12/11/08
10/11/08
www
me visitan
en una página web
donde resumen
sus vidas.
No hay hora del café.
Jorge ha colgado una foto.
María ha cambiado su perfil.
Felipe con su hija que no vi en Villahermosa.
Carlo se apuntó al grupo
amigos
del trabajo.
Nuestro bar es una mesa plana
que no huele ni aúlla si hace frío
donde, quiero desengañarme,
no siento que riamos
a voces
ni que nos pasemos las manos por la boca.
No hay nudos de tensión entre los cuerpos.
No responde si pregunto
donde fue que hablamos todo aquello.
Pero veo una fotografía
que yo hice
y me deja colgada una mañana entera
ubicando.
La red se está quedando
-pegados como moscas-
mis futuros recuerdos.
6/11/08
centinela
Dentro de esta casa que todos llaman útero
Cristina Peri-Rossi
No es fácil reconocer que soy yo la que camina por la callecita Dos de Mayo. Una niña observa el mordisco de un perro en el cuello de otro. Le falta aplaudir pero me da la mano. Se equivoca de madre. Dicen los periódicos que el mundo ha dado otra vuelta. La crisis económica es engullida por el nuevo huracán de cinco columnas en blanco y negro. Me han dicho que podrías llegar de madrugada y que no recordarás cómo el tren abrió los ojos. Yo sentiré hormigas en el vientre y hundiré todos los cuchillos de la casa debajo del colchón. Si es necesario. Mantendré encendida la ventana
entre
los
pisos.
Adivinarás mi nervio. Mi vocación de colmena. Verás que hay una cama anudada en el cielo. Que escondí todos los recibos. Los números rojos. Que hay una maleta en mi pasillo que sabe que no va a ninguna parte.
3/11/08
Sírvase una copa de vino dulce.
Deje caer el bolso sobre el suelo.
Deje que todo caiga
lo que la lluvia de noviembre recogió
de sus hombros. No es fácil
le advierto
si recuerda
que tan sólo ha terminado una jornada:
el trabajo.
No recuerde los restos
de la cena de ayer abandonados
la mermelada roja
donde anida una hormiga.
Olvídese del mundo.
Del hombre que doblado le estiró del abrigo.
De la mujer que cuenta cómo perdió una casa.
Y abra la botella.
Elija un rincón donde haya poca luz.
No se moleste en espantar las sombras.
Alguna melodía,
sonidos de gramófono antiguo.
Tal vez un fado, Gardel, una canción francesa.
Por supuesto, no escuche la letra.
Ni atienda a melodías. Su cerebro
está blanco.
Olvide las denuncias, las mentiras, las reuniones, la falsa
sonrisa de cristal de despacho.
Cierre los ojos. Le dije, no era fácil.
Permanezca inmóvil.
Cuando la noche le devuelva el aliento,
llene la bañera.
Mucha espuma. No
coja ningún libro. Tal vez
un cigarrillo pero sólo
si no va a preocuparse de cenizas
de humedades.
Sumerja la cabeza.
Escuche la oquedad de los vecinos de
abajo
la niña patalea en ruido sordo.
Mantenga la cabeza sumergida. Deje
que emerja a flotar alguna parte
del cuerpo
que roce los vapores.
Y cuando salga, el agua caerá como riachuelos
pierna abajo, sienta
las cosquillas del agua.
Cene algún fruto.
Mastique la hinchazón,
Reviente pulpa dulce.
Y duérmase tranquilo:
el lunes ha pasado.
(si elige el ritual en modo: 'en compañía', algunas instrucciones se verán alteradas)
(la fotillo es de davidruiz y... salud!)
31/10/08
para que vuelvas
28/10/08
Y ese andar de no ser de acá
A. Calamaro
Enredó en sus rodillas las palabras
y pronunció
ceniza.
Allí todo era rojo.
Incluso la poesía.
Cuando dice manzanas
hay algo de calor
que a mí me araña
dentro.
Sus árboles,
su agua
es otra muy distinta.
El tiempo al fin es tiempo.
A puro diente firme
ella se abre
camino entre los huesos
tendones de la fiebre
y la rutina
y hay alguien que devuelve
a lo roto la vida.
Caricias para el naúfrago
que respira en la playa.
Y cuando fuma, dijo.
La nieve en una casa
está ansiosa de invierno
para ser pronunciada.
con mucha vergüenza
pero aún más agradecimiento
por escribir
(Desde la cocina verde.
Y poniendo gestillos)
24/10/08
el lunes lo pensaré
Disculpe que no me vista de negro.
(me han censurado el párrafo que hasta ahorita ocupaba este lugar)
Hablaba de este, luego hicieron esto con él. Lo turbio, tal vez, no deja ver, pero uno lo presiente.
Me voy a terminar la semana a Barcelona, a escuchar el rumor de olas de la voz de Lara. Y de todas las maletas, me llevo la del olvido. La del lunes ya veremos. La tranquila. Pensaré de camino, eso lo sé. Espero no darle mucho la lata a la compañía.
