Siempre hay un camino de regreso a un amigo.
Reorientando la brújula.
El pelo de mi madre remonta las olas. Luego se queda muy quieta, piensa en algo, coloca una hilera de piedrecitas blancas sobre su muslo y deja que el agua le baje la temperatura de los pies. La carne se estremece como un cefalópodo recién echado al puchero. Luego colecciona su nombre en distintos saltos. Lejos de ella, un inglés sostiene su vieja figura en una instantánea sobre el fondo desdibujado de Gibraltar mientras dice cheese y sonríe y algo brilla rodeando su cuello. Su mujer, morena blanda macheteada por los rayos corre y le abraza. Unos niños agitan sus manos como anquitas de tierna rana. Mi madre ahora canta y la voz remonta la espuma. Asoma en lunares el final de las piernas de una púber extranjera. Yo quiero llegar al otro lado, dejar mi pie caer en otra orilla, tener la misma sensación de aquel que contempló la tierra por primera vez desde la Luna.

El estrecho desde ... no sé
A mí el estrecho me estremece. 14 kilómetros, corrientes fortísimas bajo el agua, enloquecedores vientos. Ahora me viene a la cabeza aquel poemas de Fronteras que leimos hace un tiempo en casa de un amigo. No sé si habrá una más profunda y estrecha. Un extraño lugar que miro con ojos extraños.
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Cuando llegaba a mi casa, con el sol pesando sobre el pelo, moría Alfonsina Storni entre mis manos.
Estos últimos días en los que hemos vivido las dos en la Argentina de principios de siglo, he aprendido a quererla. Yo, que desde que un amigo ingrato me dijo que le recordaba a ella quién sabe en qué aspecto (tal vez en la nariz chata), tenía cierto escepticismo hacia su, yo pensaba, romántico final.
Pero Alfonsina fue valiente y habló con mayúsculas de temas que, hasta entonces, para las mujeres, habían estado prohibidos. Porque esta mujer de pelo blanco desde joven, “como la Luna llena” describió Gabriela Mistral, fue muy inteligente y pionera y se atrevió a mostrar su ironía en los círculos intelectuales donde, hasta ese momento, no había respirado una mujer.
Su vida no fue fácil, ni tampoco su forma de pensar. Alfonsina defendió, tal vez sin saberlo, la igualdad.
Cuando en la estación de Buenos Aires se despidió de su hijo con un ancho abrazo y partió en el tren hacia Mar del Plata, Alfonsina ya había decidido que ella vencería la carrera de la vida a la enfermedad que padecía. Y una noche de tormenta, vestida de blanco, avanzó con las pocas fuerzas que le quedaban hacia el mar.
Antes envió una carta al periódico La Nación con su último poema, para que pudiera publicarse cuando se conociera la noticia.
Dientes de flores, confía de rocío, manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme puestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.
Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame. Pónme una lámpara a la cabecera,
una constelación, la que te guste,
todas son buenas; bájala un poquito.
Déjame sola: oyes romper los brotes, te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases
para que te olvides. Gracias... Ah, un encargo,
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido...
Mientras
yo duermo
una hormiga más consigue traspasar el infalible hermetismo de la ventana con la que un ucraniano, hace ahora un año, decidió limitar mi casa contra el mundo y
un hmbre
en el pasaje invisible y subterráneo
bajo el Banco de España
orina sus cartones.
Mientras yo duermo, una mujer levanta los dos brazos al Sol como pidiendo agua a diez mil kilómetros en cualquier dirección de esta mesa donde un vaso y dos pasos me separan del grifo.
El trozo de madera no contesta, pero sabes imaginar que te dice: calma, ya llegarán tiempos mejores, ponme la otra mejilla, perdona al enemigo y sufre un rato. Mientras
yo
duermo
un limón pierde la vida sin más en la cocina de una casa de la costa oeste
de un país que aun no he visitado y una frágil aeronave aterriza en el Golfo de México y los pasajeros aplauden allí mismo donde yo regresaba y dos amigos, sin aviso, llegaron a esperarme.
Mientras, a la sala de urgencia de un hospital privado llega una madre a punto de estallar de decir: este es mi hijo, lo gestamos una noche de Luna y sin conciencia tiene mi boca se comerá el mundo y se llamará así porque nos da la gana, pero se queda a punto y
sin embargo
solamente será bautizado. En el nombre de otro, entre el murmullo hueco, será bautizado.
Y, a la vez que la vida, el rostro incendiado de uno que ya estuvo que ya erró y amó a una mujer o no
porque es el amor igual en todas partes pero algo como el amor puede entenderse tan distinto,
viaja por el río haciéndose ceniza.
Ahí todos iguales.
Esta es la lucha:
leve:
diagnosticable enfermedad de nuestro tiempo:
el desbloqueo
de la ventana.
Un día contaré la historia de Cecilia, la niñita cordobesa que aparece en la fotografía en 2005 aún con el lanugo y que, pobablemente, ya sepa decir su nombre.
Encima de la cama: la caja de las cartas amarilla y El Libro de los Prodigios donde yo aprendí a leer. Y a quién le importa. Todas mis vainas reunidas junto a mí: los trabajos y los versos, lo olvidado, las cerillas, las encendidas tardes de aquella habitación. El mal bajío.
Ahora puedo irme sin cruzar el umbral.
Leo de noche y comienza a llover al otro lado y dentro.
Yo soy la niña que teme que se enloquezcan las células de su alma. Terrorismo tabú del cuerpo contra el ser humano.
Yo soy la niña.
Que teme.
Metabólico cambio de las esencias.
Contraer la elegancia en su justa medida, si se desborda la falda al caminar a quién a quién le importa.
Qué más darán los geranios si nunca serán quebrados por ninguna mano.
El sol cae sobre el Atlántico. Y seguirá cayendo aunque no estén mis ojos para mirarlo.
Pero nadie dirá si es hermoso. Él científico así me lo dijo una tarde. Me lo dijo lleno de ojos.
Y luego un dolor de cabeza y la tensión en el labio superior, extremo izquierdo.
Ya palpita el herpes neurótico.
Ahora escucho a un perro obscenamente pequeño que pone tilde a la Luna
donde nadie me busca.
Foto del album familiar, El Rastro, Madrid, años 40
Ahí va el vídeo que se puso en la presentación de 'Veinte años sin lápices nuevos'. Es la versión no definitiva, a falta de que Charo Ruiz le diera su mágico toque de varita audiovisual. Es todo lo que una pudo hacer con este ordenador pobre de memoria y muchas ganas de contarlo de otra forma.
Las fotos son de David Ruiz.
Los videos están grabados en Córdoba (Veracruz) y Moncloa (Madrid) por una que va siempre con la camarita en el bolso... Autoridades de tráfico: por grabar conduciendo no se multa, ¿no?
Las entrevistas que, en este video, aparecen sobre negro (paciencia), son fragmentos de pistas de un CD que se llama 'Oda a la otra canción popular mexikana'. Son Jose Luis Parra hablando de tiros por la espalda desde el propio equipo y de Mastuerzo (Francisco Barrios de 'Botellita de Jerez'), un músico mexicano al que tuve oportunidad de entrevistar una mañana de zumo de naranja y de resaca de debate ideológico en Utopía, ah qué tiempos.
Cuando vuelva mi directora de cine favorita de su exilio sureño, le pediré la versión final ligera para que pueda sostenerse en esta página.
Por cierto, no es listo el video para seleccionar el frame de portada ...
Nán, va por tí.
Espero que les guste.
والشعر
Una fortuna que no sé medir, tantos y tan grandes.
María

