29/3/10

Algeciras – Tetuán – Tánger (I)

En el mapa de los sitios donde lloré, ya puedo señalar el puerto azul de Algeciras. Luego el frío en la cubierta alta, el barco bailando de babor a estribor, sacudido por la cola de una ballena. Cómo no lanzarse al agua agitada, intentarlo, al menos, si ya me parece que puedo tocar la Bab Ruah de la Medina de Tetuán y aún no he dejado de escuchar las sirenas porteñas, el choque de la espuma contra la piedra, el aullido de los vencejos de la Estación Marítima.


Costa gaditana mientras el ferry se acerca al puerto de Ceuta

Las montañas del norte de Marruecos son verdes. Ha sido la primera sorpresa. El mar se retuerce para desorientarnos como un papel de plata arrugado. A este lado es brillante. Contamos, un-dos-tres, los velos, los pañuelos, las maletas, las manos sobre las piernas de los hombres que salpican la montaña. La frontera es de alambre, alta. Ya en Ceuta pequeñas hélices afiladas perfilan los edificios. Advierten. No sé qué distancia cósmica se establece entre estos hombres y yo. Es algo que no siento cuando estoy en otros lugares más lejanos. Me siento fría, me arrugo. Me escondo detrás de la palabra “no”. No hago el esfuerzo.

28/3/10

Primer día largo: sábado en la costa, Cádiz

Edibe vuelve a hacer la mezcla ante la mirada atenta de su hijo: curry, pimentón, cúrcuma, jengibre y comino. La bolsa ahora es de los colores de la tierra. Aliñaremos el pollo y el cerdo y pecaremos el viernes. Seguro. Compramos una torta de pan de semillas -de trigo es más rico-, ropa interior, un Playmobil despintado de azul con extremidades articulables y sombrero de vaquero. Yo me quedo muda al borde del escenario del puesto de antigüedades. El gitano da cuerda a un gramófono. Una voz de mujer araña algo parecido a un tango. Me pregunto si así sonaría entonces, en algún viejo salón de Granada, bajo las conversaciones. Hay baúles, cascos verdes de guerra, escotillas oxidadas, mi madre compra una lupa de plata antigua. Me llama desde lejos. Aroa, ¿quieres una? Pero pienso en el polvo que podría recoger en la estantería, pienso que en realidad no es de plata. Ella se asoma feliz a través del cristal. Sonríe gigante. Su ojo es azul. Pestañea.

El resto del día lo he pasado deseando que el sol me sonroje la cara. Imaginando mañana. Europa vista desde el barco, alejándose. Hemos dormido la siesta a la orilla del mar. La playa estaba llena de naranjas. De lejos, parecía una línea de advertencia. Pero el mar seguía expulsando sus hinchados cuerpos brillantes poco a poco. Hasta que toda la costa visible estaba salpicada de sus luces redondas.

La playa en marzo tiene el mismo óxido áspero de las antigüedades del mercado.

Paseamos por el pantalán del puerto. Nos asomamos a los veleros blandos. La teca con su abrigo gris de invierno. Yo quiero un barco, y que salgamos los dos a alta mar, y que invitemos a vino a los amigos en su cubierta. Él me promete un escuadrón entero.

Le doy la mano y, detrás de ella, paseamos de vuelta a casa.



foto a cuatro manos con
David Ruiz

26/3/10

"¿Cómo quieres que escriba una canción

si a tu lado no hay reivindicación?"


Madrid

Dijiste: escribe.

Y yo pensé en las borrascas inmóviles de los mapas del tiempo.


En un lugar cerca del estrecho

Ya nunca temblará
a nuestra vuelta
la costilla
férrea
del invierno.




aquí estamos

foto de David Ruiz
cita de Dulce introducción al caos, de Extremoduro

24/3/10

casavieja

Ahora pienso en los dos días que pasé junto a ellas. El bosque lleno de vapor, nuestras caras reflejadas en la laguna. El hombre relata a la mujer por teléfono el pulso de las estrellas sureñas. No existe el tiempo. Dentro de la casa, periódicamente, se descorcha una botella de vino, el horno avisa, suena una carcajada, una piña se quiebra, alguien comienza a estar dormido. Salgo a la terraza alta y el sonido del musgo pegándose a la piedra me contagia. Escucho la respiración de la noche en mis manos.

Al otro lado de esas montañas tú vives contenido en tu cuerpo. No quiero llamarte, sino recrearte dentro. Blandir los ojos hacia el valle oscuro.

Pero hoy todo el día será miércoles. El azúcar de mi café se llama Veracruz. Poco me queda ya más que el nombre de aquellos cañaverales violentos y verdes al sol.

