24/10/10

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Mi estómago recuerda el vino, después de meses, en Casa Federica. Salimos del cine de ver la de Woody Allen. Es raro pero sé las cosas me importan cuando no soy capaz de detener el llanto. Si hablo y me cae una lágrima, para bien o para mal, importa. Si no me tiembla la voz, paso. Broncas infinitas sobre la sensibilidad me ha costado. Él está guapo ahí en frente. De gris, como la primera vez. Qué poco nos hemos alejado de aquellas calles.

La niña de 5 que se imaginó con 14 sentada en la acera, no predijo llorar en un bar a los 30 por esto. ¿Qué es esto que tanto me importa? La falta de tiempo y todos sus hijos.

10 comentarios:

NáN dijo...

"y todos sus hijos".Bravo.

Aroa dijo...

y tiene un montón

María a rayas dijo...

qué inquietante, jaremorning!!
(me alegro que hayas vuelto al vino, no obstante, aunque pongas cara de pez por las calles de noviciado...)

Lara dijo...

oooh!!!!!!!!!!!

Gemma dijo...

Buena la foto, y sobre todo, bueno el lamento.
No te rindas, Aroílla.
Besos

Gregorio Omar Vainberg dijo...

Recuerdos quetienen que ver con sabores y olores son los màs persistentes.

Um abraço

NáN dijo...

Recordar es amarrar dos veces con la cuerda.

virgi dijo...

Los pasos sobre la acera nos llevarán a algún lado. Aunque cueste mantener el equilibrio.
Besitos, linda.

Gemma dijo...

(Nano sabio)

Aroa dijo...

¡Gracias por vuestro ánimo! Espero que sí, Virgi, que los pasos lleven y no sean circulares.
Un besón grandote a todos.