24/2/12

berta vías mahou, nán, malasaña y yo de fondo

Hace unos años, dos, tres, El Fotógrafo apareció en casa con un regalo que le encanta hacerme (la última vez fueron cinco de una vez): un libro. Se trataba de Los pozos de la nieve. Yo, entonces, era becaria en una editorial alemana y, para bien o para mal, había días en los que nadie se acordaba de mí en la oficina y podía dedicarme, escondida tras mi pantalla, a leer. Así leí Los pozos de la nieve, de Berta Vías Mahou y así me enamoré de su forma de escribir. Él lo había comprado porque en la primera página ponía “México” y le debió parecer que por ahí tiraría el argumento y que yo a ese escenario difícilmente me resistiría. Pero el libro, ¡ja! no va por ahí.

Un par de años después, el amigo NáN, que vigila desde su mástil mayor las calles de nuestro barrio, cierta tarde, en la librería La Independiente, empezó a hablarme de cómo había conocido a una escritora fantástica y estaba leyendo ya un segundo libro de ella que, poco después, me regaló por mi cumpleaños, en agosto, y que yo olvidé durante unas vacaciones en Palma: Venían a buscarlo a él. Recuperado el libro, seguí su lectura y supe que Berta era uno de esos escritores que saben cómo y qué hacen. En él cuenta los últimos tiempos de Albert Camus. Y se adentra, con un rigor impropio de la novela, en los kilómetros previos que pusieron fin a su vida (luego me ha encantado espiar alguna fotografía de Berta meroedeando por la casa de Camus, imagino, que documentándose)

Este comienzo lo leí muchas veces:

Decía sí, tal vez fuera no, había que remontar el tiempo a través de una memoria en sombras, nada era seguro. La memoria de los pobres está menos alimentada que la de los ricos, tiene menos puntos de referencia en el espacio, puesto que rara vez dejan el lugar donde viven, y también menos puntos de referencia en el tiempo de una vida uniforme y gris. Tienen, claro está, la memoria del corazón, que es la más segura, dicen, pero el corazón se gasta con la pena y el trabajo, olvida más rápido bajo el peso de la fatiga. El tiempo perdido sólo lo recuperan los ricos.
  
Luego el mapa se hizo chiquito, internet grande y todos acabamos tropezando por Malasaña, la que se pisa, con sus farolas, bendita calle Espíritu Santo, y la virtual, donde quedamos cuando hace tiempo que no nos vemos. Y cosas de la vida, el viernes 2 de marzo, tenemos un plan que a continuación pueden ver en forma de cartel. ¿No tienen ganas de conocer ya a esta mujer? Yo sí.

 

14/2/12

Flight 2054

a más kilómetros, peor es la gestión del sentimiento
en la ecuación de una ausencia
el tiempo es una constante

solamente el hilo musical tan indigesto
de la compañía aérea
es más absurdo que los minutos
que alguien tarda (y otro espera)
en cruzar un salón
como quien se la juega

cero-cero
.
A-5 o carretera por la que se despega de Madrid al oeste en una tarde de verano

4/2/12

Manual para coyotes

Si no puedes venir, aquí puedes hacerte con uno.

26/1/12

Manual para coyotes


'Colt Navy', David Ruiz
Partamos de que este post no puede ser objetivo. Partamos de que mi interés en el oeste es igual a cero. Partamos de que la mayoría de los cuentos que forman el libro Manual para coyotes fueron escritos a escasos metros de donde yo, hoy, en esta plácida pero fría mañana, escribo en este blog. Partamos de que convivo con un Colt que duerme sobre el viejo mueble del salón, entre las piezas enfrentadas del ajedrez y de que un día mi casa se llenó de mapas de Estados Unidos.

Avisados, pues.

