13/5/08

aquellas pequeñas cosas

"que difícil es escribir sobre la madre de uno"

luis garcía montero

'Dentro de nada,
cuando me den permiso las fieras de mi tiempo
cumpliré una palabra que nunca me pediste
te llevaré a Paris'.

Año 1983


9/5/08

en la calle, en el mundo

Medio en pijama, aunque nadie lo sepa, he bajado esta mañana al super de la esquina a comprar leche. Esto es el centro de Madrid. Al fin. En la acera de en frente de mi casa está el mundo. Pescados con sus bocas abiertas en los mostradores, la carne colgada tras los cristales. Una mujer arrastra un carrito por la acera despertando a los perezosos. Hay una frutería que huele a huerta. Y una mercería de esas llenas de cajitas en altísimas estanterías. A cada lado de mi puerta hay un bazar, chino. En ese baúl oriental inmenso lo encuentras todo. Allí canela, jarras de agua, allí el martillo y las noticias de la muralla. Al otro lado, desde donde ahora escribo, un locutorio con una sonriente mujer morena, más joven que yo a la que siempre pillo almorzando tras la encimera. Cada día que vengo, regreso a Córdoba. Ya saben a cual. A cuando robaba segundos a la jornada del periódico para enviar saludos, tranquilizantes palabras a mis padres, desde donde cometía errores como escribir a quien no debía ‘te echo de menos’.
Ayer, cuando volvía de la Asamblea de Madrid, tras escuchar a la especie de ‘ken’ que hace en Madrid de consejero de Sanidad que la sala de prensa era estupenda para fumar porros… puse la radio. El alcalde de Teguise, Lanzarote, con un acento extrañamente extranjero, explicaba que los centros de inmigrantes son muy malos para el turismo. Entre risas, el señor alcalde, el excelentísimo, se atrevió a decir esto: “no puede ser que la gente vea a los inmigrantes al lado del hoyo 18 del campo de golf, no quedan bien”.
En frente de mi casa está el Centro de Atención al Refugiado de Madrid. En su puerta, quién sabe de dónde vengan, están sus corrillos de soluciones, sus esperas. No les miro. Pero a mí me gusta cruzar sus corros, sentir sus lenguas extrañas. Me hace sentir parte del mundo. Me hace recordar cuando no estuve aquí y las palabras hablaban del otro lado, de este, el que ahora habito.

Hay a quien le gusta venir a verme cuando los cierres están levantados. Abrir y cerrar los ojos. Ser consciente.

8/5/08

entre las páginas

Lo primero que traje fueron los libros.

No quería estar sola.

Los tobillos de mi abuela esperaron para la firma.

Era invierno y un abrigo de paño grande sobre el mundo.

Los recuerdos se escapan.

El día que llegó del hospital en la silla yo leía un cuentecito medieval en el libro de lengua.

Porque quise retener la luz de aquella casa está conmigo.

Queda el tacto. El olor. La imagen congelada. No la voz. No forma en que miraba.

Queda el instante en que me dijo 'tuyo'.

Queda el sofá que resbalaba rojo y yo asomada

por encima de las hadas.

Yo subrayando en colores y guardando en la memoria intacta.

Quedan huellas de la niña entre las páginas.

6/5/08

la letra pequeña de la vida

Estoy donde les dije. Detrás de la ventana.
El sol entra en naranja y empapa las cortinas.
La vida se relaja. Y los infinitivos, al fin,
son sólamente el eje de los días.
Abro la puerta. No miro de reojo a los bandidos.








y el amor
que golpea
tan catódico
transforma

en agua limpia
los escombros







6/4/08

de aquí a un rato



Me dijeron que leyera a Auster para creer en la casualidad. Pero, a mí, Auster no me gustó. Me gusta creer en la torpeza o la brillantez cuando uno toma una decisión, premeditada o apresurada. Hago cadenitas de encuentros, de vuelos, de situaciones que, desde hace años, tal vez, me traen aquí. Hoy escribo desde esta primavera acalorada con una manta sobre los hombros, aferrada a una taza de café como a un antibiótico que desobstruye al límite una vena.

No recuerdo por qué un día decidí crear este blog. Pero creo que ha sido uno de los ejercicios voluntarios más constantes que he hecho nunca. Y, de sobra, algunos saben que a él se han ido hilando acontecimientos y personas en mi vida.

Hay gente que encontré que tiene nombre.