La mensajera
Fuera dejé una lengua gris.
Atrás se quedó el vértigo
porque hoy
llenamos el salón de trapecistas.
Los que nunca salieron
de la sábana blanca
no vengan a decir
que mi ciudad
se llena de suicidas por la noche.
No brindaremos por el halago
ni la palabra hueca.
Bienvenidos al vino
y la poesía
los amigos
de siempre
y los que hace
relativamente poco
llegaron para quedarse.
Pueden salir
y ya lo hicieron
los que tapan sus ojos
a la belleza que hay en cada acera.
Los que tuvieron miedo
y encerraron
un corazón dentro del bolso.
A ellos
yo les dije
(sin pretender que me hicieran mucho caso
y así nos fue):
Dejen que les roben
un día el corazón
en plena calle.
Los flacos de ilusiones
los que no toman aire
para seguir llorando.
Los que nunca recogieron
de la calle una silla.
Los que dentro del cuerpo
llevan siempre un enjambre
de insectos
y vinagre.
No a las apuestas millonarias.
Ni a los fastos presentadores
que un día
nos robaron
las horas de los sueños.
Quedémonos nosotros:
los que están en el verso
los que nunca leyeron un poema.
Salud. Que pasen un buen rato.
PROXIMAMENTE... el video de la presentación en cuanto sepa cómo traducirlo a algo posteable (y ya paso página al libro por aquí)


Gracias a todos los que me acompañásteis en algún momento estos días allá abajito, porque han sido fantásticos: Madre, David, Charo, Javier, Lara, Carla, María, Sandra, Pati, Juan, Cuadritos y Luisita, gaditanos conocidos y desconocidos y poeta Alfredo Trujillo. Y también, por el entretenimiento regalado para los kilómetros de costa, a quien me hizo, una vez más, encogerme de hombros.
En hoja de ruta la presentación en Madrid.Será en el Baluarte de la Candelaria a las 20.30
En Cádiz.
Me gustaría mucho verte allí.
Si no, habrá oportunidad en Madrid a la vuelta.
Comienza esta extraña tournée.
Un abrazo desde el Sur.
Aroa