Hace cuatro años, en un sótano de un bar de Malasaña que ya no existe, algunos fuimos convocados para formar parte de un taller que terminó llamándose Bremen. Allí, cada dos semanas, rondando un tema, escribíamos cuentos. De allí salieron muchas cosas buenas que resumo en un puñado de amigos espolvoreados por esta ciudad y más allá y una maleta llena de cuentos. También salieron otras cosas, pero no todo es publicable. Aunque ustedes que pasan por aquí, ya saben…

David Ruiz, autor de 'Manual para coyotes'
Él, uno de los convidados en esa mágica cubierta, el autor de Manual para coyotes, obsesionado, hipnotizado por las músicas de Morricone, hacía cabriolas para que, fuese cual fuese el tema o la técnica, todos sus cuentos nos llevasen de viaje y sin esfuerzo a un lugar donde todos una vez estuvimos: el lejano oeste. Y es ahí donde David Ruiz nos recibe, con el sombrero calado y el colt al cinto. Yo no he venido a convencer a nadie de nada, más allá de intentar dar eco a un estilo e historias que es necesario leer: sobrio, muy inteligente y con un singular dominio de la palabra, natural y rápido como su forma de pensar.

 Los personajes que forman parte de estos cuentos, alejados de la poesía y la mística, son mucho más que sombras desafortunadas, enraízan con las pasiones más altas y más bajas, con el escaso precio que a la vida se da en ocasiones, cuando los tiempos no acompañan al romanticismo y los valores.

304 veces una mano que a veces tiembla, que a veces se lo piensa dos veces, presiona el gatillo y precisa, la munición, como las palabras, avanzan decididas, abriéndose paso. Es ahí donde David gana este duelo, cuando ya no tienes más remedio que rendirte a que la bala de la historia se abra camino y no te queda más que seguir leyendo, que oler el polvo del camino. Ya no importa que sus relatos nos hablen de aquellos míticos parajes, estás herido y has entrado en el juego. Es lo que tienen las buenas historias, que te arrastran donde quieren y te hacen ver el mundo por su mira, detrás del peso y el frío del que se juega la vida por un ideal, por un pedazo de tierra o por un puñado de dólares.


Manual para coyotes
David Ruiz
Editorial Menoscuarto
A la venta a partir del 27 de enero 


Presentación 7 de febrero en La Independiente 
(Espítitu Santo, 27. Malasaña, Madrid)
Puedes comprarlo aquí o aquí o en cualquier librería

8/1/12

Postales desde Berlín

Estrategia de los ojos abiertos

Aunque he estado muchas veces en Alemania, incluso viví allí durante un bonito año de mi vida, nunca había visitado Berlín. Y es otra cosa al sur de pueblos de azúcar, al norte frío con sus tejados de zinc. Así que tal vez no diga nada, así que tal vez sí escriba algo. Sé que he hecho muchas preguntas en este viaje. Que me arrepiento a no haber estado atenta antes.
Mientras, esto es parte de lo que vi allí. Y un fragmento de la novela que iba leyendo, Bajo el nombre de Norma, de Brigitte Burmeister. Estas líneas, en una novela sobre la reunificación, o una mirada sobre la reunificación, me las podría aplicar ahora perfectamente. Sobrecogen. Pasen, es largo, pero lean. Con tranquilidad.

 Para María a rayas, todas estas postales de Berlín.

