3/1/08
el periódico
30/12/07
fin de año
que hace trampas
a veces
nos entrega
las cartas más urgentes
(Variación positiva del Bremen)
Feliz 2008 a todos
27/12/07
23/12/07
la mesa se extiende...
22/12/07
ahora
ahora que te desnudo/y me desnudas/y en la estación de las dudas/
muere un tren/ de cercanías
Y entre las dos costillas
un silencio de naúfrago
y una razón
que ya no espera
ni barco
ni verano.
Y habitar una casa
sin horas
que nos muerdan
y con ruido
pero sin voluntad
de fríos ni de noche
de salir a la calle
a despedirse. Poner
orden al tiempo
y a los labios.
Salida de un vagón
que aun se nos desliza
entre las manos,
un último minuto resbalando,
un pie que titubea.
Y acaricia.
18/12/07
30’ 100 ºC velocidad 1
Respiro un azúcar gaseoso que emborracha.
Las pasas, su dulce densidad, las nueces.
Abrir la carne, untar el queso.
Las manzanas se inflaman sobre la bandeja.
Pintan de morado las ciruelas el plato.
Todo es olor y tacto.
El vino se deshace por el aire.
Cierro los ojos y huele a fiestas que no conozco.
Es la carne suave de las aves.
Se confunde el polvo de los frutos secos con la madera.
Tengo ganas de hierbabuena, de licor blanco.
De gargantas ardiendo.
El día es gris. Pero no importa.
Toda la casa es como un vientre que duerme.
Conduje desde temprano hasta las primeras calles.
Mi hermana se despidió con un beso.
No intuyo a qué olerán las casas del futuro.
La ventana recorta la cuenta atrás de este invierno.
Pero estamos a salvo de sus garras bajo las sábanas.
Fuera quedan la lluvia y la política.
Y tú en alguna calle.
-
17/12/07
años
13/12/07
12/12/07
24 ventanas
“Las canciones tristes me dan euforia”
Mueren 14 en atentado en Bagdad
Etarra detenido al sureste francés
Kosovo ultima su independencia
Retiran por error una custodia
Estallan dos bombas en Argel
Alonso y su idilio con Renault
Las mujeres rurales, invisibles
Azafatas desnudas y polémicas
10 millones de niños explotados
Una cicatriz más en los Balcanes
Deportistas de élite reinsertados
Matan al líder del ejército libanés
La Habana en la calle pide derechos
Estados Unidos no reduce emisiones
Muere escritor caníbal en México
Indicios de fuego en Marte
Amanece rojo Madrid
Al Qaeda golpea
Guerra
Paz
10/12/07
la vida va a llenarse de matices.
En Madrid amanece
y el horizonte advierte
las líneas de tu cuello.
Y a menudo
en las noches de ron
y de amistades
me arriesgo a recordarte.
Decido dónde y siempre
te enredas por mis sombras,
penetras mi espejismo.
Pero esta vida mía
(obliga biografía)
va a dejarte dormido
sin ansiedad ni pérdida
porque hasta la más atroz de tus verdades
tiene ese olor a brasas
debajo de la mesa
que recuerda a pasiones
a trampas de las manos
equívocos previstos.
Y flacas madrugadas
en saldo negativo
de caricias
y mientras tardes
tardes
en cuerpo y lana roja
calor en polvo seco
besos de agua
cristal y labios.
Por eso, amor,
me subo ya a este avión en que me tientan
el pasaje está intacto,
Sabíamos que el norte
iba a ordenar las pérdidas.
Maldita la veleta
y los cobardes.
9/12/07
córdoba
Bajar a Córdoba temiendo
que si apretaba su nombre
desaparecía el cuerpo
la mirada
- qué muerta -
fantasmales esquinas
desgastadas de espera. Pensar en otro. Y luego
un vino dulce
de tarde y agua
una violenta risa. Y la ciudad
tan blanca
tan vertida la noche
en sus aceras.
Revienta en flor roja la pascua
y tú
tan de pronto
y tanta luna nueva.
El tango del naranjo
vino
-----dulce
a despertarnos.
