14/12/11

pequeña crónica de la inconsciencia


Estábamos dormidos. Y la Plaza Tahrir gritaba despertando al viejo dictador atrincherado. Desde hace horas, somos dos cuerpos dulces sobre una cama sueca, secuestrados en sueños, lagunas de agua oscura y la velocidad de un coche. Estábamos dormidos y una mano con sus cinco dedos blandos e indultados golpeaba la mesa en su entramado, tac-tac-tac, algún tiempo no futuro. Tu pie me roza entonces y giro sobre mí. La lámpara arañada nos observa. La madrugada tiene esa cadencia de coordenada rota. A veces, concentrada, he escuchado el sonido de una guitarra roja sobre el mar. La puerta que se cierra y una cremallera cicatriza el vestido. Entonces, ha venido, Darinka, me susurra. Y yo sé que ese nombre ha surcado el océano, habrá jugado a ser delfín bajo las olas, y ha traído el asfalto de aquella latitud. ¿Se puede echar de menos la pisada caliente y negra de un asfalto? Darinka, duermela, no sabe qué es un tango, nunca oyó hablar de Bosnia ni sospecha la existencia de la travesía estrecha donde ahora, tú y yo, como dos arrojados de la vida, hemos caído. Así fue aquel amor, como el descuelgue frío de una vela agotada, una frase sin lógica, un reggaetón borracho que se baila ya sobrio. Mala copa es no saber qué se hace cuando todo el tiempo se ha ganado. Traspiés enfermo es despertarnos con la boca manchada por el arrepentimiento.

El nombre Darinka me lo dejó prestado (se lo he mangado sin permiso, es lo que tienen estos tiempos, una escribe y de pronto una ventanita: ti-ru-rí) un amigo de México al contarme algo. H., si, aunque ni lo creo ni lo espero, pasas por aquí, te lo agradezco, es un hermoso nombre para leer en voz alta a mitad de un poema y desubicarlo todo.

6 comentarios:

Jesús Miramón dijo...

Me ha gustado mucho, Darinka.

Aroa dijo...

pobre chica la así llamada... ignorando su protagonismo y confusión en este poema... ji-ji

Jesús Miramón dijo...

Debería haber quitado la coma. ¡La quito ahora, en diferido!

Lara dijo...

Qué bien has definido en la letra pequeña lo que es Darinka.

Pero la sorpresa son tus tres últimas frases, que dan para un poema cada una, para una noche entera cantando las cuarenta.

Aroa dijo...

oh, Lar, qué ilusión tus cuatro letras por aquí...
cantamos las cuarenta, las cincuenta, las que haga falta contar y cantar

virgi dijo...

Besos para estos día, Aroa.
Muchos.