22/12/07

ahora

ahora que te desnudo/y me desnudas/y en la estación de las dudas/
muere un tren/ de cercanías

Y entre las dos costillas
un silencio de naúfrago
y una razón
que ya no espera
ni barco
ni verano.
Y habitar una casa
sin horas
que nos muerdan
y con ruido
pero sin voluntad
de fríos ni de noche
de salir a la calle
a despedirse. Poner

orden al tiempo

y a los labios.
Salida de un vagón
que aun se nos desliza
entre las manos,
un último minuto resbalando,
un pie que titubea.
Y acaricia.

4 comentarios:

Lara dijo...

(Esa canción de principios

y ese poema

acojonante.)

AROA dijo...

laraaa ..:

que te quedes en la cama
lunes
martes
y fiestas de guardar..

que vienen muchas

(qué principio
de canción...)

descansa al sur de la nieve
y mil abrazos

david dijo...

Y qué te respondo yo, que soy prosista, ¿eh? Injusto, injusto. Yo, que lo más parecido a la poesía que puedo hacer es prescindir del alineamiento justificado para que las líneas se corten por donde les apetezca, grrr.

Y cómo te pretendo engañar, aquí, pretendiendo gruñir, cuando lo intento, porque eh, en serio, lo intento, por probar, por ver si es posible, interés científico y tal, y sólo me sale un ronroneo.

Ah, qué calamidad. ¡Con lo fiero que yo era!

Excepto cuando había ovillos de lana implicados, es lo que tiene ser educado por un gato.

De todas formas. Es una linda escena, esa. Casas sin horas, sí. Definitivamente, alguien tendría que disparar a todos los relojes (excepto, tal vez, y sólo si se promete no darle más cuerda, al que hiciese a Cortázar escribir aquello).

Alguien tendría, alguien tendría. Vale. Yo. Voy a ver si en los chinos de aquí debajo me venden una pistola de contrabando. Y que tiemble el tiempo, que voy a por él.

AROA dijo...

deja al tiempo un ratito sólo
que pase
david
y luego te lo cargas

de daño colateral
que también caigan
los 30 kilómetros que hay
hasta mi casa

falta menos
y ni e ni t