13/1/10

meditari



La poesía fue fórmula. Enterramiento óseo. Hay demasiadas bocas. El amor disipa el verso. La honestidad barre la imagen. No hay poema sin tocar la arena. Vuelvo a la cama y soporto la dilatacón inútil de las caderas. Suena una canción de Holly Godlightly. Come the day. No recuerdo del sueño si era el tintineo de la maceta de cobre contra la ventana lo que me hizo despertar. Llega un olor a manzanas quemadas desde la cocina verde. A él no puedo engañarle cosiendo letras. Tendremos que acotar este guión. Ella le mira sabiendo que él sabe. Ahora que decimos Boston, México City, Granada. El baño huele a suavizante. A algodón limpio. Ellas dicen: historia de las lágrimas. Da igual lo que enciendas: Belén Esteban. De quién me escondo yo ahora. Tal vez, mi nube pueda ser de qué. ¿Llegarán las ficciones?

4 comentarios:

NáN dijo...

Un texto (si hay tantas bocas y no tocamos arena, no me atrevo a llamarlo poema) muy interesante.

De esos que lo tienes abierto un buen rato; en la pantalla de trabajo das una orden de búsqueda al ordenador y vuelves a la pantalla de poema (si es un poema, claro).

Al cabo de un rato se va revelando esta taquigrafía del sentido. Y ya lo lees a gusto: ¡es un poema, mierda!

Aroa dijo...

admiquerido amigo
tu discutir si es un poema o no
me gusta
tiene sentido pues?

besos

david dijo...

Discrepo con eso de que no se pueda engañar a nadie cosiendo letras: ese es el poder de las letras, que piden permiso, y engañan.

Es como en En busca del Arca Perdida. En esa peli, ¡Dios existe!, pero ¿qué más da?, se ve la peli. Y el cascarrabias del Antiguo Testamento frie a los nazis.

Escribir es mentir, y leer es aceptar la estafa. Es la mentira más consentida, y quizá la mejor.

¡Así que miente!

Y Boston, hum, o Chicago, quizá.

Aroa dijo...

túsiemprediscrepasdemoñodemuchacho