"Vivimos tiempos convulsos. Jamás hubo tanto comienzo y ya todo parece estar perdido. El pasado al este del Elba ha quedado reducido a ruinas y fango, y el futuro en común puede que no dure mucho. Cada día tiene veinticuatro horas, la mayor parte de ellas las pasamos comiendo y durmiendo. El resto las dedicamos a hacer cosas de dudosa utilidad, en el mejor de los casos por placer, y somos informados detalladamente de todas las que no hemos hecho. Escuchamos más opiniones de las que podemos asimilar. Somos libres de elegir. Más de uno clama por librarse de esa libertad y busca la salvación en la manada. Otros afilan el codo. La solidaridad se ha vuelto una palabra extraña, un buen consejo sale caro. Todo el mundo sabe que esto no puede seguir así, todo el mundo espera que el cambio no le pille a él. Pues el hoy es siempre mejor que el mañana, salvo para el que no tiene nada. Crece el número de los que tienen el futuro asegurado, fallecen de muerte natural, como el resto de sus congéneres, solo que quizá un poco antes. No hay motivo para quejarse. ¿Ante quién, además?  Las autoridades y todo el que tiene algo que hacer o decir da lo mejor de sí. Los corrompidos de antaño están entre rejas, conspirando en algún sótano, muertos o entre nosotros con una nueva ocupación. De sus delitos se encarga la justicia. Ni siquiera nosotros estamos libres de pecado como para tirar la primera piedra. Puede, eso sí, que nos dé alguna de las que tiran los que pasan murmurando. ¡Cojamos la escoba y empecemos a barrer delante de nuestra puerta! ¡No dejemos que nos desconcierten con sus preguntas sobre cuál era nuestro puesto en el gran estado opresor, sobre nuestra complicidad con el sistema! ¿Neguémonos a elegir entre el olvido o cien años de odio! Resulta agotador ser uno de los de antes. La izquierda no sabe lo que la derecha se trae entre manos, y ya nadie sabe qué ha sido de ambas. Quiero preveniros contra el horror vacui. Pensemos en el juego del go, en el que tener una casilla libre significa estar vivo. Hay que procurar tener siempre al menos dos casillas libres, dos alternativas; los especialistas llaman a esto estrategia de ojos abiertos."
















Fotografías:
Estela de adoquines que sigue el paso del muro de Berlín por la ciudad, esta foto está tomada en Mitte / Viajero en tren leyendo el periódico sobre el paisaje boscoso de las afueras de Berlín / Bernauer Strasse / Monumento al soldado soviético / Treptower Park / Postdamer Platz 1 / Postdamer Platz 2 / Monumento a las víctimas del Holocausto / Puerta de Brandemburgo / Bicicleta junto a East Side Gallery / David en Bernauer Strasse / Aroa en Kreuzberg

14/12/11

pequeña crónica de la inconsciencia


Estábamos dormidos. Y la Plaza Tahrir gritaba despertando al viejo dictador atrincherado. Desde hace horas, somos dos cuerpos dulces sobre una cama sueca, secuestrados en sueños, lagunas de agua oscura y la velocidad de un coche. Estábamos dormidos y una mano con sus cinco dedos blandos e indultados golpeaba la mesa en su entramado, tac-tac-tac, algún tiempo no futuro. Tu pie me roza entonces y giro sobre mí. La lámpara arañada nos observa. La madrugada tiene esa cadencia de coordenada rota. A veces, concentrada, he escuchado el sonido de una guitarra roja sobre el mar. La puerta que se cierra y una cremallera cicatriza el vestido. Entonces, ha venido, Darinka, me susurra. Y yo sé que ese nombre ha surcado el océano, habrá jugado a ser delfín bajo las olas, y ha traído el asfalto de aquella latitud. ¿Se puede echar de menos la pisada caliente y negra de un asfalto? Darinka, duermela, no sabe qué es un tango, nunca oyó hablar de Bosnia ni sospecha la existencia de la travesía estrecha donde ahora, tú y yo, como dos arrojados de la vida, hemos caído. Así fue aquel amor, como el descuelgue frío de una vela agotada, una frase sin lógica, un reggaetón borracho que se baila ya sobrio. Mala copa es no saber qué se hace cuando todo el tiempo se ha ganado. Traspiés enfermo es despertarnos con la boca manchada por el arrepentimiento.

El nombre Darinka me lo dejó prestado (se lo he mangado sin permiso, es lo que tienen estos tiempos, una escribe y de pronto una ventanita: ti-ru-rí) un amigo de México al contarme algo. H., si, aunque ni lo creo ni lo espero, pasas por aquí, te lo agradezco, es un hermoso nombre para leer en voz alta a mitad de un poema y desubicarlo todo.

5/12/11

la noche fumando a medias

Aquí la crónica de la noche del viernes. Que tenía esta luz.



