21/8/11

Alemania (Selva Negra - Freiburg - Bietigueim - Rothemburg ob der Tauber)

Días 4 y 5

2.250 kms.

Silencio. No hay banda sonora en este trayecto por ineptitud de los conductores.




Nos perdemos por una carretera de la Selva Negra. Intentamos buscar un lugar donde dormir, pero cada pueblo parece aun mas desértico que el anterior, mas fantasmal. Verdeoscurocasinegro sobre nosotros. Solamente al llegar a la cima, descubrimos que sigue siendo de día, un bambi masca hierba junto a unas casas, cielo azul de Baden que viera mi padre tantas veces. Tras varias horas de estrechas curvas, llegamos a Staufen. El pueblo celebra la fiesta del vino. Pero es tarde para Europa y decidimos conducir hasta Freiburg.


Como si nunca ninguna guerra se hubiese cebado con este cielo y nadie supiera cómo se abre una brecha, una montaña de escombros, humo por el cielo, este paisaje está intacto.


No
hace
tanto
tiempo.

El olor de la patata cocida y el sauerkraut escapa por la ventanas de los restaurantes de la ciudad. Los estrechos canales fluyen con nosotros. Por fin él puede probar los spätzles del sur, mi plato favorito, una especie de gusanitos de harina y huevo que hierven en agua.

Visitamos a un viejo amigo de la familia que emborracha al Fotógrafo. Ya son uno mas en casa de los Brett. Las chicas no viven allí. Pero ella sigue preparado las confituras con azúcar y amor, cuidando el mas mínimo detalle. De ahí volvemos a la carretera y viajamos al pueblo de la Navidad eterna. Rothemburg, que tantas veces me viste aparecer.

Alemania huele a recuerdo. Es extraño, pero siento algo de angustia. Aquí estuve protegida. Mi segunda linea en la batalla. Aquí las carreteras tienen el nombre que mi padre les dio.

Este es su paisaje.

15/8/11

Ginebra - Schwartzwald

Dias 2 y 3
1.900 kms

Banda sonora: Madeleine Peyroux, Beethoven (impresionante con el Montblanc de fondo), Queen


Hacia mucho tiempo que no veía a B. La ultima vez que estuve en Ginebra fue con ella. Teníamos 18 años y nos echaron de la estación por cocinar en un camping gas. Han pasado 12 años desde entonces, B. se sobrepone al que será uno de los golpes mas duros de su vida, pero parece feliz. Y, aunque nadie tenga idea de como se sigue viviendo con esto, lo esta haciendo muy bien. No me sorprende esta actitud de alguien inteligente y racional.

Tiene una casa preciosa en el centro de esta ciudad internacional, camina veloz hacia una meta profesional que, estoy segura, va a alcanzar. Al principio, no se como abrazarla y, me doy cuenta, de que me cuesta mirarla de frente. Pero dos horas mas tarde parece que volvemos a estar en su cocina destripando compañeros de instituto. Me gusta hablar con ella porque las dos tenemos cierto antifaz de cinismo ante las cosas. La ironía, esa costumbre tan nuestra con la que tanto cuesta jugar fuera de casa.

Por la mañana despierto desubicada en su casa y, no se por que, con ansia de llegar a alguna parte. Asi que, enseguida, ponemos rumbo a Chamonix. El Montblanc se esconde calandose un gorro de nubes oscuras. Paseamos por su falda, dibujamos su base. Beethoven pone el paisaje en su sitio. Pierdo al Fotógrafo a cada paso, que apunta a su cumbre. El glaciar herido se desliza amenazando frío con su lengua de mineral y hielo. Los pequeños pueblos se acunan en los valles, mojados, llenos de flores.

Winter is coming, pienso.

Por la tarde, sin calcular y al azar, cruzamos la frontera sur de Alemania. Dormiremos en Freiburg. Ya, en este país, me siento un poco en casa prestada.

(continuará)

10/8/11

Madrid - Darnius (frontera España-Francia)

Día 1
700 kilómetros

Banda sonora: Porcupine Tree, BSO Il Postino, Tchaikowsky, Julieta Venegas, Silvio, Kula Shaiker



Me gusta conducir, mucho, viajar por carretera. Cuantas veces he tenido el sueño loco de llegar hasta México, cruzando Europa, el Polo Norte y bajar hasta aquella latitud. Una tierra fría y blanca atravesada por mi pequeño coche. En el sueño, siempre paro frente a la casa de un amigo de allá y pito hasta que se asoma a una ventana y le grito: estoy aquí. Luego nos vamos al parque a echar unas chelas y yo miro mi coche aparcado bajo las altas palmeras, aquellas, orgullosa del camino, querido Ulises.

