10/10/13

guerrilla

Asfalto gris. Es nueve de octubre. Recuerdo habitaciones: algunos libros de pelea, la ropa por el suelo, el sol calentando el tejado. Al otro lado del baño, las nubes acorralan el pico. Te lo digo: no hicimos muchas cosas. También te digo ayer: y me pregunto a ratos que no sé qué hago aquí. Solo me pasa por las tardes. Que camino y no sé dónde sentarme a tomar un café. Porque aquí todo sucede de forma rápida, el día y las noches, a veces, y otras veces, también frivolidad. Y también me choca ser solamente yo y sin ti y que no nos sentemos a echar un par de cervezas, simplemente, y todo tenga que ser hasta morir. Hasta el final. Entonces encuentro un rincón junto a una palmera y me siento un par de horas con un libro abierto que apenas me interesa, pero que necesito, y pido un café al que le falta molienda. Y cae la luz y la tarde cae y cae más agua. Y la tristeza posterior a todas las llegadas. Me exijo control. Mucho control. Hay algo eléctrico que me conecta con aquel otro principio, cuando mi sandalia navegó por la avenida 11 y todo estaba por pasar. Es una cuna de montañas llena de nubes. Y sé que voy a vivir sin saber dónde el norte, dónde es arriba o dónde mi país. 


4 comentarios:

virgi dijo...

Un aire refrescante y poderoso sale de la pantalla cuando te leo.
¿Estás en Veracruz? Tengo tantas ganas de ir...

Aroa dijo...

En Veracruz, sí. Pues tienes que venir. Yo no soy objetiva, pero es un lugar como pa' quedarse.

Lara dijo...

Y total no lo sepas nunca, para qué.

david dijo...

Pues en ocho madrugones voy para allá, para que puedas escuchar decirte que no hay norte, que eso es la coincidencia entre una estrella que por casualidad ahora pasa por allá y un remolino electromagnético, pero que arriba sí, arriba es donde vive Huguito, y un poco más arriba por donde desfilan los nubarrones que traen las tormentas que repiquetean en el patio. Y para tomarme la cerveza esa que hace el par, claro.