Hoy no hemos salido, pasamos por Sol. Entre la gente, pienso que yo también estoy harta de muchas cosas y, entre ellas, de haber olvidado cómo se para uno a pensar. Dónde empieza la raíz que extiende esta cultura que padecemos. Desde esta vida -suena tan viejo- aburguesada, me aquejo de esa bala peligrosa que, hasta ahora, nos hacía creer que nunca podríamos levantar una voz, que tendríamos que subirnos en marcha a este tren que nos empuja. Los invisibles.
No hay directriz que valga la pena.
Estos días, la ciudad en la que vivo parece haber despertado de varios letargos, de su excusa de no ser de nadie.
Pero, ahora, quiero saber dónde están los pensadores.
Cuando volvemos a casa, la lluvia ha batido las albahacas y el patio susurra que, al menos aquí, estamos a salvo.




















