18/1/10


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No sé qué le causa tanta gracia al taquillero de este cine subterráneo cuando le pregunto si es posible, por favor, devolver la entrada. No sé en qué momento deja de observar para sonreír ante la rareza y desaparece de su apreciación la lágrima que llevo pegada, sobre el maquillaje, en mi cara. Madrid es una ciudad muy difícil para el llanto. No puedes esconderte de nadie. Siempre hay algún deslizado detrás de la esquina, un compañero de semáforo que mira de reojo la inflamación de tus labios, los ojos rojos. Da igual que sea domingo de madrugada o lunes a las tres de la tarde, en esta ciudad no se puede llorar a gusto. Eso significa para mí caminar sin rumbo, dejar que el aire enfríe el surco del agua y, una vez pasado el sofoco, notar cómo la piel estira queriendo perpetuar el gesto del dolor y dejando un brillo artificial.


10 comentarios:

Araceli Esteves dijo...

Qué hermosa forma de hablar del llanto...
Es verdad que hay lugares muy difíciles para el llanto.

Miguel Ángel Maya dijo...

...Madrid es difícil para todo...
...Aroa, cada día estoy más enamorado de las cosas que escribes...
...Besos...

Aroa dijo...

se ruborizan las cosas

Miguel Ángel Maya dijo...

...jajaja, qué cosas pasan, ¿eh? (nunca mejor dicho jijiji)...

Fleischman dijo...

Pero... ¿y lo que nos reímos?

virgi dijo...

Lágrimas bajo la lluvia.
Así se confunden con las gotas.

Laura dijo...

Hola:
He leido tu blog a través del de Rodolfo Serrano y tengo que felicitarte, verás compartimos quinta e inquietudes y es alentador, precioso y gratificante encontrar que no estás sola/solo en este camino...
Enhorabuena....

Aroa dijo...

Gracias por pasar por aquí, Laura. La verdad, que este rinconcito común y abierto de internet me ha cruzado con gente estupenda. Este salón de una casa común no hace más que dar la bienvenida. Un abrazo grande.

Gregorio Omar Vainberg dijo...

hay que dejar la lágrima correr, sea en Madrid, en Buenos Aires, o en
Salvador, para que el viento el hielo o el sol le deshagan el surco que nos deja en el alma

Um abrazo

Carlos dijo...

Quizás lo peor de todo, lo más hiriente y sangrante bajo los guantes que cubren tus manos, es que aunque te miren, casí nadie te verá llorar...

http://unaderealidadpocohecha.blogspot.com/