20/11/07

Cuando termina la balacera de dos despechados en una calle de un barrio de las afueras, cuando un hombre joven resulta herido grave por algo que llaman arma blanca, cuando en realidad todas las armas son negras, cuando el ayuntamiento de Madrid deja de remover el caldo de corruptos que ingiere el dinero de sus ciudadanos, cuando la Comunidad inaugura un último campo de golf donde antes estaba el núcleo del tráfico de drogas de la región. Cuando las luces se apagan y yo cierro las páginas, y las pego en la maqueta y quedan vistas para sentencia, y no hay suceso que pueda interrumpir el proceso de la imprenta, todo continúa ahí afuera, pasando, de mí, y pasando. Pero ya no entra, no es, no fue. Mientras yo doy un salto y dos y tres de una página a otra con noticias en rojo, y apoyo en mi mano la frente cansada, los ojos cansados de tanta pantalla, y estiro las vértebras en la silla azul de oficina, y me sorprende, rutinaria, la oscuridad que con premura se expande a mi espalda sobre la A-6 y sus velocidades, tú caminas bajo esta nueva lluvia invernal, sumergiendo tu boca apretada en las solapas levantadas del abrigo y piensas en la última vez que hubo una tormenta. Y reconoces sobre los faros naranjas las siluetas de otras ciudades. Y recuerdas aquella avenida 11 desbordada, hace dos meses y algunos años, cuando el agua te llegó más arriba de las rodillas y los pantalones vaqueros, fríos, se pegaron a los muslos y tú te cobijaste en un hotel toda la tarde, escribiendo, sintiendo la lejanía, la soledad de la lluvia en esa ciudad tan fea a la que luego amaste, y cómo tardaste una vida entera en regresar a casa, porque fuiste perdiendo las sandalias sobre todos sus charcos.

12 comentarios:

nán dijo...

Dentro y fuera. Son matáforas que usamos para entendernos hasta que entendamos.

Pero creo que eso lo sugieres bastante bien, uniendo asimismo pasado y presente.

Por si acaso no llegamos a entenderlo (es lo más probable), nos emperraremos, cada dos miércoles, en explicarnos. ¿Nos contarás, medio ocultamente, historias de quien fue perdiendo las sandalias?

AROA dijo...

Claro nán,iremos contándonos miércoles a miércoles, medio ocultamente y no intuyendo pasados y presentes que se desdibujan bajo este agua, adentros y afueras de cada uno. A mí se me hace muy largo este cada dos semanas... pero es verdad que luego no hay tiempo de releerse y escribir.
Pues justo ahora, estoy en esas, cerrando páginas, saltando de una maqueta a otra. Es que a veces, muchas, este oficio se me hace tan vacío... aquí encerrada mientras todo pasa, tratando solo de meter en cajitas cosas tan grandes y otras muchas veces, tan dolorosas.
Un abrazo fuerte, y hasta mañana.

Lara dijo...

Lo cuentes o no lo cuentes (yo también me lo pregunto siempre, pero ésa es la magia) lo disfrutamos igual y tanto. Luego nos vemos!

Marta dijo...

Tiempo sin dejarme algo por estos lares.
Yo también me lo pregunto,y sin saber por qué me imagino a un poeta-barbudo-con voz grave pisando charcos. Pero suelo equivocarme cuando leo tratando de descifrar. Pero Aru, esta vez era tan fácil verte allí, al otro lado de las ventanas que ya miro siempre cuando voy pa´Torre, que ya seguí, descifrando.

beso pronto, mujer.

AROA dijo...

ah, es que la pobre de detrás de las ventanas de el universo (literal y no literariamente tómese...) sí que soy yo!!!! y lo demas, son cuentos...

besos magalara que consigues que todos nos encontremos sin buscarnos, como esta noche

y martiiii

Marta dijo...

yo soy!!

Reb dijo...

Qué fría y qué hermosa puede ser la lluvia...

vega dijo...

me has recordado una lluvia torrencial que yo viví un verano, no hace mucho aunque parece que nunca fue, me quedan sólo 30 líneas contando como la lluvia me hacía perder las sandalias y el tiempo...

(no sé si mi descripción de tus viajes es o no bonita, pero sí se que es exacta)

alejandro dijo...

A MÍ NO ME ENGAÑES, LAS SANDALIAS SON TUYAS.
MUCHOS BESOS GUAPA
Y LOS CHARCOS, ACÁ ESTÁN.

AROA dijo...

eh ale! jo! te mando 3 besos

esa lluvia también fue de verano... ni siquiera era triste, ni fría, pero el suelo estaba tan sucio que llegabas a casa con los pies completamente negros, y los pantalones, y de paso, algo negra también el alma... aunque luego, cuando llamabas al timbre de casa, y te abrían y te veían escurriéndote como una esponja, y te decía una personita que hoy está en Brasil: qué? te gusta mojarte? y te mirabas las trenzas empapadas en el espejo y te reías y la cocina, y la guitarra, y el golpe del agua en el techo plano de la casa, y aquella botella que nos robaron en la puerta unos niñatos, aquellos que pasaban rápidos por la calle.. ay (se me ha ído... la cabeza y hasta la lluvia)

besos

Triquiñuelas dijo...

ay jar que bonito...
me ha gustado mucho esta entrada...
mira que era fea esa avenida 11 pero mira que era bonita la lluvia en Cordoba (cayendo sobre las palmeras, sobre la catedral, sobre la casa con jardín...)

beso!!

Anónimo dijo...

magnífico el textito, de verdad. yo opino como Ale, tú perdiste las sandalias. para mí siempre eres tú, aunque trates de engañarnos desdoblándote en pasado y presente.

besote