Donde se cantó. Aquí pueden escuchar un poquito.

Donde se leyó.


De donde salimos
así de felices.


Gracias Paco Cifuentes, por la invitación a tu mesa, a toda la compañía. Y a Roberto.

A los que no pudieron llegar, pero estuvieron.

Este viernes, Juan José Téllez; el siguiente, Roberto Terán; en la Casa de los Jacintos.

Gracias por las fotos, como siempre, David.

27/11/11

Fumando a medias

El próximo viernes, 2 de diciembre,
canciones y poemas,
vino y humo,
un rato de amigos,



23/11/11



Lo enfermo que me habita, la hija deseada

de una ciudad moderna. A veces,

en verano, me he agarrado a ese ángel que cruzó nuestra casa.

La lluvia es una herida

sobre el cristal de un coche.

La nuca del gorrión bajó a la calle,

su quebrada de vida.

Hoy bebo

del espejo

el decibelio helado

de un latido. Eso soy, en mí me he convertido. Qué esperado.

El olor de la casa está saldado.

Con sus cajas de hilos

y el cañón con su carne.

Abandonados.

 
 
Esto es parte de algo en lo que estoy, sin más, y sin titular.

12/11/11

pensando en mi estrecha relación con V.


Siguiendo el razonamiento, quizá los perros de Virginia Woolf demandaran de ella una atención constante, como ella misma hacía con los demás; atención que alternaba con la necesidad de gozar de una libertad absoluta y de soledad para poder escribir: no podía hacer nada si alguien estaba en su misma habitación, pero tampoco descansaba hasta que Leonard había regresado a casa.
Perros, gatos y lémures. Los escritores y sus animales. errata naturae, 2011
Pues eso, que menos mal que el río de Madrid no da para mucho.

4/11/11


Todo ha quedado clausurado, la puerta metálica de los deseos, abierta
desde una madrugada de edificios. Aquella risa vil de sus ventanas. Carcajada de luz,
voyeur atónito.
Nos han envenenado con la súplica
de un trabajo veraz, de una casa con flores
y a cambio solo vemos
una vida torcida. Hay fronteras eléctricas entre cuerpos hermanos, una costilla
exacta
alrededor del mundo. Hay mujeres morenas,
doloridas de amor que se tragan el hambre
en la fila del jueves.
No escribo para nadie. Siempre guardo un espacio
para luego. No escribo para ti. Ni para entonces.
Mi latido es un paso
en un zapato alto por la calle. Ha caído otro verso
asesinado.
Ya sabes que respiro, que aquella del jardín es la tibia luz verde
de mi casa, la que cela la huella de arena de aquel día
bajo el árbol.
Como un tesoro prohibido.
Como la tiza amarga que dejan los cadáveres.
Como el anzuelo gris
que no elegiste.

20/10/11

reseteando

Es miércoles. La semana me va fundiendo como este desquiciado mes de octubre. Esos dos coches me vieron llorar en la plaza que he renombrado con una fácil desesperación. Triste gota de lluvia sobre mi pelo en la calle de la Luna. Una mujer muy flaca arrodillada en la puerta de un chino grita que le duele el estómago. No sé qué hacer. Este fue el hermoso camino en sentido contrario a nuestra casa un sábado que salimos a buscar unos libros. Tú ahora lo lees con afán, yo abandoné.

En Pizarro dos amigas deciden plantar cara a la incertidumbre. No es la primera vez. Aunque sí que se sientan, frente a frente, sin más pronóstico que enlazar una historia.

Nunca los temporales vinieron solos ni con tantas ganas. Pero hay una pequeña esperanza, como este paso, como una gabardina comprada antes de tiempo, como el sol poniéndose furioso tras el férreo edificio de Schweppes.

En otra coordenada tú deshaces las horas para verme. Puedo adivinar tu gesto en nuestra casa, con el pequeño blanco correteando, exigiéndote un esfuerzo, me aproximo de memoria y desde cerca a tu gesto. Me acoplaré a tí durante toda la noche.

