11/2/08
julianbozzo
9/2/08
7/2/08
'En la tienda de muebles
hay mil besos vacíos. Ayúdame a escoger,
mira la cama grande y abrazada,
el sofá de las tardes infinitas,
un armario que puede
doblar las estaciones y guardarlas,
de cuánto los recibos,
la mesa familiar, mira el espejo
que sabrá la estatura de los niños,
podemos firmar letras,
amor, es tu desnudo
lo que divide el mapa de las sábanas.
Seguir, envejecer, soñar la vida
en el tanto por ciento de un abrazo'
l.g.m.
5/2/08
"Es escribir a alguien
nadar en lo oscuro
aunque ahoguen las dudas"
Paseo por la exposición del centro Conde-Duque dedicada a la poeta Ernestina de Champourcin, la del 27. Me siento en un café sin nombre. Miro por la ventana Madrid temprana, una ciudad de la que cualquiera se podría enamorar y por la que cambiar las cartas sin darles la vuelta. Con su olor a cajas de frutería y congelados, a café, a guiso que se escapa de los sótanos abiertos, a mundo recién hecho y periódico mojado.
Pienso en algunas mujeres hechas de letras. De lejos, pienso en algunas periodistas que se marchan, en las que dejan en segundo plano la vida, el amor, los hijos sin nacer y toman un avión y se alejan y viven en una ciudad sitiada, en las calles, por ejemplo, de un oriente en ruinas. E imagino cómo la soledad tiene que desplomarlas en alguna tarde de lluvia. Las que se juegan la voz. Pienso en algunas mujeres que escriben, en la coherencia biográfica, no sólo hablo de ellas, al hacerlo. No vale ir a medias, porque a nada saben las medias tintas en la lengua. Pienso en mujeres, porque las hay, que buscan que se deje de pensar en que lo son.
Pienso en lo complicado de describir la felicidad. El desinterés que causa, a veces, la alegría. Pienso en todo eso sin llegar a ninguna coherencia, a ningún argumento, ni ordenado ni válido, para hacérselo llegar a nadie.
Pienso en las poetas. En vivir para extraer. En lo que se puede escribir. Y luego se me viene el deseo del horario y la estabilidad que ansío a media jornada y sin dinero B. Y sin embargo, en lo que estoy cediendo a cambio. Pienso inevitablemente en la adrenalina, en si se me hará necesaria alguna mañana, en algunos riesgos en vez de una cama caliente y el mismo dibujo en el techo. Si alguna vez los necesitaré buscar. En los volcanes. Pienso en la selva, en los ruidos rítmicos del aullido de los animales, en las ruinas de la historia, en el reflejo de lo injusto y en las letras mensuales que pagan la imposibilidad de esos vuelos. En si estoy, lo quiera o no, eligiendo.
Luego voy a mi casa. Y respiro dentro en silencio. Me siento tan bien -¿era esto?- que me pongo a llorar sin lágrimas involuntariamente y despacito, en silencio, mirando por la ventana redonda de lo que pronto será una cocina. Y apoyo la frente en el cristal y me cae polvo sobre el pecho. Lo miro respirar. Auguro todos los febreros que pueden echárseme encima entre las paredes y que, ahora, inmadura tal vez, excesiva, de la misma forma en que sigo leyendo con ansia el final de los cuentos, no puedo esperar ni un solo día más para empezar a saber cuándo me pasarán la factura de lo que no se paga a plazos.
4/2/08
"Here's looking at you, Kid" *
Dicen que esta frase la improvisó Bogart en el rodaje de Casablanca cuando brindan, Rick Blaine e Ilsa Lazlo, en Paris. Fue un guiño entre los dos actores ya que, entre escena y escena, Bogart enseñaba a Bergman a jugar al póker. Con ella termina Sueños de un seductor, -Play it Again, Sam-, con Woody Allen en el papel principal.Hay historias. Y hay historias de amor que cada vez que uno las mira comprende un fragmento distinto. O lo deja de comprender. Hay historias que crecen con uno.
Vimos Casablanca en un escenario que casi mejora una copa en el Rick’s.
