1/11/09

La revancha de la primavera

Hoy es noviembre. Las mujeres de flequillo a ras de ojos caminaban en tirantes por el centro.
(He olvidado poner mi altarcito de muertos).
Es la revancha de la primavera. La pasada.

No es cierta escritora muy santa de mi devoción, pero ahora, por ser de todos el día, la felicito también. Y porque el jueves, sentados por riguroso orden alfabético, de sus manos recibimos un título de posgrado y unas palabras:
"¿Qué espera un escritor de su editor
(además de que haga su trabajo)?:
amor".

Precisamente la persona que estaba sentada a mi lado en tal evento fue mi primera editora. Tengo algo que agradecerle. Ver mis poemas hilvanados de forma preciosa. Sin embargo, lo nuestro fue una larga y fría primavera.

Y ahora, ante la dificultad de que nadie, ni yo misma, pueda acceder a Veinte años sin lápices nuevos, que yo no sepa bien qué ha sido de mis páginas y eso, les aseguro, me causa mucho dolor, quiero colgarlo aquí. Qué sentido tiene que exista si llevo meses diciendo que no sé cómo tocarlo, ni llegar a él. Si nació fue para ser compartido. (Al lado, a la derecha pueden descargarlo en pdf si hacen click sobre la imagen o comprarlo a través de la web de la Casa del Libro que sí funciona...)

Por si este es el último día de calor del año.

Ojalá les gusten.

El resto, digamos, es frío y me lo callo. Bastante tenemos por delante.

Un abrazo.

14/10/09

versos veloces


El misterio

de aquella habitación que rodaba en sigilo,

el camisón

verde

era un tablero de damas,

un dedo más arriba.

Afuera, ya te digo, estaba el cielo,

un Boeing nosécuantos,

un animal con luces

parpadea.

Estiro de la lluvia. Desato la costura.

Me tumbo en mi morada. Mi casa es un pequeño

laberinto imantado.

Está el olor a viento.

Afuera está la noche, está la tierra

durmiendo en su letargo de órbita infinita.

Soy la viajera, la perdida

apenas diez centímetros de aire

y la mueca, cicatriz de una boca.

No recuerdas las caras fantasmales,

ni el derrame lechoso de la Luna

encima del follaje. La Luna dentro de vosotros,

los dormidos viajeros,

como un temple.

Luz concreta

como un nombre.

La foto de aquel hombre,

ahora me doy cuenta:

en este río

yo me ahogué

en el año

dos mil seis o nueve.

Mi cara descendió por la pendiente

como por una ventana. Una parte de mí

aún desespera, y espera levantada.

Aquel modo, de comeros los dos

el uno al otro, la doble mitad de la naranja,

desnudos a la luz de la nevera,

como una resina fría y dulce

ángulos de luz que incendia el agua.


Notita al pie: le dedico la "y" después de coma a David Jota y Lara. Para que me digan si está bien o mal puesta, jiji.

5/10/09

VUELVE...


JUEVES, 5 DE NOVIEMBRE
Tecla Sala
19:30h
Gratuito
MONCHO OTERO + RAFA MORA (POEMAS MUSICADOS)
LECTURA ABIERTA DE POEMAS DE MARIO BENEDETTI

VIERNES, 6 DE NOVIEMBRE
Auditori Barradas
21:30h
10€
REBECA JIMÉNEZ (MÚSICA)
GASTELO (MÚSICA)
LARA MORENO (POESÍA)
AROA MORENO (POESÍA)

SÁBADO, 7 DE NOVIEMBRE
Auditori Barradas
21:30h
10€
JAVIER ÁLVAREZ presenta "GUERRERO ÁLVAREZ" (poemas musicados de Pablo Guerrero)

DOMINGO, 8 DE NOVIEMBRE
Teatre Joventut
19:00h
10€
LUIS RAMIRO (MÚSICA)
MARWAN (MÚSICA)
RAFA PONS (MÚSICA)
BENJAMÍN PRADO (POESÍA)

qué bien qué bien
gracias acrobática

30/9/09

El Mar

Al fin he encontrado el libro de Raúl Zurita que había estado buscando tanto tiempo. Me ha saltado a las manos, ahora. Se titula INRI. La búsqueda la recompensan sus páginas. Es un canto largo. Este fragmento pertenece a la primera parte, titulada EL MAR.

Está el mar, se dice, están las tumbas carnívoras
de los peces. Están las carnes color de almendras
y el mar. El mar llora. Viviana llora.