Me has visto dar el volantazo para volver al mismo punto.

Una y otra vez.

Seremos capaces del invierno. Lo intuyo.

16/10/11


Este no tan viejo poema lo encontré ayer antes del recital. A Porto le gustó, será que no tiene palabras, cómo dijo, raras. Ya se ha ido nuestra penúltima visita. Aun están aquí, sobre la mesa blanca, las manchas de su vino, hay un pastel de verduras olvidado en el microondas en el momento del último calentón antes de la cena y un caballito de  tequila muere hundido en el estanque del Templo de Debod. Además, es domingo, como debía serlo cuando escribí esto.
Además.
Mientras, voy a seguir poniendo en orden la casa y sus ausencias.
Y sacar al perro violinista a pasear. 




Debajo de la plaza, un hueso de ciruela
y este sonido de domingo hambriento
de cierres
y pintadas roídas
por el sol.
Este
domingo
de sabor a mar en las encías viejas, de lecturas enjutas,
de pan desesperado de aguantar el mordisco,
de extraña aparición de un ex amante.
Al timbre nuestro perro,
que nunca espera a nadie,
alarma con su grito de violín al vecino
que chirría en su sueño.
Poniente de domingo en una página.
Ya que  nunca podremos desnudarnos.


Por si a alguien le interesa, no sé bien quién anda ahí al otro lado a estas alturas,…  tengo muchas ganas de escribir. 

5/10/11

a bordo y desbordados


somos las sombras
del camarote 503

te guardo un baile


el cartel es cortesía de Carla García

2/10/11

Moisés


No sé qué autobús utilizaba el abuelo los domingos para ir al rastro. Es un detalle sin importancia pero, hoy, pensando en él, despierto el recuerdo por el día de la semana y las rutinas ajenas que seguí alguna vez, he pensado que no lo sé porque nunca me molesté en saberlo. No voy a culparme, era una niña. Él me invitó a acompañarle muchas veces y yo siempre le decía que mejor el siguiente domingo.

Tenía un puesto que bien merece la calificación de precursor de los bazares. Vendía rascahielos, platos chinos (eran tiempos del súperdiscochinofilipino), pintalabios, sombras de ojos, cubos de rubik, yoyós. Cuando se fue, nos dejó cajas llenas de estos objetos que dormitan en los garajes de las casas familiares.

Sobre las tres y media, volvía, con su bolsa azul al hombro, inclinado sobre la pendiente de aquella calle de Usera, y llegaba a comer el guiso de la abuela, casi siempre chamuscado por un descuido durante la charla con las vecinas, y se quedaba adormilado en la sobremesa.

Aunque de todos los abuelos que se han ido, probablemente sea en el que menos he pensado en todos estos años, me encantaría saber qué diría él de tantas cosas. Él, que quería ir a Nueva York y a Ciudad de México (ay, abuelo, te hubiera llevado tantas veces), que recordaba la playa de San Sebastián como la más hermosa de su escueto mundo, que cuando por fin regresamos durante un verano de infierno a su pueblo extremeño, se torció su cabeza en el paseo, somático. Él, que me decía, y totalmente en sus cabales, que yo iba a ser ministra (abuelo, por dios), nada menos, que se empeñaba en leerme fábulas y hacerme preguntas después. Él, él, él. Un hombre. Un desconocido para mí. Una sombra en la butaca en silencio, un cerebro siempre activo, una sentimentalidad que me destroza a veces y que llevo tallada en mi adn.

Hay tardes en las que me encantaría beber un anís con él y quedarnos dormidos. Pero solamente puedo acurrucarme sobre esa cuarta parte mía que es suya, leve, pero suya. Y dejar caer un lagrimón. 


impecable, 1980

16/9/11

proezas y batallas

Esta es la esquina, nos dice. Y sonríe. Porque allí, durante nueve años, esperó la llegada del autobús que la llevaba a la cárcel, con el guiso a cuestas, para Marcelino. Una olla de cerca de diez litros, calor de casa, con todo lo que encontrara a mano dentro. Luego la lima escondida, rozando el cristal donde comunicaban, día a día, hasta conseguir pasarle la información, Mundo obrero. Siempre esperando, bajo la cúpula, la libertad. Los hijos, el barrio, la sonrisa. Las ideas, la entrega, la honestidad.