Hoy ha sido nuestro primer día de ruta. En total, puede que hagamos unos 5.000 kilómetros, la mitad del camino que hago yo sola en mi sueño. Conducir me hace pensar con algo de nitidez, tampoco mucha, ideas explosivas, proyectos volubles bajo el sol de Castilla, la vieja.

Hace muchos años que no recuerdo Europa, con su centro verde de casa de muñecas, en todos aquellos paisajes que recorríamos durmiendo en los trenes, cuando queríamos comernos el mundo y todas las incertidumbres.

Darnius, Can Massot

Ya ha caído la tarde cuando dejamos la nacional y serpenteamos por una carretera del prepirineo. Cuando llegamos a la massía, mas de cien personas sentadas bajo el plátano centenario leen poemas de autores catalanes, tambien algún espontáneo se arranca. Un caballo observa desde el prado, la Marta se balancea desde una rama, la abuela llora.

La vieja casona, construida hace mas de 300 años, fue comprada por la familia de Roser hace 100 y hoy, después de mucho trabajo, la han convertido en un precioso alojamiento rural, donde evitan, en la medida de lo posible, ir al supermercado.

El niño, nos dice el padre, que nos ha salido poeta, el pobret, y ha invitado a los amigos con los que se escribe en los blogs a leer. Nosotros sonreímos y el Fotógrafo les dice que yo tambien soy poeta, palabro grande para una huésped, pienso. Pero se corre la voz y terminamos cenando pan con tomate, almendras y vino espumoso del Penedés en una mesa grande donde parece que pueda caber el mundo entero en una noche.

(continuará)

La web donde se reunen los poetas que conocimos: www.versos.cat

3/8/11

on the road

Vamos a ir a recoger a mi hermana pequeña. No tengo más, pero eso no cambia nada su tamaño. La he echado mucho de menos. Y me alegro de que seamos nosotros los que vayamos hasta allí para ver cómo se despide de la ciudad en la que vivió su primer año fuera de casa. ¿Será tan dramática como fui yo cuando se arranque de sus calles? ¿Se quedará con esa piedrecita en su zapato?
Esta es nuestra ruta:



Madrid - München: 1.949 km,19h 31 min

31/7/11

balance

Esta soy yo a punto de cumplir 30 años.

1 de agosto de 2011.


Los voy a celebrar con viaje que, como una brecha dulce inesperada en la memoria,
atravesará mi vieja Europa en una furgoneta blanca.

Felicidades, maja.

La foto es de David Ruiz, en el cuarto privado de Gala, en la casa de Dalí en Portlligat.

25/7/11

Las vacaciones que no imaginé (fin)

Última parada que no se produjo: Nápoles


Hemos vuelto a casa. Tres girasoles nos alumbran la entrada. He abandonado las publicaciones del diario vacacional, se interpuso la vida y el viento fuerte de la frontera. Qué más me quedó por decir: que un pueblo francés abandonado, que la vieja aduana con sus extintos puestos de souvenirs, que el Fotógrafo parecía muy feliz en la última cena y estaba muy guapo, que declaramos a Joan, el camarero, capitán de nuestro naufragio.

Madrid parece distinto porque las noches mueven los visillos rojos, nos despiertan para cerrar la ventana de madrugada. Las pequeñas moscas de la fruta han fallecido pegadas al techo. Un helicóptero nocturno sobrevuela la ciudad, atento a la revolución y los brazos en alto. Que hemos colgado los cuadros que esperaron pared durante meses. Que el jabón que compramos en Marsella, o cerca, invade de miel el dormitorio.

Mi perro no se enreda entre mis pasos y le extraño. Ayer, el cumpleaños de mi padre, y hoy es domingo a pesar de que la semana se ha quedado sin su primer mordisco.

23/7/11

Las vacaciones que no imaginé (3)

Florencia / Pisa

Catalonia

Donde se marchó la rabia. Y comenzó el abrazo.

18/7/11

Las vacaciones que no imaginé (2)



Livorno



Nube remota en San Martí

El Mediterráneo nos muestra su soberbia faz en San Martí. Intento limar con sol las huellas que la impotencia de los días pasados ha dejado en mi cara. Caligrafía de los sueños no termina de hacerme compañía, pero sí ofrece un contrapunto a las nubes ligeras que nos sobrevuelan. Parece que aquí ya nada pudiera tener la intensidad que prometía.