Más allá del famoso triángulo, allí todos: la desilusión de implicarse en la lucha ideológica, el juego solitario de ajedrez, el agua de Vichy derramada, los “sospechosos habituales” detenidos, el ex combatiente, el líder de la resistencia, el amor, una ciudad, una estación, la lluvia, la canción, los malos, la chica guapa, las grandes frases y ese gran personaje llamado Renault ...
Pero esta vez, por encima del avión que se ve despegar desde un aeropuerto, me sobrecogió Victor Lazlo. No sé si me creo el amor de Rick, tan duro él. No sé si me creo el amor de Ilsa, la trémula, dulce y fría. Pero ayer sí el de quién gana habiendo perdido. El de quien sabe e ignora y no hace las preguntas de las que no quiere conocer las respuestas. Cuando la toma del brazo y se la lleva, Lazlo me gana esta vez. O como dijo mi compañero de butaca, “a mí me gusta el listillo que se lleva a la rubia”.
A quién no entenderé a la próxima. Porque Casablanca no se termina.
* En la versión traducida al español “a tu salud, querida” ... pero qué forma de ...
1/2/08
de qué lado
casado en Argentina con una pintora judía,
se casa por segunda vez con una princesa africana en México.
Música hindú contrabandeada por gitanos polacos
se vuelve un éxito en el interior de Bolivia.
Cebras africanas y canguros australianos en el zoológico de Londres.
Momias egipcias y artefactos incas en el museo de Nueva York.
Linternas japonesas y chicles americanos
en los bazares coreanos de San Pablo.
Imágenes de un volcán en Filipinas
salen en la red de televisión de Mozambique.
Jorge Drexler
Las coordenadas. Nosotros. Los demás. Los dolidos. La bronca provocada. Los que quieren hacerse daño a todo riesgo. Las páginas. La mesa. Lo parecido. El frío hostil y europeo. La chamarra. La cadera. La coleta. Los ojos. La noche. Empieza. El acento. La caja. Los días negros del ibex. La importancia. Los restos del amor sobre los platos. La precampaña. La mierda. La calle. Aparcar. La bolsa. El pijama. El olvido.
Al sur de las ciudades, 31 de enero de 2008
Espero en el kebap. Dos. Qué. Turcos. Trabajo en cine mudo y sin avance en la esquina de la calle. Veinte personas cenando y cierto aire de mesa sin manteles. Y una emisora latina salsea la cena. Empieza la noche en la 7 aún entre semana. El picante. Es Madrid. Es enero aún por unas horas. Las contracciones. Es otro año. Pero la piel es morena. Pero la sonrisa es otra. Lo que tiene en común un kebap con un taco al pastor de cualquier calle/avenida. Dónde. La inmigración. Las fronteras. El susto. La película. El mito. El hambre parpadea. La luz. Mis días de extranjera. Sin precipicio ni sed. Sin somier sí. La búsqueda de los rincones-casa. Mi sentirme de dónde. Mis tenues raíces. La llegada tarde de los mensajes de la noche. El hemisferio. La espalda era la misma. La tos era otra pero tampoco nos dejaba dormir. La humedad. Las latitudes del aire. Aquí el polvo, el frío, la epidemia, el disco duro. La fragilidad. El estado grave de los apaleados en las bocas de metro. La cuna. La buena suerte. El truco. El pan.
Y hoy lo inacabado tendrá la luz del día si cruzo el río camino de regreso.
.
Agencia de prensa francesa: 4 days ago: Palestinian children play at sunset at the breached border between Egypt and the southern Gaza Strip in the divided town of Rafah
29/1/08
'la mujer habitada'
Pero mañana, por fin, ya que los contratos laborales son tan precarios que no lo merecen, voy a usar por primera vez la pluma que lleva mi nombre y me regalaron cuando cumplí los 18 años. Una casa. Está en Madrid, en el mero corazón de la ciudad. Y tiene un patio grande con rosales y geranios y humedad. Gotas del riego que se escapan de las mangueras. Mi abuela tenía un patio en la calle Silvio Abad donde plantó nísperos, un limonero y un naranjo el día que yo nací. Un naranjo que trasladamos luego a Torre, y que allí se quedó, helándose en sus fríos inviernos. Si algún voluntario se ofrece, me encantaría poder ir a robarlo una noche de niebla, mientras los perros y el señor Julio duermen. Porque ese naranjo es mío, soy yo. Como el libro de la Belli, ‘La Mujer Habitada’. Ella, mi abuela, no Davinia, regaba la tierra con botellas de fanta vacías y apretaba la manguera verde para disparar más lejos el agua. El olor de la tierra mojada, de las aceras mojadas de Madrid, que va a volver. Y eso haré yo también. Mi madre dice que no puedo comer ahí en medio del patio, que los vecinos se quejarán, que eso no. Pero tal vez si pueda usar la hamaca que compré a una argentina errante en las playas de la costa oaxaqueña, por fin, y tirarme en ella al sol a leer libros.