Marcelino Camacho y Josefina Samper
Ayer solamente podía pensar: de qué materia están hechos los luchadores. De qué energía beben.

Quién se la juega hoy en día por los demás. Qué triste el individualismo. Los que tiran por la borda los derechos que otros pelearon. Nunca más.

Ya no tenemos un dictador bajito que mueve los labios desde su triste púlpito, pero es tiempo para dar la batalla.

Lo que queda de la cárcel de Carabanchel, Sept. 2011
Por ustedes y todo lo que hicieron, ni nos domaron, ni doblegaron, ni nos van a domesticar.
Salud y revolución.

Con Josefina Samper en Chueca

4/9/11

¿Qué está pasando en México?


Una patada en el avispero

El narcotráfico es un negocio ilegal que se sustenta del cultivo, distribución, comercio y consumo de drogas ilegales. Todo este proceso ha generado más de 50.000 muertos y una situación  de gran impacto social y violencia indiscriminada en México debido al trasiego y conquista de nuevas plazas por parte de los cárteles. A esto se suma la guerra que el Gobierno ha lanzado para erradicarlo.


¿Cómo se ha llegado hasta esta situación?

En 2006, el presidente del Gobierno mexicano Felipe Calderón (PAN) puso en marcha una campaña contra los cárteles mexicanos de la droga. Armados y corruptos, estos grupos se habían convertido ya entonces en una amenaza muy severa para la seguridad nacional y se extendían, como un manto freático fantasmal por todos los sustratos de la administración y la sociedad. La guerra iba a ser desigual, las mafias de la droga disponían de más hombres, más dinero, más armas y hasta más policías corruptos a su servicio que el propio Estado. Esta estrategia de combate, incluía la utilización del ejército mexicano, la policía, una reforma judicial que endureciese las penas y una reforzada cooperación con Estados Unidos, actor protagonista en esta trama de terror. Pero, desde entonces, la violencia no ha hecho más que extender sus garras por todo el país.

Aquí se unen varios frentes. Por una parte, está la vieja guerra sin cuartel del Cártel de Sinaloa y el Cártel de Juárez por el control del corredor terrestre del Valle de Juárez, que posibilita la entrada de droga en Estados Unidos. Por otra, la guerra entre Los Zetas y sus antiguos socios del Cártel del Golfo, cuyo sangriento escenario se ubica en Tamaulipas, extendiéndose a Nuevo León, Hidalgo y Tabasco. Este enfrentamiento ha propiciado el surgimiento de la conocida como Nueva Federación, formada por el Cártel de Sinaloa, el del Golfo y la Familia Michoacana. Por otra parte, la descomposición del Cártel de los Beltrán Leyva, tras la muerte de El Barbas, llevó a la composición del cártel del Pacífico Sur. El país está minado.

Por qué ahora es tan cruento

Desde que el Gobierno declaró la lucha contra el narco, como si hubiese dado una patada en un avispero dormido, la violencia se ha incrementado. El valor de una vida parece devaluado y las ejecuciones son noticia a diario. Queda claro que la ofensiva del Gobierno contra el crimen organizado y tratar a los productores, distribuidores y consumidores de drogas como criminales no ha funcionado ni reducido los suministros.

Si no es una guerra civil, lo que se está librando en México se parece bastante. Ciudad Juárez se ha convertido en la ciudad más insegura del mundo. Sin embargo, es esta zona fronteriza donde más elementos de seguridad han sido enviados.

El tráfico de armas es otro de los problemas a combatir. Armados como soldados, el flujo de armas a México proviene, sobre todo, de Estados Unidos. Armas de fuego (pistolas, rifles, ametralladoras) compradas en el mercado negro o por mujeres que viven en EE UU, sin antecedentes penales, y que las envían a los traficantes a través de las fronteras.

