5/2/08

"Es escribir a alguien

o lanzarse al silencio,

nadar en lo oscuro

encender una llama

aunque ahoguen las dudas"



Paseo por la exposición del centro Conde-Duque dedicada a la poeta Ernestina de Champourcin, la del 27. Me siento en un café sin nombre. Miro por la ventana Madrid temprana, una ciudad de la que cualquiera se podría enamorar y por la que cambiar las cartas sin darles la vuelta. Con su olor a cajas de frutería y congelados, a café, a guiso que se escapa de los sótanos abiertos, a mundo recién hecho y periódico mojado.
Pienso en algunas mujeres hechas de letras. De lejos, pienso en algunas periodistas que se marchan, en las que dejan en segundo plano la vida, el amor, los hijos sin nacer y toman un avión y se alejan y viven en una ciudad sitiada, en las calles, por ejemplo, de un oriente en ruinas. E imagino cómo la soledad tiene que desplomarlas en alguna tarde de lluvia. Las que se juegan la voz. Pienso en algunas mujeres que escriben, en la coherencia biográfica, no sólo hablo de ellas, al hacerlo. No vale ir a medias, porque a nada saben las medias tintas en la lengua. Pienso en mujeres, porque las hay, que buscan que se deje de pensar en que lo son.
Pienso en lo complicado de describir la felicidad. El desinterés que causa, a veces, la alegría. Pienso en todo eso sin llegar a ninguna coherencia, a ningún argumento, ni ordenado ni válido, para hacérselo llegar a nadie.
Pienso en las poetas. En vivir para extraer. En lo que se puede escribir. Y luego se me viene el deseo del horario y la estabilidad que ansío a media jornada y sin dinero B. Y sin embargo, en lo que estoy cediendo a cambio. Pienso inevitablemente en la adrenalina, en si se me hará necesaria alguna mañana, en algunos riesgos en vez de una cama caliente y el mismo dibujo en el techo. Si alguna vez los necesitaré buscar. En los volcanes. Pienso en la selva, en los ruidos rítmicos del aullido de los animales, en las ruinas de la historia, en el reflejo de lo injusto y en las letras mensuales que pagan la imposibilidad de esos vuelos. En si estoy, lo quiera o no, eligiendo.
Luego voy a mi casa. Y respiro dentro en silencio. Me siento tan bien -¿era esto?- que me pongo a llorar sin lágrimas involuntariamente y despacito, en silencio, mirando por la ventana redonda de lo que pronto será una cocina. Y apoyo la frente en el cristal y me cae polvo sobre el pecho. Lo miro respirar. Auguro todos los febreros que pueden echárseme encima entre las paredes y que, ahora, inmadura tal vez, excesiva, de la misma forma en que sigo leyendo con ansia el final de los cuentos, no puedo esperar ni un solo día más para empezar a saber cuándo me pasarán la factura de lo que no se paga a plazos.

8 comentarios:

Lara dijo...

La factura seguirá siendo ese estallido de colores en tus ojos, Aroa.

Be-sos-mu-chos.

NáN dijo...

E incluso si es otra la factura, porque, no nos engañemos más de lo necesario, a veces la vida se cobra sus precios, merece la pena pagarla.

No tener nada por lo que pagar, porque el miedo impidió apropiarse de ello: eso sí que no merece la pena.

Filosofías baratas aparte, un hermoso texto.

María dijo...

aroa...la vida es elegir y nunca estar seguro de la decisión tomada. Es el riesgo y es correrlo. Es tomar decisiones mirando atrás y caminando hacia adelante. Es quererlo todo y conformarse con nada.

la vida, como dices que dice Drexler, es más compleja de lo que parece...

pero para eso estamos jarecilla
para desentrañarla....
(o al menos intentarlo)

aaay!!(besos y suspiros)

david dijo...

El techo no tiene dibujos, Aroa. El techo es claro y plano porque es una pantalla proyectora.

Y si los guiones son buenos y la trama seduce, son un sitio perfecto para montar tragedias, comedietas y odiseas de sombras chinescas.

Y el mundo no se va a ir sólo porque tengas un complemento circunstancial de lugar al que llames hogar. Todo es cosa de ir a confirmarlo de cuando en cuando, que la sospecha, por absurda que sea, es planta de poco regarse y siempre ve cómo andar echando raíces por ahí.

Pero bueno, al fin y al cabo al otro lado de tu ventana tienes un jardín, y los jardines son todos los días distintos. Mira el jardín, y disfrútalo.

AROA dijo...

¡Muy buenos días compañeros!
no tengo miedo, tengo dudas que, no sé por qué últimamente, transmito sin pensar.

Supongo que porque intuyo que alguien sabio anda al otro lado.

Los complementos circunstanciales inportan, pero ¿no había otro que se llamaba de compañía?

ese es el mejor
mi figura sintáctica preferida, sin duda

m-u-c-h-o-s-b-e-s-o-s

conde-duque dijo...

Un aplauso...

Carmen Moreno dijo...

Siempre se puede pagar a plazo. Y si no se puede aplazar, tampoco importa demasiado, se va pagando, no te preocupes.
Estoy con mi Primo, es peor no tener nada por lo que pagar. Yo estoy en deuda constante con tanto, con tantos...
Hermosísimo texto, Aroa.

Mega dijo...

"Auguro todos los febreros que pueden echárseme encima entre las paredes".

Pero también llegarán mayos soleados y agostos tórridos de letras.