Imagino el puerto abandonado dentro de unos años, con todos esos carteles de ‘Beach Club’ oxidados balanceados por la tramontana, apastelados a fuerza de rayo, un holandés paseando a un perro, una casa de carne vencida. Barcos flotantes en canales que una vez miraron el sombrero volado de una turista perderse bajo las bunganvillas, morir ahogado.


las vacaciones que no imaginé


Niza


Cadaqués, al anochecer 17/09

Haces las maletas y te vas, y crees saber a dónde. Pero no es cierto. La vida gira y concluye si quiere ahora mismo. Y abres los ojos el domingo en la misma ciudad, Barcelona, y a tus pies el Raval es atravesado por un sol sanguinario. Enseguida vuelve la rabia y no queda otra que pasar una página y sí, hay cosas peores, pero, por ahora, maldigo a todos los marineros que me dejaron en tierra.

Luego me siento culpable por no dejarme llevar por el optimismo de encontrar fácilmente un lugar donde desayunar en la calle un domingo temprano, croissant y café con leche, lo único de lo que nos hemos alimentado desde que salimos de casa. La desilusión está tendida bajo mis ojos, como ropa remojada por la lluvia.

Hoy, ni la humedad es mi aliada. Las calles son demasiado densas y pegajosas para seguir tirando del par de maletas. Todo se vuelve circunvalación de un destino inexistente. Descrédito.

Será muchas horas después, el mar explotando dentro de mi boca al masticar la crudez del pez desalado, cuando pueda olvidar, por un instante, el laberinto.

Durante toda esta primera parte, el Fotógrafo está más tranquilo que yo, que soy toda furia y lágrima fácil.

El pueblo medieval donde dormimos, nos presta su empedrado y nos abraza.

7/7/11

urgente




Es mi cuerpo necesitando un baño de mundo.

El paso: MAD-BCN

25/6/11

Cádiz y el río Kwai

El Flahertys ha cerrado y, en su lugar, una brasserie custodiada por un simpático latino sirve todo tipo de variedades de mejillones. Alfredo Trujillo (entero para no olvidar su nombre), el camarero poeta de otros veranos, también ha desaparecido del puerto. Junto a estos, otro local, que aparece en la narconovela de un afamado escritor, es el único lleno. Entramos para preguntar si tienen Capitán Morgan y me doy cuenta al levantar la vista del conteo de monedas, de que mi cuenta bancaria es, con seguridad, más triste que la de cualquiera de los que están allí. El Fotógrafo y yo abandonamos las cercanías del muelle. Nos sentamos junto a una fuente, bajo una palmera que cimbrea por el viento húmedo de la noche. Él cuenta batallas del instituto y de un personaje de El puente sobre el río Kwai. Así son sus monólogos*. Yo apoyo la cabeza en su hombro y espero para volver a la casa.

Fotografía del puente sobre el río Kwai. Es de Buffalo Tours, otra cosa sería si el Fotógrafo y yo pudiésemos elegir donde volar y él retratase el lugar.

* No es que me aburra su monólogo, es que, a veces, sabe demasiado.

12/6/11

Los poemas de D.C.N.

Un día llegó con sus poemas a mi buzón. Además de todo, escribe así. Estas son sus iniciales: D.C.N., y es amigo desde hace tantos años que debí haber supuesto que escondía también estos versos. ¿Sabrá esto la tal Yvonne?




Yvonne y yo en Santa Cruz





El pelo todo rojo es de Yvonne


como Maureen O’Hara pero diciendo


puta y chiquitito sacando


la lengua y los dientes como una lunática


toda rosa,


mi pecosa


enloquecida quince horas encerrada


en la flota el día de Saint Patrick,


Varados en el Café Lorca hablando


de cocina bebemos


whiskey irlandés gratuito promoción de lanzamiento ella


sube al escenario y yo la miro


anunciando absurdamente el whiskey y era todo


bonito cuando volvió por sorpresa de su cuarto


a mi cuarto nos besamos y dormimos


antes y después


almorzamos en el mercado y vimos la tele en el hotel


gratuito cortesía


de Aerosur, no puede


pasar yo dije:


-Es mi enamorada.



Ubaldo dijo:


-Tartinflet.


Y lo dijo de una manera


exquisitamente ridícula,


con señoras que fabrican


figurillas de trapo


y otros parientes


extravagantes con perilla,


o viejos y Guillaume


y Sina tumbados


en el césped con Felipe


haciendo fotos,


Yvonne en la terminal


se acerca hasta la valla y nos besamos


entre los alambres. -Al final


abrieron la carretera.


Yo me agarraba


el corazón para que se quedara


quieto,


escondido en el pecho;


no salta de amor sino de amor


a la belleza y al amor.


Otra vez la terminal:


La flota que se marcha


lenta,


Refunfuñando.





Ahí le tienen, guitarra en mano, con Cromática



28/5/11


El olor que desprende la persiana de bambú con la lluvia, de noche, en nuestra ventana. El contraluz no es suficientemente íntimo para el desnudo. Antes de volver a casa, hemos tenido una conversación propia de la juventud temprana. Ahora, que estamos aprendiendo a vernos envejecer. No hay verbo para definir el paso abrupto a la edad adulta. La última zancada hacia el precipicio. Pienso en el viaje truncado a México.
La felicidad, a veces, es que haya un par de libros sobre la mesilla exigiendo lectura.
¿Volaremos alguna vez hacia la India?