Más de 38 millones de personas consumen drogas en EE UU. El flujo de estupefacientes ha convertido a México en un daño colateral. Que el país norteamericano tiene capacidad para erradicar los cárteles es indudable, pero, tal vez, no le interese y el desembolso de fondos para operaciones anticrimen se produce de forma lenta. Lo primero, entonar un mea culpa en el asunto.
Los niños soldados del narcotráfico

Uno de los muchos problemas que enfrenta el país es el reclutamiento de niños para los cárteles. Más de 25.000 niños y adolescentes han sido forzados a colaborar con los cárteles de la droga y más de 1.000 menores de edad han sido asesinados en este contexto. Vienen de hogares pobres, sin oportunidad de empleo, son los niños sumergidos de México, que crecen en un entorno de violencia permanente que les condena a delinquir y no sacar cabeza.

Muy conocido es el caso de El Ponchiscondenado a tres años de prisión por degollar a cuatro personas y torturar a varias más, todas grabadas en su teléfono móvil.

Son una presa fácil para el narco, no solamente les ofrecen un trabajo, sino un sentido de pertenencia a algo, a una organización en la que su ética, aun desdibujada, puede convertirlos en soldados muy crueles. Carne de cañón.

El país donde es más difícil ejercer el periodismo

Los procedimientos pasan desde secuestros, desapariciones, atentados, amenazas constantes, hasta cabezas arrojadas a la puerta de la redacción de los periódicos. Más de 80 periodistas han sido asesinados desde 2005 por ejercer su profesión, miles viven amenazados.

México es el primer país del mundo donde ser periodista es más peligroso, allí han muerto más informadores que en la guerra de Irak.

La situación permanece tan impune que hasta las cifras oficiales bailan y nadie sabe hasta dónde asciende el número de víctimas del gremio.

La legalización, cuestión siempre latente

La situación parece lejos de encontrar una salida. El camino puramente represivo se ha convertido en un negocio que no para de provocar violencia. Tal vez es hora de explorar la posible legalización de algunas drogas, reconocer el fracaso de la cruzada que emprendió Calderón. La legalización abriría una puerta para arrebatarles poder a las bandas de traficantes de droga y así debilitarlas, en vez de tratar de combatirlas con las fuerzas de seguridad.

Las próximas elecciones generales, en 2012, conceden una amplia victoria en los sondeos al PRI, puede que las avispas regresen a su nido, pero el foco seguirá estando vivo.

Mientras, la situación continúa siendo insostenible, alejándose cada vez más de su objetivo, cobrándose más víctimas. 

Para leer del tema:


Este tema tiene muchas aristas complicadas, lo he escrito desde el respeto y la objetividad máxima que me ha permitido la rabia de leer cada día tristes noticias sobre México.

31/8/11

este libro es una herida

Soy incapaz de elegir un fragmento, explicar un corazón mostrando solo una arista de la cicatriz. Así que escojo estos que forman parte de un poema fracturado.


APERTURA

1.
Abre la puerta y mira dentro.
Todo está en su sitio.
El corazón palpitando
los ojos de lechuza cerrados.
El cabello de serpentina volcado sobre una oreja.
Se alza una mano para tocarlo.
Un rítmico zumbido se apresura delante de la ola.
Una mujer vuelve la cabeza
y espera, no, cruza a zancadas el césped.

2.
Abre la puerta y mira dentro.
El gato negro mágico araña el sofá.
La lámpara de medianoche va perdiendo luz.
Una mujer se quita la ropa.
Su pijama ha sido planchado
y se mete en una cama de flores.
Ofelia yace en el estanque del parque,
huérfana por un instante en la oscuridad.
Cántame una canción, tesoro, te lo suplico.