* (la historia de las pléyades está al principio del blog... pensé que tenía caducidad, pero quién soy para decidir cuánta)
3/12/07
Ha vuelto al amanecer como un gato.
Vuelve y restriega
su lomo tibio por mis pies. De pronto
hay leche por todas partes derramada y un olor
a piel tostada en ciudades a las que no les queda nada
de costa ni de humor
ni silencio para pensarse dos veces el mañana.
Y su boca
y la isla
donde el calor le ha hecho ser un gato invernal, escurridizo
de grandes ojos fijos en la nada
en esta nada gris de tantos años
de pétalos crujiendo y sábanas
cuencos de anís caliente
avena
y el estallido del pan
dilatando la leña y los suspiros
donde yo quiero vivir el resto de mi vida.
En esta nada tuya sin palabras ni música
ni sueños tan absurdos de niña puño en alto.
Y como un gato, como uno o dos o más gatos
recorrer las esquinas de la vida
los dos bajo los árboles de una ciudad ya rota
con el dolor dormido
llenos de jugo y ramas
de orillas
y sus piernas
acopladas perfectas a este salto.
Preguntar por el frío, por el vino
por todo el desengaño que produce
que le lleve hasta un bar, una cantina rota
y esté el metal ahogándola en plena madrugada
y un hombre rubio, pálido y templado
nos diga así sin más entre nosotros
- el desencanto dónde-
sin aliento ni aviso ni traidores
de una séptima vida concluyéndonos.
La lengua nos ha visto
atrabesarnos juntos
como un gato que huye de la casa a la calle
interior de los dientes, su bostezo
y sacarle las uñas al futuro
lamentarnos los dos
de las torpes señales de la noche.
29/11/07
"una obsesión que va coagulando en tu interior..
... y cuando la gota colma el vaso, te sientas a escribir y agarras la poesía por la cola”
Gelman, el de la ironía, el que gritó que el olvido quedara borrado de los diccionarios, el urdidor de versos a la soledad. El que persiguió por el mundo la sombra de una dictadura en busca de una nieta desaparecida dentro de un vientre. El que escribió en sefardí en un Buenos Aires herido más de 90 poemas. El que fue periodista mientras, el de la inteligente risa, el que curó sus heridas muchos años después.
-
Un hombre deseaba violentamente a una mujer,
a unas cuantas personas no les parecía bien,
un hombre deseaba locamente volar,
a unas cuantas personas les parecía mal,
un hombre deseaba ardientemente la Revolución
y contra la opinión de la gendarmería
trepó sobre muros secos de lo debido,
abrió el pecho y sacándose los alrededores de su corazón,
agitaba violentamente a una mujer,
volaba locamente por el techo del mundo
y los pueblos ardían, las banderas.
Juan Gelman
Buenos Aires, 1930.
Premio Cervantes 2008
28/11/07
terminal 4, aeropuerto
Ayer, entre dos días
Cuando te conocí, yo ya arrastraba una maleta roja por la universidad, y tú parado allí, en medio del pasillo, más sombra tú que tu oscura silueta. Yo perdía un avión, comenzó a nevar fuera. El mundo creció entonces con sus piernas abiertas. Nos fuimos encontrando en sugerentes vuelos, ida y vuelta de agua, vuelta y vuelta de pieles. Nunca te vi los párpados, dolidos, de los amaneceres. Los hechizos tienen horas incómodas para acabar su tiempo. Entonces llegó aquello: el abismo de cuerpos. Llegó el silencio absurdo. Me llamaste, nos vimos sobre todo el verano y en la mesa, más cerveza y cigarros. Nosotros, que le ganamos tantas batallas al océano. Kilómetros al tiempo. Y el silencio matándonos, en medio. El silencio maldito y las frías palabras. Que nos ataron fuerte, de labios y de manos en aquella buhardilla. Las palabras, las necias que dijimos, que ahora se nos quiebran. Nos ahogan.