Por este ‘viaje’ llamé un día a la puerta de la casa de Lara, que invitó a cenar aquí a sus amigos: Nán, Carmen, Rebeca, Peter y varios más. De Nán he recibido los comentarios que más me han removido desde mucho antes de ponerle gesto y compartir sótanos de Madrid. Y de Lara no voy a decir nada. Que corran a leerla. Entiendan.

Después llegó el taller. El Bremen. Y, con él, Conde-Duque, Guille, Virginia, Magapolilla, Mariona, Javier, Bea, Kika. Llegó David a bordo.


Todo fue un enlace y otro.
Los amigos. Los de siempre que recurren a otros para entender lo que aquí se escribe. Y que no dejan huella, porque ya la dejaron en otros lugares menos movedizos.


Y a los que no pongo cara y se quedaron aquí: Erato, Silvana, Rodolfo, Mega, ‘él mismo’.
Y los que pasaron y pasan en silencio.

Esta es la vida por este espacio. He disfrutado y me he entretenido muchísimo. Da mucha satisfacción que alguien se emocione con unas palabras breves. Esta página desengrasó mi nostalgia mexicana, mi desvarío estival, recoge lágrimas de pura felicidad. Y cómo no, aunque anteriores, también de desencanto.

Pero voy a bajarme un rato en la próxima estación. Voy a quedarme en esta ciudad sin precisar un regreso. Podrán encontrarme en las terrazas al sol, desembalando cajas de mudanza, ordenando los libros de las futuras estanterías, aprendiendo a cocinar.

Es un balance. Una tarde larga voy a darme para ordenar una habitación.

Gracias por acompañarme en el viaje. Yo seguiré leyendo. Claro. Hay palabras que crean adicción. Pero esta casa estará deshabitada por un tiempo. Breve.

Volveré cuando las horas y los espacios tomen su medida justa. Eso será muy pronto. Pero ahora, voy a cerrar esta ventana, voy a darle la vuelta al espejo, voy a apagar las luces del salón. Que estén bien.

Hasta pronto.

4/4/08


Porque quién no ha tenido
que doblar la armadura
sonreír a la náusea
y moderse la lengua hasta la sangre

tragarse las palabras.



si el abrazo desde fuera es blando, cuídate de tu espalda

27/3/08

muchacha en la ventana



Saben que la vida nos retuerce los pasos. Hablo con un amigo con horario distinto. Hay mucho ruido fuera. Lo hacen ellos. Los que cada tarde rodean mis palabras, las ciñen, las vacían. Y, ¿el permiso? Son gente que decide. Son grises y son tuertos. La tierra más abajo está cerca del cielo. Un camino de arena. El coche que levanta polvo y ojos. Hablo con un amigo. El amigo promete. Le digo que le creo, y a sabiendas. Olía a madreselva. A bugambilia: rosas, naranjas, blancas. Mi madre las miraba sorprendida. En casa se nos hielan. El tiempo cura, a veces, tan sólo por encima y la máquina que oprime nuestras venas, rebela mecanismos insurgentes. No sé cómo explicarles las aceras distintas. El motor de la gente. Lo supérfluo de todo lo que queda a la vista. Desentrañar lo obseso. No sé cómo llevarles a las noches. A un vaso en una mesa cuyo tacto ya pierdo. Día a día, lo olvido. Explicarles que sueño con un animal pequeño que se duerme en mi brazos. Que sueño que atravieso el mundo conduciendo. Ustedes desearían como yo aquel cansancio. Pasear distraidos. Y ese olor a piña y a gasóleo. Esa soledad tan repartida. Y el pulmón agotado de sentir tantas curvas. Las idas. Las de vuelta. No saber la salida ni señalar el mundo. Hablo con un amigo que se duerme, mientras yo me despierto en una casa en calma. La vida nos devuelve por espejos distintos. La ventana está abierta y se distrae. El autobús 500 hace temblar el cuarto.

La muchacha se asoma -en la calle los rasgos son los mismos- sorprendida.

25/3/08

Enredando las sábanas
se esponjan las renuncias.
Tambaleo de especies
y tentáculos firmes.
Si la cama se ablanda
y germinan los peces
distraídos y fuertes.
Dentro del corazón
se protege el mercurio
de las lenguas.

La vida pesa menos.

Va

más

lenta.