Y es mañana...
La casa necesita manos. Y futuro. Y cristales en algunas ventanas aunque por ellos no se cuele el frío enero. Y cocina y bueno, mil cosas. La llave. Las noches. Habrá que hacer inauguraciones por cada uno de sus rincones (¡). Y faltan Marta y Nora, y Laura. Volvemos a ser cuatro.
Es una locura, es bailarle el agua al maldito euribor, es ceder a las horas que quieran robarme mis trabajos, o me ahogaré tal vez... pero... ya saben, que ninguno creemos en el amor a primera vista hasta que se nos echa encima y no sabemos cómo decirle que no.
Y está al lado de nuestro taller.
Y cerca de dos restaurantes mexicanos, por si la nostalgia me sacude.
Y en la calle donde vive mi primer profe de poesía.
Y cerca de casa de Payo, María, Pati y Charo y Sandra y Carla. Y Belén y Erru (por si se asoma)... y los demás.
Y ahí tiene que palpitar, si lo tiene, el corazón de esta ciudad.
Y ya tengo vecinos conocidos sólo cruzando una calle, por si la sal.
(Esta foto del 'patio' es de David)
28/1/08
reclamo por sms
25/1/08
amaneciendo
22/1/08
________ lo que vale la pena
lo que alcanza a tocar
con una fina arista
el corazón de alguien
y se hunde
lo que le duele a una
al pasar páginas
el alma de un poeta en días de lluvia.
Comprar trozos de hora en las esquinas
- sí escribí lo importante
y no entendiste nada -
No puedo defender
las cosas que
a esta Luna
no me pesan
a uñas y mordiscos
no puedo
con violencia
ni puedo
(si la boca
y las manos
hay un cuerpo que más me los precisa)
con palabras.
19/1/08
la casa de carla
Una llamada.
No aguanta. Dice. Me llama y voy. Y llego tarde.
Dos infusiones. Té con limón. Siempre.
Y desarrolla. Porque le gusta hablar tanto.
Y explicarse. Y desdoblarse en mil significados.
Y tiene la risa despierta siempre. Y la lágrima.
Vacía calla la mesa de esa cocina en la que hemos tonteado tanto con lo que duele en la pérdida.
Hemos liado mucho los sueños tanto y tan deprisa.
Nos hemos bañado luego en el Caribe oscuro y su noche sacudiendo los cuerpos de las rutinas del año.
Y abrazado. Muchas veces.
Ha pasado que aquí seguimos.
Y ahí seguirá residiendo lo bello.
Las llamadas eternas.
Su queja porque leo el periódico mientras me cuenta.
16/1/08
se va, otra vez
Eichstätt, invierno 2002-2003
en el plano abierto de las cosas
callando lo que ves
dejándome observarte muda
como la flor de sable que hace cantar al hombre
que le arranca la voz verde a su poesía
que se hunde en la carne
cual raíz en la tierra
dejando resbalar la gota de rocío
que cuando muda
de piel o de palabras
dice más
y te extraño
15/1/08
mi primera postal
soy su hija.
Y tengo que equivocarme para que pueda decirme luego.
Hoy no se ha enredado con el mundo de madrugada. Creo que volar le pone nervioso porque en nuestros viajes a Barajas, ese rito de familia, yo apenas puedo mantener los ojos abiertos y él decide que es un locutor de radio y, como quien hace un editorial temprano, repasa lo nuestro y lo de todos.
Sería eterno contar más. Podría hablar de los cuentos, de la magia, de cuando cantó ópera (fatal claro) en la puerta del colegio y yo me moría de vergüenza, del garage de la primera casa, de la piscina, de las corbatas, del coche, de las llamadas para despertar a los que están tranquilos en las sábanas. Pero hoy no. Me gusta llevarle al aeropuerto. Pero más me gusta ir a buscarle.
