26/9/07

He subido
para enterrar los besos
debajo de la lengua
de este glaciar antiguo
y volver a mi vida
más ligera de sueños
con las manos más frías.
.
Miércoles. Laguna de Peñalara.

22/9/07


Qué pasa si, de pronto, no está de versos la vida.
...............................La vida.
Cinco de la mañana.
Sentado en una acera en la puerta de una casa vacía.
12 meses sin encontrar la suma-señal de esas estrellas.
El sitio del corazón.
Y sin abrigo.
Las emociones.
Redes atómicas muertas.
El amor es proteínas. Le pregunta.
El amor se da en unas condiciones atmosféricas.
Hablar sin propiedad.
La tristeza: ADN, memoria e ignorancia.
El teléfono urgente de las respuestas.
Cuando ninguna fe calma.
Las líneas de las manos estrangulándole el cuello.
Trepando por los brazos.
Hundiéndole en el agua.

Se afilan las palabras.
Ella dice energía, él dice cómo.
El lugar de la angustia, del dolor.
Las ratas también lloran.
Sus raíces y un árbol.
Una fórmula.
Nada.
0

Placer es enredarse sin desenlace.

17/9/07

(des)concierto

Notas negras. La voz arrugada de los recuerdos. Has olvidado cómo intentamos esas canciones. En el jardín cerrado. Las palmeras recortando siluetas. Sobre el sonido del tren interrumpiéndonos. Su silbato de muerte. Cuando yo vivía obsesionada con ir hasta las vías para ver pasar a los migrantes. Qué mentira tan perfecta. Un peine, una lata de atún, una bolsa de plástico, una fotografía despintada. - Este es mi niño- me decían. Y a mí se me encogía la garganta. Y me miraba las manos. Y les miraba las manos. El uniforme azul de periodista. Dormir entre los vagones era caerse de los sueños. Perder el clavo ardiendo a punto de alcanzarlo.
Puede ser que ya no recuerdas la voz ahogada de aquel autobús regional y maltrecho, nuestra espalda torcida mientras buscamos aquella lista de canciones de trova. El volcán vigilando. Cantando, gritando sobre el ruido del motor castigado que se retorcía en curvas en aquella carretera. Y yo sin saber nunca si iba hacia el norte o el sur de un estado. Con la resaca que no se cambiaba de ropa. Entre las sombras de la memoria. Dos años ayer, o mañana, que te conozco. Nunca tuve diario. Silencio después de tanto ruido, mucho, mucho ruido. Mañana. Estarás en Madrid. En mi bolsillo. El teléfono en calma esta vez. La vocación de recuerdo de algunas canciones. - Ahora que tocan los ojos, que miran las bocas, que gritan los dedos- . Acordes viento, acordes agua que te alejan. Cualquier palabra fue imperfecta e inocente. Al regreso, la piel quemada o el dolor de cabeza de un colchón destrozado.
Escupirá mi cara su gesto y el cuerpo vacío se quedará ahí. La boca despintada, los músculos más blandos, posición natural del que no tiene hueso, que fuera todo carne amontonada, nota sostenida de un respiro, en medio de la gente enloquecida que comulga canciones. Y el pecho se hundirá hacia dentro con una terrible sensación de pérdida. Desconexiones del mundo. Como cuando era una niña y me descubría tratando de reconocer los cambios, asustada, despegadas vísceras y alma, raíces de la piel, parte del espejo, parte del hueco robado al aire limpio de una casa.

(fragmento del mural de un salón
No sé por qué hoy es miércoles)

(Migrantes centroamericanos a su paso por Veracruz)

13/9/07

carretera circular

Conduce. Ha vuelto a llover. La M-40 circular y sola. Carretera mojada. El corazón, mojado. Va a buscar a su padre al aeropuerto. Pasa por casa, de paso, casi, de un amigo. Llueve, llueve, llueve y vuelve el invierno. 20.30 y el sol cayendo. La noche precipitándose. El calor despeina su flequillo en el espejo del ascensor. Más guapa, más frágil, menos segura que nunca.

- Tú no quieres vivir conmigo
- No quiero vivir contigo (y ríe)
- Te ríes
- Quise muchas cosas, además de vivir contigo, y tú no quisiste ninguna. Tampoco ésta (sólo lo piensa)

Cambian de tema. Y de habitación.
Le agradece lo único bajo la lluvia. Ese diálogo.
Luego ya nada se oye sobre el volante.
Tanto silencio. Tanta página en blanco.

Cuánto verso perdido.