Encuentra la saliva.
Pero, cómo sentirla
sumergida en el agua.
-

Yal Ku. Riviera Maya

21/3/08

instantes

Últimamente me da mucho por pensar en los instantes. Fragmentos detenidos de tiempo en medio de la prisa, de la risa, de nosotros. Hago fotografías que me envío a una aroa del pasado no remoto. Tal vez un año, dos. Puede que incluso hasta hace un verano. Y que a ella, a una más joven, le llega un sobre y un papel con unos gestos, un café, una mesa en la cena, un paseo, una escalera, una calle, otra, un paisaje, un barrio, noches. Y que una voz le pregunta a esa que era yo, ¿dónde y con quién estás? Aquella aroa se encoge de hombros, se observa, intenta resolver el anónimo que está con ella
y se despreocupa, en todas las instantáneas salimos sonriendo.
La gente nunca se acaba. Y yo que lo digo.



(Porque hay mucha gente que he conocido últimamente y me alegro. También tú que estás leyendo, sí sí, tú. La pelirroja de la foto colmo de la risa es maría, que tiene un vestido a rayas, la otra es una mujer con agujetas y lesiones en las rodillas de felicidad)

15/3/08

Togo costureras

Cuando volvieron de allí, empezó esto.

El derecho al delirio.

"Cuida bien tus estrellas mujer, cuida bien tus estrellas"

12/3/08

el robo


Os voy a contar lo que voy a hacer. Voy a cometer un robo. Hace un tiempo hablé aquí de un naranjo. Este es. Medimos lo mismo.







Esta mañana he estado en mi vieja casa, donde después de la mudanza lo dejamos olvidado. Yo le he dicho al Hombrecillo que en los próximos días vayamos de madrugada a por él. No podremos hablar ni hacer ruido para no despertar al señor Julio. No podrán ladrar los perros. Saltaremos el seto y hundiremos la pala para salvar sus raíces y lo traremos aquí, y después al patio de mi casa nueva, donde podamos vernos los dos crecer. Tiene miedo de comisarías y denuncias. Pero el naranjo-limonero salvaje es mío. No te pueden arrestar por llevarte lo tuyo. Y a mí, su soledad me duele tanto.



En mi mañana en su búsqueda, he pasado por la vieja casa. Desde que Juan ya no vive por allí, ni siquiera había vuelto a pisar la entrada de aquel camino. Y se me ha encogido el pecho al ver el destrozo urbanístico. Que la finca donde las ovejas, es una urbanización lujosa. Que la casa donde salvamos a los conejos de su cautiverio, está abandonada. Y hay grúas, y hormigoneras, y la calle estrecha se ensancha. Desde que no voy, eso sí, aquello sigue teniendo unas vistas maravillosas del mundo, y un aire de verano y camiseta a rayas.




La casa abandonada

'El campito' destrozándose

Os contaré, en cualquier caso, como termina esto.

11/3/08



Hace poco, en el plató vacío de una serie de televisión encontré esta pizarra escrita. Entre las maderas y los millones de focos apagados, entre la casa muerta, fantasmal, estas palabras. Pienso en quién será el actor que las escribió. Y por qué.


Yo hoy tendría un par de razones.

6/3/08

"Una patria es la lengua en la que sueñas"

Yo me fui a irlanda a aprender inglés... y me encontré al Jordi. Nos pasamos más de la mitad del tiempo, entonces y después, discutiendo. Sí. Pero al Jordi se le quiere. Y tant. Galway, otoño de 2004. ¿Fue 2004? Cuando nadie me había hablado nunca de nada de aquello. Y ahora, que puedo escribirle desde una casa de aquel barrio que después quiso tanto. De Madrid. Y él escribe un email diciendo que viene, que sale del poble, al fin. Él, que se metió con esta ciudad que no conocía y que luego abrazó. A quien conseguí entender mejor sus ideas que su visión del amor. Y aquella playa gris. Y aquella gente y la papiroflexia. La casa de las paredes rojas. Y aquella argentina y la bici olvidada en su puerta tanto tiempo después. Aquella que nos leyó los futuros. Y una discusión en la ciudad de las alambradas, de la tensión. Los murales. Y él tan feliz. Y yo tan revuelta. Y aquel pa amb tomàquet (así es?) en el recreo de la escuela. Y las notas amarillas por las puertas, con frases míticas que yo guardo en la agenda de entonces. Eso sí, en catalán. Ahora escribe un email y dice que viene. Y yo tengo el coche aparcado delante del bar que tanto le gustaba. Y me doy cuenta de que pasan los días con vértigo, con velocidad alarmante. Y hace desde que había sol en Madrid que no le veo. En la calle Pintor Rosales. Un desayuno, el hueco guardado. En la librería aquella donde el poeta adivinó qué hacíamos allí. Y una se da cuenta de la gente que se le va quedando por el mundo sin poder evitarlo. A pocas horas, a fronteras, a océanos. De la gente que está en un teléfono pero necesitas pero tiene su vida su rutina su horario y no puede abandonarlo una tarde para quedar contigo. Porque no se puede. Porque las vacaciones se complican. Y los trabajos. Y los sueños se tuercen. A veces se caen, Jordi.
Et trobe a faltar, amic, aunque digas que no porque no me me pude acostumbrar a tenerte aquí.