También sabe enfadarse a veces. Lo tiene conseguido. Como yo...
12/1/08
la casa
El barrio en gris y agua está precioso. Jugamos a encontrarnos por Madrid. No seremos los primeros. ‘Bájate en Noviciado. Echa a andar. Piensa como yo sentiría. Entra. Te espero con un berso y un café’. Le escribía en un mensaje. Pienso que llueve. Que puede no encontrarme. Pero llega rápido a 'El ladrón de tinta'. Vino blanco. Y después, cuando la noche, mucho más.
Cruzamos por primera vez el patio. Mientras el cielo y yo nos reconocemos en ese pequeño retal nublado que recorta, dos flores se estremecen en el frío más afilado del invierno. La casa.
Marta da palmadas feliz por todos las habitaciones con su abrigo nuevo. Hay ventanas que no tienen cristal, y no entra el frío. No se atreve el viento a despintarnos. La cocina llenándose de olores. Las camas que se abren. La televisión reflejándose en las ventanas. Habrá vida.
Hay silencio. Hay futuro. Porque las casas en la que aún no hemos dormido guardan en sus esquinas todos los futuros posibles. Las risas. Los pasos acercándose a la puerta. Vernos cruzar el patio bajo la noche. El sol y las flores en la primavera. El sonido del teléfono. Las reconciliaciones. Las lágrimas.
Una casa es un truco de magia infinito.
Tiene dentro de sí todas las vidas posibles.
Esta es la mía.
¿Qué más quiero pedir a Madrid?
Es verdad. Tengo agujetas de reir.
10/1/08
qué hacemos con el cuerpo
El día que tu encajes
la espada en mi costado
estará el corazón
esperando tranquilo
Si reúnes la sangre
la decisión sin prólogo
la muerte de mi vida
y sustento un silencio
breve
cuando digas
con mil terminaciones
y te contesto largo
tú vivo
y yo expirando
en un camino.
8/1/08
'Cajones de corbatas. Lencería.
Títulos de postgrado.
No tienen lo que busco':
un grito en una iglesia
un niño que resbala
una camisa cómplice
en la sangre
un cinturón cual látigo excesivo.
Te preocupa ese sueño.
Yo lo entiendo.
Que sólo piense en cuerpos.
En huesos destruyéndose astillados
en una chimenea
que mira esta pasión que sujetamos
tu no partirme en dos
por donde quieras
aquí por el costado.
Yo sólo mido en culpas.
Ni me importa qué tengo.
Este ansia absoluta
de destrozar las normas.
No pienso, luego vivo:
sobresaliente en pérdidas.
¿Me sigues?
O ¿te quedas?
(que me perdone el sr dau por aparecer en las imágenes, es que me viene muy bien su fotogenia...)
5/1/08
Lo mejor de tí mismo.
Yo ya me he descubierto.
La dulzura
asesina.
Llevo algo letal escondido en la espalda.
Tú mientras te sonríes
sentado en una vía
como si aquellos trenes
pasaran todo el tiempo.
Apriétame el instinto
la rabia de los años
sujétame las manos
en el arma
y tápame ese grito.
4/1/08
Se fue ayer de Madrid dejándome la conciencia abatida. Al principio no quise medir el mar, por la derrota. Luego hice llamadas desde los balcones de esta ciudad para felicitar el año. Me cantaron nuestras canciones al oído: Era 2007. Y de pronto, litros y litros de agua me han caído encima, pero sin golpe, que es como más duelen las cosas. Cuando ya están dentro y no has sentido nada, te han ido robando trocitos de recuerdo, de costumbre. Pero el océano nunca se calma. Se fue ayer de Madrid y nos dejó sin música. Sin guitarra y sin esa forma que tiene de mejorar todas las canciones. Se fue y ahora, mientras yo escribo, siembran kilómetros, 10.000, entre nuestras dos orillas. Y no es él, sino todo lo que no tengo aquí cuando le miro: algunas personas, algunos paisajes. La rabia de no poder mantener intacta esa tristeza.