Hay cielos infinitos de almendros, de estrellas
comos los frutos dicen y caen. Sorprendentes
carnadas llueven del cielo como las estrellas,
como frutos que caen sobre el pasto. Hay
universos sin fin en el estómago de los peces,
estrellas, campos de almendros rojos de sangre
cayendo sobre el mar. Infinitos días claros
lloviendo sobre las espumas rojas del mar.

Llueven hombres que caen en poses extrañas
como raros frutos de una rara cosecha.

Viviana oye llover sorprendentes carnadas de
hombres, asombrosas frutas humanas cosechadas
de extraños campos. Viviana es ahora Chile.
Oye frutas hermanas llover como dorados
soles reventándose en las aguas.


Cientos de cuerpos fueron arrojados sobre las montañas, lagos y mar de Chile. Un sueño quizás soñó que había unas flores, que había unas rompientes, un océano subiéndolos salvos desde sus tumbas en los paisajes. No.
Están muertos. Fueron ya dichas las inexistentes flores. Fue ya dicha la inexistente mañana. Santiago, Chile,
enero 2001-marzo 2002

La fotografía es de David Ruiz, pincha en ella para acceder a su photoblog.

17/9/09

Cause I'm leaving on a jet plane

No está pasando mucho.
Ha muerto Mary.

No sabía quién era.
Pero la lluvia, esta canción. Madrid.
No sé.

9/9/09

de tirón

sele. Y que la lluvia me cale hasta la sombra. Que no corra cuando llegue. Gota fría. Ya pasó. Lluvia ácida. Pasó. Mirar el nacimiento de las calles. De dónde salen. Luego enterrar los restos de placenta bajo un árbol para que nunca olviden su vocación de sol. Quiero un BMW, una consola de videojuegos, una postal que me hable por sorpresa en el buzón, serenidad, números verdes, sueño, amor. Mañanas de domingo con el periódico en medio de la cama y un café: sí, un café porque me llena la boca de protección y de leche. Quiero esconderme de las facturas y las cifras, quiero asesinar a un político con un golpe maestro de verdades. Me pasé. Pasé. Pero quiero quiero quiero no tener que luchar con nadie, ni medirme, ni rendirme, ni esconderme. No llevar esta diana colgada del pecho. Quiero una válvula de escape que me saque la presión. En la cabeza. Que mis vecinos sepan, cuando se llenen de vapor nuestras ventanas que soy yo, que echo fuera de mi cuerpo el mal bajío. Que pasen los días. Que no pasen. No querer que llegue la mañana sin dormir masticando la noche. Que mis pies se desinflen de camino. No apretar los dientes. Incisivo partido de la rabia. Quiero un otoño tranquilo, lejano. Un otoño contigo. Al lado.

4/9/09

les voy a dar un paseo este fin de semana

.
a ver si alguien entiende el por qué
cuando yo aterrizo allá


me siento como en casa y tan feliz


y no es porque descubramos sitios como este


y él pueda nadar solo en un mar así


y trepemos en las ruinas de la historia


y uno no se crea que eso que se come la montaña es el Distrito Federal


es más bien por esta lluvia capaz de desdibujar Madrid


o esta otra


y por los que nos llevan a cantinas así y nos pinchan música de banda en una vieja gramola,


por el olor que contiene esta imagen


y el sonido y lo que dejo en las calles de esta otra.


(cosa que sí que no entiende nadie, bueno tú, misteriosamente, sí)

1/9/09

Alentaremos
el último pedazo de la nieve
detrás de las rodillas.
Te enseñaré mi vientre:
aquel nudo de carne
que mi madre deshizo.
Seremos solo rojo sobre el barro.


(qué ganas de mis botas, aunque estas son las de Clara)

29/8/09

jet lag

Volvimos a la ciudad grande. Apenas me dio plática el taxista de noche, volviendo a San Bernardo. Aun traigo en la piel el sabor amarillo de los maizales. El veneno de los insectos.
.
En la parte de atrás de un coche negro, una flaquita morena se contonea. Luego las casas de piedra me traen al puente alto, sobre el río que no existe. Las luces que se extienden hasta el monte.

Dibujo la silueta de una tortuga gigante en la ventana. Abro la puerta. Las flores aguantaron la embestida del calor y la ausencia.

Me miro en el espejo del lavabo y son los mismos ojos. El pelo está más seco. Aunque hoy no enredes tu mano y me digas que así me imaginaste mucho antes, en las fotografías.

Ahora tengo una casa, una bañera, un armario donde guardo las conservas y el frío. También están los amigos aunque no sepan de dónde llego con este olor a sal en los labios.