"... okupar una casa en la calle antonio lopez
... pasar el aspirador por algun rincón de dicha casa
... compartir mi primera noche con los dos, como en mi primer día, intentando devolver todo este cariño

... conversar sobre proyectos de futuro... del otro (mientras comemos patatas y más patatas)
... discutir con el catalán de la antigua asalvajada
... que ella me cante, con su guitarra, MI canción de canteca
... cocinar para las de navas del rey, con o sin gatos
... beber cerveza caliente en la placita, bajo un sol que te moleste
... tirar cáscaras de pipas en el suelo del jema, mientras jaci critica los polacos
... vivir basquade en vivo y en directo, tirando por la ventana la barrera física y el frío email
... sentarme en el sofá de atocha i escuchar a la más dulce... y ¡dictarle un teléfono para q lo apunte en un papel!
... escuchar la cope en el peugeot 206 gris, de cami
no a Vallecas
... conocer la nueva casa de aquella que demasiado trabajaba, tanto le costó volar y al final emprendió el vuelo
... hablar de la niña de rajoy con aquél q tanto viaja y tanto envidia
... asistir a un concierto de enclave o de julián, para comprobar que Madrid sigue siendo Madrid
... discutir de todo hasta enloquecer, todo en poesía, co
mo en el viaje de las pléyades ... pero en la nueva casa también
... fumar tirando la ceniza en los cocos de la calle cebreros, tras dar abrazos y besos
Y todo eso, 10, 11, 12 y 13 de abril. ¿Querrás quedar conmigo?
Un petó"


Galway

4/3/08

mientras el ruido


"... del almendro de nata te requiero

que tenemos que hablar de muchas cosas..."




Miguel Hernández

3/3/08

- esto he pensado:

si yo tuviera
que refugiarte en mi memoria
no sé dónde te llevaría
para que estuvieras a salvo


tal vez a la infancia sí

o a alguna noche en una playa

.............lejos


.
.
.
.
.
.
- Si tuviese que llevarte a algún lugar de mi memoria yo creo que te llevaría a Amsterdam. Soy un tipo de rutinas, en ciertas cosas, ja ja ja.

27/2/08



Nos han comprado. Han llegado, han sacado sus tarjetas y las han pasado por nuestras manos. Así es y ha sido. Así dependíamos de otros. Pero ahora es tan explícito que una se pregunta por las ganas que le quedan. Han llegado y han pintado de naranja y azul nuestras páginas. No sabemos quienes son. Quién está detrás de esa mano que ayer volcó nuestro trabajo por las ventanas y lo meció hacia la derecha. Sigue la línea, me dijo el nuevo. Y me obligó a escribir una mentira. Yo pienso en la hipoteca y en los trabajos de otros. Pero otros no son lo mismo. Porque no hay firma ni uno tiene que implicar sus principios, su nombre, lo único que le resta, su parte intelectual. No es lo mismo que rellenar una base de datos. No sé qué habrá pensado el abuelo que repasa al sol en un banco de Móstoles al leernos. No sé qué haré yo. Veo la preocupación de los compañeros. El director apaga su despacho. No es un desaire, nos dice. Es un vuelco editorial. Es dinero, pienso yo. Así es el cuarto oscuro de este pobre poder. Supongo que entre salir volando a cualquier parte y tragar, me tendré que esconder. Y ser un anónimo avergonzado. Una noticia de agencia. Y poder vivir de ello.

