9/5/10

Sukram




Ganem echa el yogur sobre el pan. Abriendo mucho los brazos, espolvorea en la sartén enorme pistachos molidos y me dice: nosotros pensamos que Líbano, Siria, Jordania y Palestina son lo mismo. Luego vinieron los franceses, los ingleses, en fin.

Esto se llama Fatush.

Llevan cuatro días cocinando para la fiesta, en la mesa hay decenas de platos a los que no sé ponerles nombre. Un niño corre por el jardín buscando la pelota que Yasmine le tira. La madre sonríe desde lejos. El embajador se derrama el vino sobre la camisa de rayas. Yo me siento junto a un hombre del que no he podido aprender aún su nombre y al que he seguido en coche desde Madrid.

Todos se conocen de allá, cuando mojaban los pies cansados en una acequia de Damasco, de la facultad de medicina, de los arenales donde hoy se levantan difíciles edificios. Nosotros conservamos a nuestros amigos. Son familia para siempre. Y desde siempre, me explica Gualib. Me conmueve la hospitalidad, el roce de sus manos al hablar. Todos saben cómo me llamo, lo pronuncian Arúa, que es un nombre árabe. Significa bonita.

A la hora del té, me retiro de la reunión y salgo a la terraza. Una mujer me dice que fuma tabaco negro porque el rubio tiene ramitas y la picadura es basta. Ahora sé que es cubana. Y que nunca pudo regresar. Son las cosas que tienen las dictaduras, dice. Toma el té sin azúcar.

A veces me pregunto forzada qué hago allí. Rula me trae más vino, me sonríe, dice que es feliz. No había vuelto a probar namura desde que vivía en Palestina. Es difícil dejar de mirarla hablar en su lengua, gesticular, recibir el sol de la sierra.

Cuando regreso a Madrid, comienza la tormenta.

8 comentarios:

ETDN dijo...

Bello, bella Arúa

vivencias raras y bonitas, como de novela

vaya personajes

como pepiño-manolín

la realidad superando a la ficción

espero que hayas descansado

bss

NáN dijo...

No habrá tormenta que te lave de la piel esa belleza de historia.

Erato dijo...

Qué maravilla poder vivir algo así y traerte tantas sensaciones.Suertuda, Arua bonita

Fleischman dijo...

Me han entrado ganas de comer pistachos con los pies metidos en una acequia. Y de tener un jet privado.

david dijo...

Anda que, un tapercito, qué te costaba, rujirían mis tripas, si no estuviesen aplacadas de tortilla.

Lo de arúa hace que encajen cosas.

Y qué ricos los pastelitos.

Aroa dijo...

fue un día muy bonito
que me enseñó muchas cosas


jiji
d, me voy a leer! vienes?

Gemma dijo...

Preciosa historia, Arua. ;-)

Anónimo dijo...

sí...no creo que haya conocido jamás una hospitalidad como la de allá...

suerte de experiencias...
qué bien

besin
María