestarse de pasiones. De sábanas y líquidos.
Qué hay del contrabando. Contratiempo.
La gitana palmea. Lleva un pañuelo largo de trenzas del deshielo.
Los señores me llaman.
Me dicen, vuelve. Eres cómoda. Plácida. Tranquila.
No te quejes, chamaca.
Y los niños, les digo. A ellos qué les queda. El veneno climático, la carrera y arriba, la luna en vacaciones. (Su carita palideció de pronto como una espera agotada).
Y entonces érase un cuento. Y un nudito. Y un velcro sujetando los zapatos a la calle. Ahora vuelvo a ser yo Barbie de día. Ahora eres tú, desnudo de noche. Si aprietas la boca se disuelve el undo en una felicidad de carreteras y puertos y nubes. Pero doy otro giro más y el corazón revienta. Y en la caja de herramientas de mi padre no hay clavo que desquite la desgana ni instrucciones que reparen lo quebrado.
Ahora sí. Se asustaron. De esta gramática coja, de este vocablo pretérito, de esta semántica tuerta de optimismo. La soledad madrileña sin otra morfología que dícese del nacido en.
Y les digo qué quieren.
Para la felicidad a mí me basta la vida.
Dejenme morir, al menos, en palabras.
9/6/08
Its a long time since I drank champagne
Estoy leyendo Últimas dos horas y 58 minutos de Miguel Ángel Maya, al que yo llamé Miguel y me corrigieron, “Migue”, dijo, con acento sureño en la i. Ayer empecé con él, para conciliar el sueño temprano. Y me dieron las 3 de la mañana enganchada a su viaje. Qué gusto.Migue vino una o dos veces al taller, al Bremen en la cuevita. Se fue muy rápido, así que apenas he tenido oportunidad de conocerle más que de ponerle cara. Pero… las cosas, tenemos por ahí un lazo.
Y recuerdo que traía boina. Y sonreía. Le tenía a la izquierda y no paraba de hablar con su paisana y amiga. Los dos, soltando esas chispitas que restan aire cuando hablan los andaluces.
Me habían dicho que el libro era Bolañudo. Yo no lo conozco tanto como para sentir la tendencia. Ni he ingerido con tanto gusto las páginas de Bolaño en Los Detectives ni en Amuleto.
Muy a tiempo para darle un respiro del polvo del camino alguien tiende la mano al lector.
Les dejo por él, un ratito antes de comer. Búsquenlo. Últimas dos horas y 58 minutos, es el VI Premio de Narrativa Caja Madrid.
Y esa banda sonora.
23/5/08
aroa en el espejo
Cuando a una le rozan, un poquito, el corazón y no se defiende. No con los dientes, quiero decir que no está alerta, la emoción se desata y se llora. Cuando una se da cuenta de la suerte, de los minutos, cuando mastica una felicidad dulce. Cuando una escucha, y ve la risa entre el humo que nos rodea. Cuando se comparte la sorpresa por el descubrimiento. Cuando una escribe y lo disfruta. Cuando una hace crecer las plantas, las estaciones te compensan, desatan lo condensado. Me sucedió en el Bremen. Ese barco al que nos invitaron a subir Lara y Rebeca. Marina escribió esto. Y no puedo dejar de ponerlo:
Gracias a tí, Aroa, por la emoción.
6/4/08
de aquí a un rato
No recuerdo por qué un día decidí crear este blog. Pero creo que ha sido uno de los ejercicios voluntarios más constantes que he hecho nunca. Y, de sobra, algunos saben que a él se han ido hilando acontecimientos y personas en mi vida.
Hay gente que encontré que tiene nombre.
Por este ‘viaje’ llamé un día a la puerta de la casa de Lara, que invitó a cenar aquí a sus amigos: Nán, Carmen, Rebeca, Peter y varios más. De Nán he recibido los comentarios que más me han removido desde mucho antes de ponerle gesto y compartir sótanos de Madrid. Y de Lara no voy a decir nada. Que corran a leerla. Entiendan.
Después llegó el taller. El Bremen. Y, con él, Conde-Duque, Guille, Virginia, Magapolilla, Mariona, Javier, Bea, Kika. Llegó David a bordo.
Y a los que no pongo cara y se quedaron aquí: Erato, Silvana, Rodolfo, Mega, ‘él mismo’.
Y los que pasaron y pasan en silencio.
Esta es la vida por este espacio. He disfrutado y me he entretenido muchísimo. Da mucha satisfacción que alguien se emocione con unas palabras breves. Esta página desengrasó mi nostalgia mexicana, mi desvarío estival, recoge lágrimas de pura felicidad. Y cómo no, aunque anteriores, también de desencanto.
Pero voy a bajarme un rato en la próxima estación. Voy a quedarme en esta ciudad sin precisar un regreso. Podrán encontrarme en las terrazas al sol, desembalando cajas de mudanza, ordenando los libros de las futuras estanterías, aprendiendo a cocinar.
Es un balance. Una tarde larga voy a darme para ordenar una habitación.
Gracias por acompañarme en el viaje. Yo seguiré leyendo. Claro. Hay palabras que crean adicción. Pero esta casa estará deshabitada por un tiempo. Breve.
Volveré cuando las horas y los espacios tomen su medida justa. Eso será muy pronto. Pero ahora, voy a cerrar esta ventana, voy a darle la vuelta al espejo, voy a apagar las luces del salón. Que estén bien.
Hasta pronto.