6/9/07

con agüita del mar andaluz

quise yo enamorarte

(vuelvo al sur)

31/8/07

septiembre

Veinte años sin lápices nuevos.
Regresa a los rincones del agua.
La niña del vestido gris
que nunca fue a los cumpleaños
camina de un abrazo sostenida.
Qué escenario se lo iba a contar entonces.
La niña que tenía la piel intacta
los músculos dormidos
las futuras caricias
ordenadas en cajas
y el océano
-------------aun
la que no pasó septiembre sin pintarse las manos
sin deshacer las trenzas a las cinco de la tarde
la niña
que no era
niña
sino vista cansada y sábana inoportuna
respiró ayer con ansia el aliento perdido
de la distancia rota.
Y allí
la plazoleta de la bici naranja
donde él le besó las rodillas vacías
la arena
donde un día caía la primavera
una gota de sangre de unas alas ya rotas
vio caer también los cuerpos enredados.
Mordieron los geranios de la vieja ventana.
Arrancaron cortinas de los árboles muertos.
Atrás quedaron barcos y playas y los ojos
desdentados de vida
- el sol abriéndose camino entre los huesos -
y las manos furiosas.


Carla en Paso Coyol

25/8/07

Acaricio tu hueco como si fueras tú
por tu espacio vacío dejo acostar mi lengua
e intento pronunciarte
(Retenido y apuntado en alguna parte. Sin vocación de ficha)



Bandera roja

escuece la rabia entre los dedos

-tiempo de cometas-

un calendario deshecho

la conciencia
tambor de luna
.
el amor humedeciéndose los labios
hablándome

y yo
mordiéndome la lengua

Cádiz

20/8/07


Hay un cuchillo debajo de la nieve
- los sueños no respetan estaciones-
Recuerda que no fuimos más que bocas
dispuestas a dolerse
besar
.............morder
---------------------gemir
-------------------------------chillar
Vas a dejar de consumir sombra
y repartir tu alma en cada espejo.
El sentido hoy se duerme
en sótanos partidos
y la luna es fantasma que persiste.
Yo viajo hacia el norte
fatigada y herida
consumiendo cansancio
tempestades
gargantas.
Me alejo de tu vuelo
desesperadamente
apedreando el aire
preguntando al vacío
quién arrojó en el mar
tantas orillas.


La Cavada, Santander

16/8/07

hasta la vista


13/8/07

Mazunte, costa pacífica


El amor (como el océano)
tiene muchas caras

MB


Me siento pequeña, frágil. Truena sobre la playa de Mazunte y el océano se retuerce en rugidos. Por segundos, los relámpagos recortan el perfil de la montaña sobre el mar. El agua se ilumina y lanza un quejido de olas incontrolables. Es el Pacífico enloquecido.
Resaca irrefrenable, castigo por el arrojo de luz.

‘Un mar sin olas es un mar muerto’.

Siento miedo en el agua. Intento buscar aire, pero la corriente me arrastra hacia la orilla dando vueltas y vueltas, la espuma golpea con fuerza los cuerpos.

Cansancio oceánico por la noche. Hay velas sobre la playa oaxaqueña, el agua es invisible, pero persiste en sus embestidas. Hablamos de amor bajo las palmas trenzadas del bar. Yo solamente pienso en situar los regresos, en el peligroso juego de hacer planes contigo, de recorrer el mundo desde otra orilla.


Al día siguiente, calma.

10/8/07



Tulum,
atardecer
7 de agosto de 2007

Hundo los pies en la arena blanca. Me acerco a los peces de colores cerca de los arrecifes de Akumal. Los corales adquieren sinuosas formas en los claros del océano. Acaricio sus estambres retorcidos bajo una cadencia de corrientes internas, de cuerpo mecido por la inmensidad. Rozo el musgo. El pez loro esconde su verde brillante entre la cordillera. Nos cerca una barracuda. Suspendida en el azul turquesa del mar Caribe escucho el galope agitado de la respiración por el tubo de plástico, es el único sonido que me llega allá abajo. Corrientes frías acarician la espalda quemada al sol. Hemos tenido una tormenta, luz de vela en la cabaña de madera. Despertarse y caminar descalza hasta la orilla. Sumergirse en el mar, flotar, no pensar, no sentir nada, seguir soñando. Olvidar el trabajo, Madrid, el quebrado corazón. Olvidar las 16 horas del viento de noche en la batea, la lluvia.

Mientras escribo, los pescadores cocinan un caracol. Lo sacaron del mar hace unas horas. Lo arrancaron de su exótica concha esta mañana. Cortan el chile, los tomates, la cebolla. El jugo del limón contrae al animal. Su carne es suave, pero dura. Dicen que tiene un fuerte poder afrodisiaco.