23/11/07
20/11/07
16/11/07
el derecho al delirio
Al principio fue difícil hacerse con sus ritmos y con sus horarios, aceptar su incondicional hospitalidad y no topar con unos códigos culturales muy distintos a los nuestros. Así que nuestra incursión en el mundo africano se hizo con toda la cautela que nos permitía una semana de rodaje y el ilimitado entusiasmo y disposición de la gente de la región.
Cecile es la segunda protagonista del documental. Hace años, su marido metió a otra mujer en casa con la que debía compartir toda su intimidad. En aquel momento estaba preparándose para sacarse el título oficial de costurera, después de tres años de aprendizaje en el taller. El día de su examen, su marido la encerró en casa bajo llave y le dio una paliza. Ella recuerda ese día con ira, no tanto por la humillación que sufrió, sino porque con ella se quedó encerrada toda posibilidad de reconocimiento a su trabajo.
Nuestra estancia coincidió con los días previos a las elecciones nacionales. Tuvimos la oportunidad de ver la parafernalia de los mítines y la falsa transparencia del proceso electoral. Una llamada de la embajada alertándonos de que las conversaciones telefónicas estaban intervenidas nos bastó para hacernos una idea de la situación política.
Los conceptos cambian según el norte de cada lugar, las filosofías nacen de las hostilidades entre las que crecemos y yo vi demasiada calidad humana en sus palabras, demasiada libertad en sus pensamientos y la única esclavitud de saberse pobres respecto a Occidente.
Entonces os diré que escarbando, escarbando, subiendo al sur, bajo un árbol de teca y al fondo de los maizales, encontré el derecho al delirio…
Charo Ruiz Gitrama
15/11/07
los del invierno frío de siglo nuevo
- era el dos mil y poco –
aquellos,
los planos,
los ojos llenos de turbias láminas
hoy no pueden dejar de leer)
Hay en tu aire cierto rumor de sábana caliente.
Y la mentira naranja
de la intimidad de las ciudades.
Estamos
cada uno
en un extremo
de esta comunicación silenciosa.
Nos negamos cien noches.
La nieve, segundero nocturno,
de las aceras negras.
No debimos
nunca más remontarnos
al galope anárquico de nuestro olvido.
Alguien llamó primero,
y le abrimos la cama
destrozando los brazos.
Llegamos tarde al tren que los dos invocamos
su prematura salida
nuestra derrota.
-
-
6/11/07
Granada - Fuente Vaqueros – Barranco de Víznar – Huerta de San Vicente
Bodas de sangre
Federico Gª Lorca
La última noche que pasé en Granada tuve fiebre en la boca. Mis labios se partieron debajo del piano y en pequeñas, transparentes y secas, virutas de piel, los dejaba caer por la casa de un poeta. La ventana de agua y la palmera. La cama virgen blanca, el ganchillo infantil y retorcida la letra. La madera. Te mueres por tocarla, el cuerpo quejándose en la silla, la pared reflejada. El aire que respiras. Las culpas enterradas y la cintura exacta, romancera, la raya. Los pliegues de ese cuello, avanzado en capítulos nocturnos, recorrido en secreto. La estrella de david que nos detuvo; a mí primero. La boca, la boca, cayendo, por la casa, debajo de la cama, naranja. En el coche alguien siente ‘poblarse de veletas’. Lo cuentan los espejos. Resbalamos las calles, el barranco nos come, nos recita palabras al oído, las calladas, las huérfanas. Nadie grita entre tanto cuerpo. El pétalo marchito, masticado, el silencio, el camino. Las sombras de los lobos. La muerte sin la vida. Se frena un taconeo. Mi cabeza en el hombro, sin querer, descuidándome. Nada pasa, nada, sino tiempo. La ciudad nos miraba, con sus ojos obscenos. Entre tus pies, la acequia retomando la sangre. Las historias tienen todas coordenadas y códigos. El golpe que no se da, se nos duerme en el pecho.
A la señorita guía de la casa de la Huerta de S.Vicente
que, sin pudor, se atrevió a dejar volar sentencias y juicios
mientras respirábamos el aire infantil de la habitación lorquiana...:
..
La poesía duele,
pero no hace sangre.
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