30/5/08

Tengo una pulsión nerviosa en la punta de los dedos.
Son los tiempos del agua.
La poesía, sí, el verso.
La mayúscula que falta.
La idiotez.
Quien no ha sentido y ha levantado la cabeza en el autobús, en medio de todos los trabajadores de vida resuelta y ha respirado con los ojos cerrados, llegando al intercambiador donde desemboca la autopista, no ha lamentado el final de un trayecto que te arranque de la página.
El no comprendo. Este blog.
Estas palabras sueltas, descreídas de que no son yo.
Ahora las muñecas me dicen que no escriba. Una pulsera eléctrica de alambre se retuerce.
No pienso ocupar toda la línea.
Simplemente prefiero masticar.
Y que me traguen.


12 comentarios:

brujaroja dijo...

Haz caso a las pulsiones...ellas saben.
Pero que eso no signifique que te alejes de por aquí... ¿eh?
Besos y feliz fin de semana

aroa dijo...

no, no no me alejo...
sólo pensaba en voz alto y sin indagar mucho
feliz de semana también para tí

david dijo...

Si el precio de quitarte esa pulsera es sólo de un calambre, aquí están mis dientes, para lo que usted mande.

Y también, de serie, traigo
-un paraguas
-un bonobús con 8 o 9 viajes
-quince vidas irresolubles
-MAYÚSCULAS DE SOBRA
-y mi desdescreimiento azul metalizado.

¡Y estoy de oferta, oiga!

Bajo las estrellas... dijo...

Pues a masticar se ha dicho¡

1beso¡ y buen finde¡

Víctor González dijo...

Intercambiador me sugiere de primeras, humo de gasoil, calor, caras cansadas, cerrar el libro, y pausádamente me ofrece un hola, como te llamas? escribes? yo también. Eres un buen descubrimiento en mi vuelo del sábado.
Volveré.
Beso.

NáN dijo...

Pues sí, vecina maravillas (por cierto, me encanta lo que vas sacando del barrio y he contraatacado con un establecimiento estupendo, a medio camino entre tu casa y la mía), el peor momento del día es cuando llego a la estación de Tetuán y cierro el libro hasta media tarde.

En ese juego de las exposiciones que nos traemos L y yo, "¿qué cuadro de todos te llevarías a casa?", pasado a tu texto me quedo, de un poema del que me llega mucho, ese final sorpredente y luminoso:

«Simplemente prefiero masticar.
Y que me traguen.»

aroa dijo...

te voy a comprar david, puedo a plazos y sin interés?sobre todo por lo del bonobús

y por quitarme el calambre

víctorgonzález, bienvenido! vuelva su vuelo por aquí pronto...

vecino maravillas..! na nano
qué bueno tenerte cerquita
compartir estas calles

Virginia Barbancho dijo...

Quién pudiera tragarte, preciosa!

carmen moreno dijo...

Masticar sí. Que nos traguen, no. A no ser que sea el chico del bonobús. La masa para reventarnos las manos. Pero, tus letras, nos siguen arrastrando, nos siguen sacudiendo. Ahí es nada.

Cecilia Alameda dijo...

No deseo que las muñecas te impidan escribir. Espero que puedas continuar pensando y sintiendo con letras que lleguen a los demás

en tierra de nadie dijo...

Escribir, sí. La palabra contra la incomprensión. Contra todas las dudas, contra el no entender. Versos para dotarse a una misma de la coherencia que desconoce. Lecturas para comprender un mundo al que deseamos amar pero nos rechaza y nos convierte en amantes despechados.
Masticar para luego escupir, sí.
Pero que nos traguen, no.

Tus letras me enredan, Aroa.

besos

aroa dijo...

masticar para saborear, degustar, para que nada se haga bola en la garganta

que nos traguen, pues así somos, cada uno, sus cosas, sus maneras

cambiar el qué, para quién