Supongo que este es mi rancho, mi pueblo quieto. Vivo junto a esos gigantes blancos

26/8/09

me he comido el sol

23/8/09

Tulum

La noche

El agua del cenote es oscura como la gasolina. Más allá de nuestro tejado de palmeras, el cielo sobrevive ajeno a las preocupaciones: una estrella por cada pez que se intuye bajo el mar. Una besucona, entre sueños, me trae recuerdos de otro tiempo. Apenas somos diez en el campamento. Un chavo desentona una norteña junto a la hoguera mientras los demás se embriagan de mota y de Caribe. Hace unas horas, mientras los amigos comenzaron a construir el muelle, navegamos buscando al pequeño caimán. Recordaré en Madrid que aquí no hace pausa la vida acuática, los moluscos pegados a las rocas, los cangrejos azules dormidos en sus agujeros. Me pregunto si entonces sabré llamar miedo al miedo. No a este de sentir el perfil afilado de un animal paseando entre mis piernas, ni al enjambre de insectos que me lleva en volandas, sino al de seguir adelante sin voltear la cabeza, viendo como me digo adiós, ahora que la nostalgia es asumir que la niñez no fue la etapa anterior a esta vida y este amor.




18/8/09

Estamos en Tabasco.
Una vez pasada la revolución que supone
volver

a
partir.

Tal vez pueda escribirles algo. O a la vuelta. Unos versos (qué significaba esa palabra) apresurados
qué se yo, un parrafito que contenga esta humedad, este verde brillante de las montañas
que hacen frontera con Chiapas. El herido manglar.
Este abrazo compartido.
El imán

Aroa-tierra.

Nuestra deshidratación.

El más allá.

Este mirarme a través del calidoscopio desmontada hace años
y ahora
como un símbolo azteca en una piedra, dispuesta para la lucha.

Así es.
Como una espina. Como violencia y calor. Un destiempo.
No sé. Así que David, lo cuenta mil veces mejor.

Acá andamos. Durmiendo en los camiones, despertando junto a un nuevo amigo.
Mañana a San Cristóbal.
Y rumbo al azul Caribe.

11/8/09

Córdoba

feliz
reencuentro
La Divina
Oaxaca
amigos

6/8/09

vísperas


que nadie se duerma
que allá vamos

(qué nervios)

la próxima, con los pies allá

30/7/09

YOUR LIGHTS ARE BADLY BURNING


Para Alejandro, por el paisaje

Le gustaba escuchar aquella canción, cada tarde, y bajarse en Chapultepec, en el nacimiento de la avenida tomar perspectiva y caminar hasta su casa. Las manos en los bolsillos, la cabeza bajo la visera y controlar los pasos al ritmo de la música. Siempre, cuando la rola daba el subidón, él franqueaba el cruce entre Puebla y Sonora y seguía caminando, distraído; a veces atento a la cochambre que iba rodeando la colonia, la vieja escuelita, el parque, los niños, los vecinos de siempre cada día más arrugados. Cuando llegaba al departamento, ella ya tenía la cena prevista. Tomaba un vaso de jugo de piña y se encerraba en la habitación. A veces, recolocaba la colección de muñecos de Star Wars, a veces conectaba el ordenador y hablaba con los amigos, perfilaban el plan del fin de semana. Otras, se asomaban a la ventana y fumaban medio cigarrillo entre los dos, de esto no morimos, se decían. Él se entristecía planeando dar un giro drástico a sus vidas, tal vez Madrid o Viena; ella se concentraba calculando los minutos de cocción para la salsa de los rancheros. Los edificios destilaban olores desde los comales, respiraban la polución y el hormigón vencido y la tarde caía indefinida y rosácea más allá de las últimas montañas. Luego se sentaban en silencio, habían aprendido a intuirse las palabras y se comían la cena con verdadera precisión de movimientos. Él, atento a la televisión; ella, contando mentalmente las horas de sueño que iba a poder descansar aquella noche. Cómo se llamará la soledad cuando son dos los que la habitan, callaban. Por la noche se tumbaba en el sofá, veía antiguos conciertos de Los Beatles, reposiciones de películas de los ochentas y ella repasaba las facturas y las horas se le iban en cuentas interminables de restas de los saldos, fondo de la vieja caja de los ahorros.

Entonces no había problema. La tensión se instalaba en toda la casa por las mañanas, con la espera de las noticias, cuando prendían la radio y les parecía que los boletines horarios eran siempre los mismos. A él le comía las entrañas un feroz aburrimiento. Ella le había cosido un cuaderno de hojas sucias para que escribiera, había llegado a desempolvar hasta la vieja guitarra para entretenerlo. No sabía qué hacer con aquel hombre siempre en pijama, siempre dolorido de futuro. Aquel hombre que antes llegaba silbando y aliviado de verla y al que, ahora, parecían incordiarle su presencia y la luz del día como a un vampiro solitario. Se convirtieron en dos fantasmas que compartían una casa encantada, sombras.