PD_ las pléyades no queremos ser accionistas de lo inerte, muchas gracias
21/10/08
sugerencia
del todo tranquilo y en paz,
su sexo lleno de vigor
y jugosa la médula de sus huesos;
y otro muere lleno de amargura,
sin haber comido nunca bien;
y los dos se acuestan juntos en el polvo,
cubiertos de gusanos y lagartijas.
Libro de Job
La Biblia

La cola de la lagartija se retuerce en el suelo muerta después de pisarla. Esa es la sensación. Hermosa y terrible novela. Ahora sí entiendo.
Entre Pascual Duarte y los Hermanos Grimm. Aunque distinta. Escalofrío.
Las lagartijas huelen a hierba. Y sus palabras, también.
De Cristina Sánchez-Andrade.
Acabo de terminarlo.
fragmento
15/10/08
A cambio, le he ordenado la mesa. Es terrible, lo sé. Pero los codos se llenaban de cosas al tratar de escribir. Cosas, saben.
Y una le coge amor a su desorden. A su cúmulo de cosas. Desde que le conozco, sobre esta madera clara desde la que ahora escribo, siguen inmóviles varios tornillos, dos paquetes vacíos de cigarros Delicados que un amigo trajo de México, la foto de carnet de alguien pasado, un bote de jarabe vacío que compré el pasado invierno para calmarle la tos, un cepillo (esto cosa mía) y suerte que desapareció aquella bolsa de colines.
Y en este cuarto, con el 500 haciendo temblar las paredes cada cinco minutos, sobre la mayor aglomeración de tiendas de chinos de Madrid, con la cama sin hacer, claro, con la ropa, los papeles, los cuentos, la mesilla construida con miles de libros a punto de derrumbe cada noche (libros que yo no leo), las bolsas, los zapatos… nada cambia y entonces vengo y escribo y trabajo aquí y me siento como antes, porque es la estabilidad del desorden donde todo ocupa su justo lugar. Y que a una el caos nunca le importó.
Aún no le he dicho que nunca vi Pulp Fiction. Porque bastante me recuerda que nos queda Kill Bill (la I y la II).
7/10/08
Die Sensibilitätt
En el cementerio de Biethigueim una lámina llora a los caídos en la segunda de las mundiales. Son miles y miles. Un niño arranca una mora de la zarza con sus pequeños dedos transparentes. Alguien cuenta dos historias al volante. Una, son los restos de aquella guerra. La otra, es su vida. Yo recuerdo aquel viaje en furgoneta con mi padre bajo la lluvia negra.
El otoño va con nosotros dentro del coche. Atrás quedaron colgando las cestas pintadas de las hortalizas en el patio de la casa. Los rostros del pasado ondean sobre el agua azul de un Danubio estrecho y joven. Pasamos un pueblo que se llama Schönbuch (libro bonito). Yo aprendo las melodías de un grupo nórdico sobre las fotografías que él no está haciendo.
Cuando las nubes se ponen bajas, azul grisáceas y revueltas, escucho las risas junto a los cristales, la sobremesa eterna con aquel embutido que alguien nos envió desde España y que repartimos en trocitos pequeños, como si fuera un tesoro. Los viajes solitarios a Ingolstadt, a Nürnberg, cuando compré aquellas botas que fueron un arma contra la nieve blanca por todas partes.
En el Titisee, el frío me corta la piel, por fin. El aire helado obliga a mirarse para dentro. Tomamos pan negro, una Bratwurst fría y miles de quesos sobre una madera, cerveza espesa. Al final tarta de selva negra en el Maritim, mirando al lago, como a mi padre le gusta hacer cada vez que hasta su orilla llega.
Al día siguiente, alguien cumple 60 años y un húngaro le regala una melodía de trompeta.
A mí me gustaría escuchar de pronto el segundero constante de la nieve. Y correr hasta aquella ventana para ver qué sucede. Y descubrirla blanca sobre el desnudo verde. Pero aún es temprano.
6/10/08
Die Nacht
La mujer que tocaba el violín cuando era niña me lleva a un club de Sttutgart. Pide vodka con red bull. Yo, un mojito cubano. Uno me toca la espalda para pasar con la mano completamente abierta. Me encuentra desprevenida al tacto en las ciudades de ese sur tan del norte. Yo me retiro. Grandes bolas de espejo cuelgan del techo bajo. Una mujer de pelo blanco y muy corto, extremadamente parecida a una amiga, felicita al DJ cuando cambia de ritmo. Mueve las manos y maneja, como una especie de dios rubio, a la masa de cuerpos desencajados. Descubro que la mujer que de niña tocaba el violín es adicta al red bull. Al regresar pone Orishas en el coche por aquello de que hablan español. Me mira y sonríe. No me desagrada si la otra opción eran aquellos golpes rítmicos en mis sienes. La vecina del abrigo rosa fucsia entonces se ha ido a Ibiza, al cierre de las discos, qué suerte, me dice. Cuando el coche alcanza los 180 km/h pasamos por la puerta del palacio de Ludwigsburg. Última parada en la gasolinera. Compra dos latas más.
