10/9/08

Anoche vigilaba la lluvia. Era la primera vez que las ventanas soportaban su embestida y su fuego. Cómo sería la casa durante la guerra, pensaba. Se hincharían las maderas vírgenes. Tendrían miedo en este mismo cuarto sus habitantes. La pintura plástica ha borrado sus sombras. Tal vez un grito hubo. El granizo me asustó metálico contra la baranda. Habría bombas cerca. Él dice que huirían a los refugios. Su miedo no es el nuestro.
La semana pasada vi caras tristes. El nervio. El periódico redujo su tirada, las manos que lo ciñen a las páginas. Nadie salió con cajas por la puerta como en las películas, porque nadie nunca tuvo nada. No hubo plantas, ni fotos familiares sonriendo. La asunción de estar de paso por sus mesas blancas. Qué hacemos los que nos quedamos además de callar. Esperar que esto expire. Esperar las semanas de otra forma. Su caída. Sin duelo.


calle San Bernardo, 1939
(del mismo sitio que las fotos del post anterior)

9 comentarios:

Lara dijo...

Uf uf uf.
Poniéndonos así, imaginarme tu casa en aquella otra casa de aquel momento (suerte los no nacidos).
Y hay casas así repartidas por todo el mundo, tantas tantas.
Ah, la gran Bosnia, con sus metrallas en las fachadas, junto a los tendederos.
Mi casa, hace apenas cinco años, era tierra, granito bajo la montaña, quizá árboles. Un valle solamente (no solamente, ahora es una casa solamente, antes era un Valle).
Y su pasado aún la recorre: está llena de animales, alrededor, modificando el jardín a su antojo. Hoy abrí la persiana y encontré una de esas que tanto miedo me dan. Tenía rayas en las patas. El pasado de esta casa es presente a mi pesar. Y que así siga.

Linda, me han dicho que roncas. Aunque no ronques.

NáN dijo...

Si le apetece, Aroa sabe roncar sin roncar.

Has elegido una foto que se parece, por los contrafuertes que soportan la casa, a la imegen de hoy.

Una vez fue la guerra (la ambición de los por siempre jamás poderosos).

Esta vez fue la especulación del dueño de la antigua y la nueva Fuentetaja.

De ambición en ambición, las casas se soportan con vigas.

Cecilia Alameda Sol dijo...

Lo debieron pasar muy mal los madrileños en aquel tiempo. Sólo con ver la foto, se te ponen los pelos de punta

david dijo...

Vigilante de la lluvia es un gran cargo.

Y pasar de eso a las bombas, una forma de echar luz sobre nosotros, personitas: ayer todo el mundo hablaba con escándalo de la granizada de anteanoche, en un tono que no creo que fuese mucho más leve que el que usarían los vecinos de esa foto. Granizo, bombas, yo estoy agradecido de escuchar sólo lo primero. Y qué espectáculo de truenos y relámpagos, en cualquier caso.

Y luego el periódico, otro goteo, buf. Ánimo, godspeed, que dicen los guiris, y que ese periódico que agoniza indiferente a las calamidades de los que fueron sus celulillas no te arrastre en su hundimiento, ¿eh? Desde ya, ves allí con manguitos de esos de los niños, para las piscinas, ¿vale?

María a rayas dijo...

jar, hasta que no he leído el post no me he dado cuenta de lo triste que es vivir en una casa nueva y de lo maravilloso que es hacerlo en una llena de historia, de fantasmas, de otras épocas, otros granizos, otras bombas...

asi que disfruta de las voces de tu casa, y de todo lo que te cuentan...

envidia...

aroa dijo...

como he estado rebuscando en viejos papeles ajenos en el fondo, he encontrado muchas cosas de Madrid antiguo, perdón si últimamente me obsesiono con el tema...
por algún lado lo tengo que sacar...

es que me resulta bastante fascinante reandar los lugares que otros pisaron, habitar moradas donde otros tuvieron alegrías y penas...

re-vivir en el mismo espacio
pero maría, lo de los fantasmas y voces, mira, que se queden donde están

Virginia Barbancho dijo...

Eeeehhh... hace 20 años, mi casa, según dicen los de aquí, era un supermercado de droga... ahora esto es un más bien una zona residencial, y de aquellos que la habitaban antes no queda ni el recuerdo...

Y quizá alguno siga vivo, pero, en otro extrarradio más amplio, menos visible.

Solucionado: aquí se vive bonito.

ETDN dijo...

Qué difícil imaginar cosas que uno no quisiera vivir nunca. La guerra. Se sobrevive o no, no hay más opción. Pero el miedo no se va nunca, supongo.

Nuestra generación vive otro tipo de guerra, otros miedos. Menos reales, tal vez, pero están. Las bombas de ETA,el 11-M, son quizá los fantasmas que pueblan nuestro miedo. Pero lo olvidamos fácil.

Luego están los otros miedos, más banales o quizá no, pero son los nuestros. Perder un trabajo, o desear que te echen, por fin, y sentirte culpable por ello. La soledad. No saber si tener más miedo a no encontrar pareja o a encontrarla.

Y me desvío del tema, perdón, es esta semana rara en la que graniza a 30 grados y en la que un taller dedicado al humor fue uno de los más sosos. ¿Fue sólo impresión mía?

Ay, Aroa, la bandera roja. Tremendo. ;))

julianbozzo dijo...

el monzón engordó mi alma infantil..

véame ahora amiga; que aún soy flor entera