6.
Abre la puerta y mira dentro.
Un alfiler bajo la cama.
Una capa polvorienta en la mesa de despacho.
Minucias y microbios, el miedo a no poder
prevenir lo inevitable. Será.
Lo que tenga que ser. El eratismo de lo oscuro,
la disolución del instante.
El ratón se arrastra fuera de su casa,
recuerda dónde comió por última vez una larva.

Elegía
(Bartebly, 2010)

24/8/11

Eichstätt

2.400 kms

Días 7 y 8
Banda sonora, [da capo a fin]: Deltoya y Sound of music



Cierro los ojos a la siesta mientras el sol se pone tras la catedral. Era el dos mil y poco cuando yo desperté tantas veces en esta ciudad de Baviera. Dos maletas agarradas a mis manos en esta estación y aquel invierno largo donde las tardes no existían, solo eran espera.

Todas las casas donde viví, que fueron tres, están hoy en obras, como si hubieran aguantado casi diez años para verme regresar a arrancar los ecos de las paredes, la risa, el sonido de la guitarra.


Podría decir que aquí te vi llegar, recuerdo perfectamente la hora, como ibas vestido, el cruce, siendo tú tantos que hoy quedáis lejos para una cerveza bajo el atardecer. Grabado el sonido de las campanas como un eco lejano de este bosque dentro de un corazón de hojalata.

Nada sabéis de los miedos que hoy manejo.

No puedo evitar que una húmeda y vieja nostalgia se agarre a mí, con sus dedos de musgo. Me asomo por la ventana que nos vio dormir la borrachera, éramos tan jóvenes.

Bailábamos tango sobre las aceras, recitábamos versos a las esquinas, ilusos, aun éramos la estampa del prejuicio y el estigma de nuestras casas.

Todo era tan posible como imposible.

El Fotógrafo va soportando mis reencuentros con cada ciudad en la que dejé un lamento al despedirla. No se equivocaba mi drama aquel julio, previsión de un futuro donde no cabria regreso posible.



(el encuentro y retorno de otros 2.500 kms, si se hubiesen dado uno u otro, lo guardo para los grandes momentos familiares donde la hermana mayor llora frente a la atonitez de la pequeña al verse)

21/8/11

Alemania (Selva Negra - Freiburg - Bietigueim - Rothemburg ob der Tauber)

Días 4 y 5

2.250 kms.

Silencio. No hay banda sonora en este trayecto por ineptitud de los conductores.




Nos perdemos por una carretera de la Selva Negra. Intentamos buscar un lugar donde dormir, pero cada pueblo parece aun mas desértico que el anterior, mas fantasmal. Verdeoscurocasinegro sobre nosotros. Solamente al llegar a la cima, descubrimos que sigue siendo de día, un bambi masca hierba junto a unas casas, cielo azul de Baden que viera mi padre tantas veces. Tras varias horas de estrechas curvas, llegamos a Staufen. El pueblo celebra la fiesta del vino. Pero es tarde para Europa y decidimos conducir hasta Freiburg.


Como si nunca ninguna guerra se hubiese cebado con este cielo y nadie supiera cómo se abre una brecha, una montaña de escombros, humo por el cielo, este paisaje está intacto.


No
hace
tanto
tiempo.

El olor de la patata cocida y el sauerkraut escapa por la ventanas de los restaurantes de la ciudad. Los estrechos canales fluyen con nosotros. Por fin él puede probar los spätzles del sur, mi plato favorito, una especie de gusanitos de harina y huevo que hierven en agua.

Visitamos a un viejo amigo de la familia que emborracha al Fotógrafo. Ya son uno mas en casa de los Brett. Las chicas no viven allí. Pero ella sigue preparado las confituras con azúcar y amor, cuidando el mas mínimo detalle. De ahí volvemos a la carretera y viajamos al pueblo de la Navidad eterna. Rothemburg, que tantas veces me viste aparecer.

Alemania huele a recuerdo. Es extraño, pero siento algo de angustia. Aquí estuve protegida. Mi segunda linea en la batalla. Aquí las carreteras tienen el nombre que mi padre les dio.

Este es su paisaje.