Las ruinas de Tulum nos vigilan. Atardece su sombra sobre el agua, como la nuestra.
Baila mi silueta borracha de cielo bajo las palmeras y entre las barcas. Hay tantas estrellas que no soy capaz de ubicar las constelaciones. Se derrama el tequila. El columpio me aleja. Nos sentamos sobre un tronco en la playa y ya ni nuestras zonas más oscuras - perfiles cortados sobre la arena blanca- silenciosas, alargadas, nos reconocen.
Yo me busco y no te encuentro.
El sargazo enrojece la piel, que no descansa.

regresamos a Córdoba...

Para Justin
que hizo tan 'amable'
la primera parte del viaje


9/8/07

esta ciudad



Córdoba, Veracruz
Avenida 3, calle 1
3 de agosto de 2007

(No sé escribir sobre esta ciudad, al menos no desde ella)

La ciudad de mis ojos
tiene un río
atado
y las nubes
carnales
confundidas
hacen el amor
sin prisa
en silencio.

Sí, todavía
en silencio.

La ciudad es vieja
como la gente
descansada
herida.

La ciudad de mis ojos
no es mía
se va fácil
fácilmente callada
calladamente dormida.

Esta ciudad es tuya
como el infinito
como los espejos.

ahora, rumbo a Yucatán ...

2/8/07

DF, la ciudad hundida

1 de agosto
Avda. Insurgentes 30 kilómetros
1.500 Km2 de ciudad
22 millones de habitantes

Hay quien dice que el que vuelve a DF lo hace porque siente el morbo de ver la perversión de la sociedad. Su parte de razón tiene. Para mí, esta ciudad contiene, además, la sensación del reecuentro. Aterrizar de noche en este monstruo de 22 millones de habitantes regala una de las imágenes más impresionantes que uno pueda ver desde el cielo. Como si alguien hubiera extendido una interminable manta sobre una laguna con millones de alfileres clavadas que tuvieran una luz en su cabeza. Las carreteras, venas de luz que la surcan de un extremo a otro. Y se extiende, y se extiende. Hay manchas negras, son los barrios de aquellos que no tienen acceso a la electricidad.

El DF es Alejandro. Es encontrarme verano tras verano con su abrazo en el aeropuerto. Es su mano haciendo todo más amable, pintando de recuerdos de niño el asfalto gris.

Despierto en casa de Ale. La altura me regala algo de frío. Es mi cumpleaños y el teléfono suena desde las 4 de la mañana, las 10 de Madrid. Abro los ojos, huele a jugo de piña. Encuentro a Ester, sus felicitaciones, su dulce mirada, su historia contenida.

Huevos rancheros. Regresan los sabores, los olores. Todo el recuerdo comienza a retomarme. Contraigo el corazón, me tensa el nervio. Pica ya la lengua y pica la piel por el smog. Ale se va a trabajar temprano. Metro de Chapultepec. Con su gorra y su americana, carga en su mochila tantas cosas... Ester bajo sus párpados esconde los recuerdos de una infancia en Chiapas, de la siesta en lo más alto y denso de la copa de los árboles.

Es el lado más dulce de la ciudad.

Por eso regreso al DF.

22 millones de historias, de tristezas, de esperanzas. México, seguro, no es esta ciudad, pero en ella se contienen infinitos Méxicos.

Alargo aún más mi camino. Cuatro horas de autobús a Córdoba. Reconozco los paisajes. Me pongo de rodillas en el asiento, necesito ahogarme en el paisaje, envolverme de su humedad selvática. Amanece Córdoba de nuevo de mi memoria. Vuelvo a comprender aquella lágrima. Me sumerjo en una de las fotografías que he revisado tantas veces estos meses. Espero a Chucho en la estación, respiro, respiro, respiro.

Tiemblo...


24/7/07

vista de Madrid de tarde desde la redacción

ahí te dejo Madrid

me voy a la ciudad de las dos lunas

y guardo este cuaderno en el bolsillo

-así vienes conmigo-

me quito las sandalias

y descalza

espero en el jardín

la sombra negra

dulce lluvia

de cenizas de la zafra

22/7/07


No nos hemos perdido
Raúl Zurita



No nos hemos perdido
hemos tenido tiernas
batallas bajo el agua
perfiles recortados por la luna
palabras camicaces
y tormenta

Hemos tocado cuerpos
arrastrados a esta orilla por las olas
hemos puesto el oído
allí donde el corazón
galopaba agitado
y sin cautela

Pero ya sólo quedo
detenida en andenes
inmóvil, despeinada
con el barro hecho cauce
entre mis piernas
con los zapatos rotos
y esta herida en la boca
que anuncia despedidas

No nos hemos perdido
porque sé de memoria
el vibrante dolor
de quien te lleva
de noche de regreso

Tú mientras has seguido
poblando de naranjas
las sábanas antiguas
robándome más tiempo
deslizando tu fiebre
debajo de mi puerta