La foto en: http://www.davidruiz.eu/photoblog/index.php
2/10/08
de viaje
30/9/08
27/9/08
Estuve en una sala de teatro alternativo. Vi la obra 'Años 90'. De todo el texto rescato esto porque me impactó la imagen que está en negrita.
Yo no trabajé por el mundo
Porque sabía lo que pasaba
Sabía que todo era un robo
Trabajé por el fin del mundo
Sabiendo que el cielo se pondrá verde
Todo será horrible
Olerá mal
En el cielo aparecerán las imágenes
De Vietnam de Armenia de Ruanda
De Angola de Irak de Corea de España
No hay ningún país que no evoque una catástrofe
Decir el nombre de cualquier país
Es decir el nombre de una catástrofe
El día del fin del mundo
Será mejor que cualquier ruina
Que cualquier pintura
Que cualquier verso
De tanto explicar el fin del mundo
El hombre es parte del fin del mundo
Y es el fin del mundo
25/9/08
bajo el volcán
Él nos escucha mientras leemos con la mirada ligeramente levantada hacia arriba, intenta no sucumbir al humo que se respira entre los papeles. Si me ve despistada, yo vuelvo al cuento. Sé lo que nos cuesta convencernos de que el silencio no es malo que, a veces, entre dos que están, no hacen falta demasiadas palabras, cuando las cosas quedan suspendidas entre los ojos. Primero pensé que era un profesor de literatura, invención de otro, y lo creí. Luego faltó a la primera cita, cuando su cara era una de aquellas a las que yo más quería poner gesto. Luego hubo palabras y más palabras. Y antes, una forma de entender del que sabe. Que lo humano no se lo quitan a uno los años. Ni la risa, ni las ganas. Que a veces me cuesta mucho regreso al cielo saber qué decirle cuando escribe. Y a veces, es verdad que las mejores vacaciones son las que se tienen en la calle de al lado, con esas vistas al jardín verde que se apropia desde la terraza, saltando el muro, donde los dos árboles enamorados cayeron juntos, uno detrás de otro. Y aquel tequila que, mano a mano, se echaron cuando en la casa solamente había vasos de plástico. Aquellas historias que nos bebimos de a poquito. Que nos vamos bebiendo. Yo las suyas, él las mías. Todos las nuestras. Saber que queda camino para dentro. Por mi parte, aunque en silencio, laralá, ya lo andaremos, a mezcalitos, despacio. Si en Malasaña hubiera un volcán, los dos viviríamos tranquilos bajo su inquietante sombra.
22/9/08

19/9/08
Las camisas
colgadas en la cuerda, me señalan.
Las estrellas perforan el aliento
más frío de la noche.
El que no entra en la casa como una lengua loca
es un niño cobarde que no muerde la carne
sin permiso.
Hay un tren con su ruido dentro de cada cuerpo.
Y unos ojos que hambrientos
se devoran
dejando en las esquinas
sus remolinos verdes
de manzana.
La ciudad en septiembre es una espera absurda.
17/9/08
¿por qué me llamo Aroa? O cómo la gente llega a este blog buscando a los Chunguitos
Pues no sé, decía yo de pequeña, tratando de negarme que mis padres, hacían así un homenaje a cierta serie de dibujos animados llamada El Perro de Flandes, una imitación de Heidy pero que trascurría, supongo, en Flandes. Mi abuelo decía que mi madre se parecía a la niña de trenzas y mi padre llamaba así a mi madre hasta que me tuvieron a mí y recogí el testigo. Y gracias porque si no podría llamarme Gregoria o Concepción, quién sabe (lo siento por los que llegaron después…)Luego descubrí que hay una zona de Venezuela que se llama como yo (oh! Esto es mejor para soltárselo a ciertos sujetos… estupendo). Un valle, una sierra, un río e incluso una playa se llama Boca de Aroa, por donde pasó Dani cuando allí anduvo y miró desde el autobús para darme el primer testimonio de cómo era.
Luego, que si del germánico antiguo significa noble, buena gente (claro) … a ver, pero no hila con que yo me llame así…
Pero, lo mejor llegó más tarde. Una noche de los 14 años, andaba yo viendo la televisión. Sorpresa, sorpresa, y ahí va Isabel Gemio y se acerca a una Muchachilla y le dice: Me han contado que estás muy triste porque no tienes una canción con tu nombre. Anda, y yo, pensé. Y la niña: siii. Y yo: aquesellamaaroa, aquesellamaaroa… Y la Gemio, contoneando el micro como ella hacía: cómo te llamas, y la niña: A-ro-a.
Y entonces allí, sobre el escenario, aparecieron ellos, Los Chunguitos y cantaron.
La otra parte de la historia es que cuando era pequeña, mis padres acostumbraban a ir a un videoclub llamado ‘López’ en Usera. Mi madre recuerda haber visto allí algunas veces a Los Chunguitos y sostiene la teoría de que esa Chaborrilla, hija de un chungo, le debe el nombre, ya que probablemente su padre se lo escuchara a los míos, en los pasillos de aquel videoclub: aroa, no cojas películas, aroa no corras, aroa, …









