10/11/10

Regresar a Eichstätt

Ha pasado tanto tiempo y tantas cosas que volver no fue triste, ni sentí nostalgia por aquellos comienzos de siglo, cuando dejé por primera vez la casa de mis padres y me fui , arrastrando maletas, a vivir a un pueblecito de Baviera.

Las calles de esta ciudad, como un puzzle desencajado durante años, comenzaron a enlazarse: la Dom, el Rechnen, la Theke, mis pasos sobre las hojas secas del Alemania. Intenso trabajo de la memoria. Como si todos los espacios fuesen tomando un brillo sosegado, feliz.

De todos aquellos amigos, repartidos hoy por el mundo, solo pude encontrar a S., fiel al trocito de tierra donde se esconde en el bosque nuestra burbuja de cristal y nieve. Él me canta Compay, tira su gorra verde al aire para celebrar el encuentro, lanza besos.

Aquella era mi ventana, pienso, aquí escondí la bicicleta, aquí lloré de desesperación ante un idioma hostil, aquí echamos, a voz en grito, las culpas a la tierra. Aquí se sentó C. con su café temprano, sobre una alegría zapateada. De esta calle se llevó la policía a J. un frío carnaval, en este escalón me esperó para hablar de poesía. Aquí F. revoloteaba sobre una francesa pequeñita en primavera. Tras este cristal M. aguardaba con una infusión caliente. En esta casa bailábamos frente a los cristales gritando: "no somos fracaso".

Amo los lugares donde he vivido. Se me graban dentro. Los dejo entrar y formar parte. Y ellos siempre han sido generosos conmigo, recibiéndome con sus calles abiertas, algunos otoños después, como si aun fuera aquella joven rubia y soñadora muerta de frío en Eichstätt.

7 comentarios:

Viuda Dehombrepez dijo...

Es bonito eso de dejar entrar y formar parte de uno mismo esos lugares que lo marcan. Antes de ayer mismo lo viví en La Pequeña Ciudad de Provincia: demasiada carga emocional, positiva y negativa, muy pesada... ya te contaré algun día.
Gracias por añadirme a tu lista de blogs.
Un beso!

Aroa dijo...

Pero bueno...De nada.
Volver volver. Sobre todo, cuando esperabas ser cuando te fueses de ahí alguna cosa y vuelves siendo la misma u otra completamente distinta.
Ay....

Anónimo dijo...

Me he emocionado Aroui, creo que adivino casi odas las letras.

Tenemos que vernos Aroui...

Arantxa

NáN dijo...

No podría encontrar nunca el camino de una ciudad cuyo nombre no sé pronunciar. Pero para ti todo es fácil, ratoncito rubio.

Las cosas, las casas, los lugares, no son tontos (como solemos pensar) y tratan generosamente a quien desborda generosidad.

Aroa dijo...

Arantxinaaaa: tenemos que vernos... Quedada! Por faaaa. Siiiiii.

Nan, me encanta ser una ratona, como dice una amiga: " a tí te da lo mismo aldea tropical que ciudad nórdica "

Se pronuncia así: aistet

virgi dijo...

Qué ternura me inspira.
Un abrazo, criatura linda

María a rayas dijo...

es raro, ¿no? La nostalgia no viene por el entonces, viene por el ahora, al menos eso me pasó a mi. Los lugares que habitamos se nos meten dentro y se quedan en nuestro cuerpo como cicatrices. Por suerte siempre queda la gente. Los trocitos vivos de Eischstätt. Los de Córdoba, Veracruz...

cuánto me habría gustado compartir regresos sentadas en tu cocina verde.
Pero todo se andará

besote