Para él, la noche era la mejor parte del día. No tenían por qué disimular que no tenían ya ninguna conversación que mantener. Your lights are badly burning, se repetía al dormir, Your lights are badly burning. Y, entonces, en sueños, al menos, volvía a ver al muchacho que era, bajando desde Chapultepec, con la ciudad ardida entre el tráfico y la historia, con su visera y su chaqueta de pana, caminando hasta su casa, reconociendo cada rincón de la colonia y respondiendo a los vecinos, simpático, que no podía adelantarles nada del argumento de aquella telenovela en la que trabajaba, la que la cadena suspendió cuando los besos comenzaron a ser el mejor arma de contagio de la hoy vencida pandemia.

22/7/09

Ella venía del otro lado del río. De los cables de la luz inadecuados, del ladrillo naranja y las ventanas que tiemblan al paso del autobús rojo, el 6, el 60, números de la infancia en la boca de la abuela. Venía del olor a tierra escueta que ofrece una maceta de barro. Sabe que es de ahí porque inevitablemente recuerda el rombo de las aceras de lo que fue periferia cuando las camina. Segunda generación de emigrantes castellanos y extremeños a la capital, ningún exotismo raro, frente marchita y dolor en el alma callada sobre la miga de pan en el mantel viejo. Gota de vino de cartón gaseoso. Reconoce la humedad que desprende la fruta en las tiendas viejas, ese olor a madurez dulzona y oscuridad.

Lo sabe porque, a veces, cuando va a visitarle a él a su casa y el calor traspasa el muro blando y la calle está ahí asomada a su dintel, ahí donde ahora llegan los de fuera otra vez, piensa que podría ser el mismo barrio al que hace más de 50 años emigraron otros, y vivían 10 en una casa de 50 metros cuadrados y había sopa para todos, donde las calles fueron de arena y los niños jugaban al balón, a las chapas, a los bonis, a las tabas con los huesos de las patas de algún animal comido.

18/7/09

motivos


.
El fotógrafo y yo celebramos los millones de segundos que hace desde aquella noche después del taller cuando nos viene en gana. Por ejemplo, hoy, podemos brindar por estar en el segundo 50.260.000, 01, 02, 03... Él lo hace a través de una fórmula matemática. Yo introduzco, menos romántica, la fecha en una página web. Entonces, hoy, en este sábado fresquito, les deseo desde mi casa felicidades. Cuenten y brinden, seguro que tienen algo que celebrar en este mismo instante.

15/7/09

Qué sucede cuando se deja pasar demasiado tiempo y ya no se sabe cómo volver al lugar de donde nunca os debísteis haber alejado.

Siempre hay un camino de regreso a un amigo.

Reorientando la brújula.

7/7/09

África desde Algeciras

El pelo de mi madre remonta las olas. Luego se queda muy quieta, piensa en algo, coloca una hilera de piedrecitas blancas sobre su muslo y deja que el agua le baje la temperatura de los pies. La carne se estremece como un cefalópodo recién echado al puchero. Luego colecciona su nombre en distintos saltos. Lejos de ella, un inglés sostiene su vieja figura en una instantánea sobre el fondo desdibujado de Gibraltar mientras dice cheese y sonríe y algo brilla rodeando su cuello. Su mujer, morena blanda macheteada por los rayos corre y le abraza. Unos niños agitan sus manos como anquitas de tierna rana. Mi madre ahora canta y la voz remonta la espuma. Asoma en lunares el final de las piernas de una púber extranjera. Yo quiero llegar al otro lado, dejar mi pie caer en otra orilla, tener la misma sensación de aquel que contempló la tierra por primera vez desde la Luna.


El estrecho desde ... no sé

A mí el estrecho me estremece. 14 kilómetros, corrientes fortísimas bajo el agua, enloquecedores vientos. Ahora me viene a la cabeza aquel poemas de Fronteras que leimos hace un tiempo en casa de un amigo. No sé si habrá una más profunda y estrecha. Un extraño lugar que miro con ojos extraños.

3/7/09

Súbete a bordo


El próximo sábado día 11 de julio
la tripulación del Bremen
te invita
a celebrar en su cubierta
su primer año de taller con un libro de relatos
y a tomarte un vinito con ellos (como buenos marineros, son dados a celebrar abriendo botellas).
Vararán a las 20.00 h. en el mítico
Ladrón de Tinta
(calle Noviciado, 2).
Luego, continuarán su travesía rumbo a otros bares, digo puertos.
Invitados todos.

Grumete Aroa



Si no puedes venir, y lo quieres, puedes comprarlo aquí.