20/10/14



Llora sin término por tus hijos abandonados
Walt Withman 

All my sons
Arthur Miller 

(Gracias, NáN)


Todos los adolescentes son mis hijos.
La china de la sandalias blancas
que teme a los perros,
el dominicano de la plaza,
el chico rubio de la camisa Lacoste.
Pero ninguno llega a casa de noche.
Ninguno nos enfrenta o nos une.
Ninguno está dormido
en su cuarto.
No suben la música,
no muerden el lenguado,
no esconden marihuana en el bolsillo de atrás.
A veces, todos los viejos somos nosotros:
vesícula, hígado y hueso.
Ahora ya lo sabes:
también el futuro es aire sucio
y un poco de veneno.






8 comentarios:

Portorosa dijo...

Vaya...

(Y también la foto)

Portorosa dijo...

Qué desasosegantes, las dos cosas, Aroíña.

Aroa dijo...

Ay, ya sé, Porto. Pero todo está bien! Ya sabes los poemos cómo son. Besiños muchos.

Aroa dijo...

Y sobre la foto solo decir que es que en Madrid te dices: voy a ver si hago una foto a un oso en la basura, y hay tanta basura, que lo encuentras a la vuelta de la esquina. Ya ves que todo es menos siniestro de lo que parece. P-oso.

NáN dijo...

Se me ponen los huevos como escarpias o se me ponen los pelillos de corbata. Es una manera de decir frases manidas quitándoles lo manido para que quede el dolor.

Primero la lista de adolescentes para luego los "ninguno" o los "no" tiene algo de usar las palabras para dar un golpe en el hígado.

Luego lo de los viejos. Cuando te has agachado por lo del hígado, un gancho en la barbilla.

Y todo con una naturalidad de guante de seda.

Quiero oírte recitar esto, tan rubia y con esa mirada de buena persona.

Aroa dijo...

Nanet, gracias por leer, con tus escarpias preparadas para equis.

h.j.s. dijo...

No se diga más. Dejaste algo aquí en el pecho.
Abrazo

el chico de la consuelo dijo...

versos brillantes
como el destino
de lo que seremos
cuando vaguemos
sin rumbo
un domingo desierto
en otra ciudad sin alma