8/10/13

reality bites

Al cruzar el patio del periódico, aún me parece que veo a lo lejos la silueta de Samuel, largo y moreno, guapo como ninguno, fumando un interminable cigarro. Dónde está Samuel. Quiero decir, está en San Cristóbal, pero dónde está. No está en la mesita baja donde mano a mano fulminamos aquel pomo de ron. Ni en la puerta de la casa roja, pasándome la mano por la cabeza, diciéndome, así son, así es. No le escucho cantarme aquello de me calaste hondo. No está en Tierra Blanca, mirándonos con miedo los dos en el suelo de aquel taxi con la balacera de fondo. No está tirado en el colchón, escribiendo a la luz de una vela. No está cansado, ni enfermo, con aquella camisa azul, no está dibujando a lápiz. No le encuentro entre las caras morenas del  camión a Peñuela, cruzando ese olor a café y maquinaria de la zona industrial. Ni durmiendo la siesta, robándole horas a la chamba mientras la lluvia. Esta lluvia de hoy y de entonces y de aquella pobre canción que escribí y ya apenas recuerdo. No está como no estuvo aquella mañana siguiente en que yo regresaba de una fiesta y le dejé con fiebre en la cama, con un paño frío en la frente y una manzanilla sobre la caja de madera que hacía de mesilla. No está rodeado de chiquillas haciéndose fotos con él en los carnavales de Yanga. No se pone mi pañuelo rojo en el pelo. Ni me dice que cuando hablaba con aquel movía la patita, así me decía: mueves la patita, aroa, te cambia la voz. No está sentado en la batea, regresando de Orizaba aquella tarde que seguimos al Subcomandante Marcos y nos despeinó el viento en la autopista y trepamos por las cuestas de Córdoba, botando, sonriendo, no manches, el Sup. No me obliga a grabarle diciéndome: Soy lo mejor que te ha pasado en la vida.  Ni ya me hace responderle, muerta de risa, “pues vaya mierda, Sam”.  

En Puerto Escondido -ese nombre- con Samuel en 2005

5 comentarios:

ETDN dijo...

Ay, qué nostalgia más contagiosa. Un párrafo y ya es imposible no querer un poco a Samuel.

Y Bunbury, claro.

Y tu voz.

Y esa escritura tan tuya. Es leerte y ya estar echando de menos más letra.

Vive, y nos lo cuentas luego, como tú sabes.

Beso desde este Madrid que agoniza, dicen, que aún no amenaza otoño, que despierta y se despereza en vísperas y ayeres que ya son mañana.

Buenos días, o noches, o lo que toque en esta vida de horarios trastocados.

Portorosa dijo...

Qué gusto, qué bien escribes, querida Aroa.

Disfruta. Un beso.

Aroa dijo...

Un abrazo a los dos desde Veracruz. Anostalgiada pero bajo control.

Lara dijo...

No sé quién es, pero lo amo.

virgi dijo...

Por favor, qué lujo leerte!!!