23/3/10

Exposición de El Fotógrafo

El Fotógrafo David Ruiz
(el que ahora ve una serie de tiros de la segunda guerra mundial

aquí al lado tumbado

y pareciera que nunca hizo <click>)

presenta su primera exposición de fotografías.

Se inaugura el próximo viernes,

día 26 de marzo

en nuestro querido Ladrón de tinta

calle Noviciado, 2

(al ladito de casa)

Han quedado preciosas

y para muestra

un botón.

O mil.

Se servirá vino a los asistentes.

(Tradición de la casa)
Pincha en la imagen y date un paseo por Panopticon

9/3/10

Los cuadros de Rebeca en Nanai

.
Rebeca Le Rumeur trajo del norte
el mar
detenido en unos cuadros.

Si quieres verlos, este jueves, 11 de marzo, se inaugurará la exposición
Del azul
en Nanai,
calle Barco, 26.
.
Quien quiera pasar, a partir de las 21.00 h,
podrá escuchar la guitarra de Cristina Sánchez
y a algunos amigos que vamos a leer textos
para dar la bienvenida a este oleaje.
David Casas, Elvira Navarro, Lara Moreno, Kika,
Nano, Fernando González-Ariza, Recaredo Veredas,
.
Si no puedes ir el jueves, la exposición estará allí hasta el 28 de marzo.

Y puedes ver sus cuadros haciendo click aquí.

23/2/10

Para: María, Sandra, Pati, Charo / Asunto: noticias

Me ha escrito Samuel desde Córdoba
Qué revuelta de pronto la cabeza.
Qué ganas de escapar por la ventana.

"nosotros, los de entonces,
ya no somos los mismos"

12/2/10

La llegada




Con el cuerpo torcido le vi aparecer aquella tarde gris por el derrumbe bajo de la calle. Aún no había mirado hacia arriba. La bolsa al hombro, como un acento de su inclinación. Nos distrajo el zumbido de una abeja en los oídos: primero sobre ella y luego se cebó conmigo. Porque eres rubia, me dijo, muérdete la lengua.
Las dos estamos agarradas a la puerta verde de hierro. A mí se me clava en el pecho, cuadriculándolo. Huelo su perfume amargo. Conscientemente lo memorizo. Se agarra a la garganta. Luego arranco una semilla negra de los periquitos que ella plantó y la exploto entre los dedos. Se mancha la mano de blanco y áspero. Juego a pegar y despegar el índice y el pulgar. Ella me ve con el ojo izquierdo y sonríe. Miro sus pies enfundados en dos zapatillas planas, deshechas. La pierna pálida. La luz contrasta con las venas que alimentan su cuerpo. Muerde el albaricoque con sus dientes nuevos. Cuando traga el último pedacito de la fruta, él ha llegado. A mí me pasa la mano por la cabeza y a ella le da un beso en la boca. Sin soltar una sola palabra, cruza el espacio que hay entre las dos y se vuelve oscuro como el portal.

11/2/10

recreo

Hace unos días, un mensaje remontó el frío de 17 años para llegar a mí. Me lo enviaba un compañero del colegio. En él, deseaba que me fuese bien la vida y confesaba, muchos recreos después, que yo le gustaba en aquel lejano entonces. Cómo. Hoy, tomando un café en la calle Barquillo, más pensando en otras cosas que me empañan, he querido responderle algo, intentando recordar cómo lo haría la niña que yo fui, cuando me sentaba delante de él, o detrás, quién sabe ya, en EGB. Desde dentro, no me veo muy distinta de entonces, cuando aprendí a venerar a mis héroes y las palabras. Cuando atizaba al balón con todas las ganas. Creo que ahora me falla más el sentido de la justicia. De las pocas escenas que recuerdo nítidamente hay una en la que yo me levanté a defenderle de una matona de patio, en clase de octavo de inglés, muerta de miedo. Hoy ya no sé si lo haría.
No sé quien dijo o escribió “ahora que de todo hace veinte años”. Creo que he doblado una esquina del camino. Y este ha dejado de ser de arena para ser de asfalto.

fin de curso, fin del colegio
1994

2/2/10

divago a media tarde

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.
A menudo tengo ganas de marcharme de Madrid. Vivo con esa inconstante. Esta ciudad no va conmigo: le faltan agua y horizonte y le sobran calles, planes, puertas. Es un exceso. En días como hoy, como ayer, me acuerdo de aquel bar de la costa de Tulum donde, con los pies hundidos en la arena blanca, masticamos ceviche y bebimos jugos y tequilas. Normalmente no tengo tiempo ni para pensar en ello.
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Foto de David Ruiz