21/5/11

Una imagen para una vida distraída:

Fermento de los peces bajo el puente.

El sol no era el exceso.

Los peces, los peces no importaban.

Sí la carta del banco.

Solo el fruto seco helado. La marioneta gira.

Sale de trabajar. Recuerda el levante. La mañana.

La mano.

Lágrimas de María. La calle, la calle levantada.

19/5/11

invisibles

Todas las tardes, salimos a ver caer el sol sobre el noroeste de Madrid. No recordaba lo que es caminar sin dirigirte a ninguna parte. Nuestro camino no tiene nada de bucólico pero una consigue aislarse del ruido con música. También hacía años que no escuchaba música sin hacer otra cosa, desde que el volante se desató de mis manos y vine a vivir al centro de Madrid.




Hoy no hemos salido, pasamos por Sol. Entre la gente, pienso que yo también estoy harta de muchas cosas y, entre ellas, de haber olvidado cómo se para uno a pensar. Dónde empieza la raíz que extiende esta cultura que padecemos. Desde esta vida -suena tan viejo- aburguesada, me aquejo de esa bala peligrosa que, hasta ahora, nos hacía creer que nunca podríamos levantar una voz, que tendríamos que subirnos en marcha a este tren que nos empuja. Los invisibles.


No hay directriz que valga la pena.


Estos días, la ciudad en la que vivo parece haber despertado de varios letargos, de su excusa de no ser de nadie.
Pero, ahora, quiero saber dónde están los pensadores.


Cuando volvemos a casa, la lluvia ha batido las albahacas y el patio susurra que, al menos aquí, estamos a salvo.

17/5/11


Dejando recostado el amor

para tocar el cuerpo, el teléfono grita.


Desnudo, a contraluz,


cicatriz de persiana en la cadera,


ya no urgirá el vestido. Y sí la plata.


.

14/5/11

Lewis Powell

Desde que V llegó a nuestra casa, me despierto muy tempano. Salimos a dar un paseo bajo una gorra que oculte el despeinado de la noche. Hago cosas que me exigen poca concentración. Esta mañana, por ejemplo, hemos ojeado (porque él lo hace subido a mis rodillas) un libro de historia de la fotografía. A pocas páginas de empezar, me he encontrado con este hombre de belleza canónica y, a la vez, moderna.

Es uno de los implicados en el asesinato de Lincoln: Lewis Powell.

Aunque no se vea, sus manos están esposadas.

Su puntería le falló y no mató a su objetivo, el secretario de estado. Fue ejecutado en la horca el 7 de julio de 1.865.

Sí murió el hombre que redactó la enmienda que abolía la esclavitud, mientras veía una obra de teatro con su familia.

Cuando volvemos a salir a la calle, sobre las nueve, un par de jóvenes que, aparentemente, caminan tranquilos de vuelta a casa tras una noche de fiesta, cogen una botella del suelo y la lanzan contra un balcón de San Bernardo. Sin más. Su puntería no falla y el cristal cae en grandes trozos a la calle.

A veces es muy difícil despertarse y seguir confiando en nuestra especie.

28/4/11

Las espinas de la verdad las tienen pocos asidas por la mano.
Un hombre, raya al lado, matiz de boca enjuta
exige mi mañana. Aberración del sentido
y la marea
es tan corta para dejarse ir.
Cabalgamos motor y horario
cada día. Y nos creemos fuertes en la pócima
que otros
para ese cuerpo
destilaron.

Qué maligna cordura es pagar una casa, atarse al aire
de esta ciudad sombría, comprar carne, tragar facturas.

24/4/11

Los cuadernos de la abuela Nicanora

Antípoda del circo de la literatura.
Una mano arrancaba
a la luz, sombra.


El Real de San Vicente (1901)
Nicanora es la tatarabuela de El Fotógrafo.


18/4/11

carretera






No llevábamos música, un par de discos que nadie quiso escuchar. Bebo Valdés al piano sobre un fondo de alcornocales y agua que se come las orillas. Siento ganas de escribir del vértigo lento de la copa alta de los árboles. Pero está prohibido. Ahora que hasta los posmodernos se han vendido. Y todo es purobit. click-click. Desatención.


Que decir follar ya no provoca.


Eso pienso mientras sorteamos la sierra.


Luego me quedo helada en la siesta. Una hormiga ha trepado al hocico de mi perro. El sol calienta mi lado izquierdo. El derecho, acostumbrado al refugio de los inviernos, es carne y frío.