22/2/08



y qué

si hay unas manos

pasando

sus dedos

a través

deshilachándome








(creo que la foto la hizo sandra)

18/2/08

fantasmas

Ayer escuchamos un ruido en la casa. Una especie de chillido agudo. Mis padres nunca abrieron mi boca y me dieron de comer el miedo, pero siempre hay algún otro voraz con los niños. La fábrica de fundiciones es la casa de las brujas, decía mi tío. Y yo me asomaba por la ventanilla del coche en Villaverde, me estiraba hasta ver en segundos el fuego escapándose por sus paredes. Y esas garras de hierro moviendo los metales de una caldera a la otra. Aquel humo negro que llegaba hasta nuestras calles en verano, aquel perfil de chimeneas de hormigón y altos hornos. Un escenario terrible. La imaginación puede tomar caminos peligrosos.
Yo no he sido cobarde, pero si he metido mi cabeza debajo de las almohadas de cuando en noche para no escuchar. No ver. No tocar.
Ayer grité. Fue el cansancio. El fin de semana sumó un total de seis horas de sueño tal vez. El cerebro pasando del off al on constantemente. Los sobresaltos. El sofá me rindió, la televisión encendida, la casa apagada. Todos duermen. Me arrastro a la cocina a por un vaso de agua. Apago el ordenador, la luz de la lamparita del cuarto de estar. Camino a tientas por la casa en mi memoria. Con los ojos abiertos. Y de pronto, de la oscuridad se forma una persona. Las dos en el quicio de la misma puerta. Primero pienso, milésimas de segundo, quién es esta mujer que está en frente de mí. Luego, la mente se desborda. No es real. Cierro los ojos. Los abro y busco el interruptor por la pared con una mano desesperada y hundiéndome en mí misma, desapareciendo de mi propio cuerpo.
No hay nadie. Pero se me ha escapado el grito, la respiración de golpe. El espasmo.
Subo las escaleras alumbrándome con el teléfono. Me desnudo y ni busco el pijama. Me meto en la cama.
No recuerdo más. Dormí. Casi hasta ahora. Cuando la casa huele a café humeando y a tostadas. Donde el quicio de aquella oscura puerta es la cocina llena de luz y las tertulias políticas discuten los asuntos de la campaña.
Me gusta buscar entre las cenizas. A pesar del encuentro. Y allí, debajo del polvo, sigue la vida que pasó. Lo que hiciste. Frases sueltas buscando un temblor. Futuros improbables. Pasados rotos. Y me entra un miedo real y humano. Capítulos que nadie lee. No me pueden decir que no existen. Creo que por mi bien, ni deban. Hay fantasmas que sé dónde viven, conozco su nombre y, en mi búsqueda, he podido hasta conocer su mirada.




Antigua Fábrica de Manufacturas Metálicas Madrileñas

o casa de las brujas

En Villaverde, Madrid

16/2/08

algo cansada


Es verdad que la ciudad de mañana es muy distinta y pocos se levantan a verla descansar en sábado. Está tirada en la cama, descuidada. En posturas abiertas y se deja tocar. Yo bajo en taxi por su suroeste –rápido, le digo- y desciendo el paseo y al fondo la catedral y el palacio y hasta las obras del río están cubiertas de una neblina de resaca temprana. El coche en zona azul. Las nueve. Las botas, el pelo enmarañado, las medias rotas.
El abandono de la cama.
De la calma.
El día por delante. Llego a casa, a casa de mis padres. Una taza de café o ya no existo. Estoy despierta y aprovecho. Vamos a ver muebles de cocina. De camino me puede la verborrea del cansancio. Pero allí, con toda esa vacinería (y que me asalten los dueños del idioma), algo se empieza a quebrar en mi espalda, me astilla los lagrimales, me descompone las palabras que, deshechas, se quedan a medio camino entre la cabeza y la boca. No puedo mucho más.
Aún me arrastro a hacer la compra. Naranjas, manzanas, plátanos, leche. Manejo la furgoneta que me arrancó del sueño para salvarla de las multas de Madrid.
Qué ha sido esta semana. Despertarme y la pantalla. La mañana. Las visitas, las entrevistas, comer rápido. La otra redacción, la de verdad, la mía. La noche llegando. Alguna bajada a esta ciudad y los regresos. Los kilómetros de regreso que tantas ganas tengo de extinguir. Robando el tiempo a celebrar los millones de segundos en que existimos juntos.
Quiero despistarme del horario. Perder las horas en un supermercado. Leer un libro en el césped. Que el verano saque su ropa de los armarios. Verte venir. Encontrar un poema. Abrir el vino con un poco de sol. La borrachera de los mediodías. Resbalarme y desaparecer, despacito y sin prisa, en esa cama que aun no tiene forma.
Estoy cansada, físicamente y, sobre todo, reclamo horas más anchas para exprimirlas todas. Y cómo.