No nos hemos perdido
y no es por suerte


19/7/07

restos



Una fruta demasiado madura.
El sabor de un café recalentado.
La píldora aferrada a la garganta.
El revuelto olor mojado de la tierra.
El cigarro que ahoga las tensiones.
La culpa que nos pesa entre los hombros.
Los recuerdos con resaca de ginebra.
El dulce olor a panes de mi madre.
La canela en polvo derramada.
Las paredes hinchadas de la boca.
La memoria inerte de la lengua.
Las rodillas borrachas de caminos.
Los kilos de caricias extraviados.
Clavículas caderas inservibles
La mano sobre el pecho amortigua el frenazo.
Una noche que busca la llave y la salida.
Un bolso con virutas de tabaco.
Un boleto en el cajón sin documentos.
La risa que se estira hasta hacer daño.
La tinta empapada que se extiende.
La mirada que aprueba el desengaño.
El olor a sopa boba del periódico.
El champú para cabellos castigados.



16/7/07

24 horas, muchos años

Hace falta que te diga...

Bolero incantable, por la hora y el desentono del coro,

de diez minutos, al menos , de duración

si lo toca Daniel

Con las gargantas llenas de polvo y de canciones, os miraba. Saltar a la comba al amanecer, tirarnos tierra, regresar. Cicatrizando algunos. Evitar los fuegos, artificiales. Se nos escapa el agua. Tenemos mil caminos, excusas para pasar juntos la noche. Se nos hace de día demasiado pronto. Puedo decir diez años. A mí me sobrecoge por la tarde encontrarte otro verano más esperando un abrazo. La cabeza en tus piernas y un beso se te escapa. Nuestra voz, viejo magnetofón que nos contiene. Las cartas en la mesa. Sabes que los puñales duelen más cuando tratan de arrancarse que al hundirlos, tú lo sabes. Yo lo callo. Que cada uno viene de un camino y está tomando otro. La sangre se me agolpa en la rodilla y ahora ni recuerdo cuándo pasé aquel golpe. Las palabras, duras por fuera, nido de abejas al morderlas. Cuántos años nos dejan mirar atrás. Por todo no hace falta la frase que sigue a este desinspirado párrafo.



Para Erru

9/7/07

5/7/07

pañuelo rojo de verano

Mediodía en la estación de un paisaje sin márgenes.
Allí donde Madrid se esconde de sus escombros. Donde juegan a no moverse los fantasmas de los aparcamientos, la sonrisa burlona de los viajeros del metro. Llevo un cuaderno y una cámara y, enredado en la funda de la cámara, el pañuelo rojo con el que te tapé los ojos. Alejo mis oídos de las paredes ajenas. Pienso en los aeropuertos. Ya puedo contar con todos mis dedos los días que me separan del regreso al Golfo de México, donde las palabras recuperarán su música y los ojos, movimiento. El sol calienta tímido la mano que escribe. La lengua quiebra una palabra entre los dientes. El poema se astilla sin paladar compañero. Tengo el tacto de tu semilla en la saliva y amargo el corazón de la garganta. El humo ya no me consuela los sentidos.

Tapé entonces tus ojos
y deslicé las manos
debajo de la herida.
No me importó la sangre
ni el cuenco de mi boca.
La memoria convulsa de esa lengua.
Tapé tus ojos grises
por no recordarme en tu mirada
de fiera que marchita lo que toca.
Deshice las palabras
una a una
y las fuimos ordenando por los cuerpos
tatuando en la piel significados
errores de la historia y del instinto.
Cambiamos los papeles
desdoblamos los rincones de la sed
y del deseo.
Hemos caído tan alto
que resulta difícil el regreso.
Y fuimos perdiendo los sentidos
(yo te tapé los ojos)
el paladar herido de recuerdo
el suave veneno estremecido.
Deshice luego el lazo
cuando había pasado tu lamento
como el lobo que pierde
de mañana a la luna.
Tal vez tapar tu cuello
dejar que la garganta
contrajera los músculos
del miedo
habría sido mejor para el olvido.
Y nos quedamos quietos.
Tú respirando el sol que nos secaba
yo encogida previendo las cenizas.

28/6/07

camino azul


La Luna
desliza mujeres
bajo tu cama
mujeres cóncavas
que no dan lugar al azul
en la incapacidad de tus días.

Yo respiro en palabras
que brotan
como la yerba
de mí.

.
Sólo un camino así lleva a mi casa.
También existe de noche
y allí
una luz verde
pervierte el silencio.

Cuando vengas
no digas mi nombre
mientras caminas
para que no lo respiren
ni lo arruguen

esas

que discuten
acerca del camino que recorren los trenes.

Si mi tierra se rebela en flores
sólo tendrás que olerlas
u odiarlas.

No sería la primera vez.