26/10/07

le gustaba el mar...

Recuerdo pasar horas dentro del agua sumergiéndonos y volviendo a sacar nuestras cabezas a la superficie. Nos alejábamos mucho de la orilla. Es genial tener un cómplice así. Me agarraba de las manos y me daba vueltas. Mi abuela era una mujer feliz. Muy feliz y exuberante en todo. Y se reía de pronto, como si aquella fuera la primera vez que cogía aire, a carcajadas, y reventara sus pulmones en aquel sonido. Echaba la cabeza hacia atrás y se reía fuerte haciendo pequeños sus ojos verdes.

A mí, en aquella época no me importaba, apenas llegaba a ser consciente de ello, la inmensidad de gente que coincidía y pasaba una o dos semanas en aquella playa de Cullera. El olor a aceite de zanahoria y coco mezclado con el salitre, los dedos llenos de arena que cogen patatas fritas de una bolsa, la cerveza derramada sobre el rastrillo. Ni siquiera me asombró encontrarme, castillo con castillo de arena, con una compañera de EGB del colegio. Nos limitamos a construir castillos comunes. Tú el foso y yo las torres. Mi única pregunta sobre Rebeca, aquella compañera de clase, era cómo podía ser tan sumamente flaca que, al estar en cuclillas, las rodillas le sobresalían por encima de los hombros. Yo nunca pude adoptar tal posición de insecto.
Aquellas fueron mis primeras playas. Mi abuela se llamaba Carmen y vivía en un bajo en Usera de suelo frío. Siempre tenía las ventanas abiertas al sol. Todo lo dejaba para hablar por su ventana de barrotes verdes. Se dedicaba a la costura. De ella heredé la colección de dedales que a muchos extraña en mi habitación. Si cierro los ojos y me concentro, aun la escucho canturrear sobre la máquina de coser: el ruido del traqueteo, el olor del brasero quemando poco a poco las faldas de la mesa, su mirada por encima de las gafas de ver de cerca, la tele puesta, la lengua fuera mientras se empeñaba en enebrar una aguja, yo hacía los deberes torpemente y buscaba palabras que ella me decía en el diccionario. – Dime otra. – Escoba. La comida, mientras, se pasaba en la cocina.
La abuela Carmen murió muy joven. Para mí se moría mi abuela y esa era mi gran tragedia. No era capaz de darme cuenta que terminar a los 59 años es una mierda. Era una señora mayor porque era la madre de mi madre y era abuela y eso le daba directamente una especie de licencia para morirse. Lo difícil para mí es que era ella, mi abuela, justamente la mía, la señora Carmen.
Muchos años después supe, aunque uno siempre se barrunta esos asuntos desde niño sin saber cómo llamarlos, que mi abuela, antes de Moisés, tuvo otro novio. No recuerdo su nombre. Fue en el pueblo, en Extremadura. Él era una marinero gaditano. Sin fama de guapo ni de alto. Pero era él su primer amor. Mi abuela le esperaba durante meses en Cañaveral sus regresos marítimos. Le quería, pero se cansó de esperar. Aquel hombre, cuyo nombre ni siquiera recuerdo, volvió una vez. Pero Carmen ya había cruzado el puente que unía su aldea con Garrovillas, el pueblo de mi abuelo Moisés, once años mayor que ella. Mi abuelo era un hombre guapo, pequeño, de ojos también escuetos y pardos. Trabajador y silencioso. Cuando el marinero volvió, ya fue tarde.
Mi madre y mi tía me contaron, hace poco, que ya enferma en su casa, en sus últimos días, alguien dijo el nombre del marinero, no por el gaditano en sí, sino porque coincidía con el del médico que la estaba tratando. Mi abuela forzó su última sonrisa al oírlo. Entonces, tanto tiempo después, yo supe por qué a mi abuela le gustaba tanto adentrarse en el mar.

Un dedal de los 170

10 comentarios:

yo mismo dijo...

qué precioso recuerdo. seguro que tu abuela, como la de todos, era la mejor abuela del mundo. siempre me ha gustado descubrir cosas nuevas de aquellos a los que hace tiempo que echamos de menos, es como si aún siguieran vivos, como si aún nos acompañaran. y creo que es así, al menos, mientras los llevemos en el recuerdo.

vuelvo a la blogosfera y me encuentro con unas palabras tan bonitas. gracias por tu forma de recibirme, siempre es un placer perderse en tus letras.

nán dijo...

Te lo dije la otra noche, que me había quedado enganchado a tu blog desde una entrada sobre tu abuelo, aunque tardé bastante en dejar comentarios. Encontré profundidad y fuerza de la vida en esa entrada y en las siguientes. Esa noche, también, una compañera de lecturas se refirió a tu sonrisa, que irradia. Y le dije que estaba de acuerdo.

Con esta entrada sobre Carmen no se cierra un ciclo, pero sí trazas un círculo perfecto que explica lo anterior: profundidad e irradiación. Ya sabemos de dónde procede en parte la fuerza del deseo de vida. Del bajo de Usera donde la vida, es de suponer, no sería fácil, pero por lo que vemos sí era vivida y disfrutada: amada; de la complicidad en Cullera. De los buenos principios y los pies en la tierra. Del diccionario, de esa entrega al ahora que hacía que la comida "se pasara", de dejarlo todo siempre para hablar por entre los barrotes. La fuerza de la vida "porque sí" es un don que siempre se debe a alguien de atrás.

Yo tengo 59 años. (A lo mejor no habría escrito así este comentario de haber tenido uno más o uno menos). Con 38 pasé varios meses en los que lo único que me gustaba de estar vivo era cerrar los ojos y pensar que me moría. No lo hice, morirme, porque mi padre murió con 55, cuando yo tenía 11. “Que pena”, decían de él, “tan joven”; y yo pensaba si estarían locos, porque era evidente que era “viejo”. Pero me prometí que si tenía un hijo no me moriría mientras fuera un niño (y con 38, tenía un hijo pequeño). Ahora pienso que morirse con 59 es una putada. Que Carmen debió estar más tiempo contigo, para disfrutar juntas. Aunque lo que tenía que darte, la fuerza de la vida y una colección de dedales que vale un Perú, ya te lo dio, amaba vivir.

En cuanto al recuerdo del primer amor, me parece que es otra de las cosas que separan a las dos especies distintas, las mujeres y los hombres. Nosotros borramos con mucha más facilidad ese amor primero. (Creo).

AROA dijo...

gracias Nán por este abrazo

por compartir conmigo esta entrada tan ... yo ... y responder de forma tan ... tú

pd. se aceptarán dedales en lugar de postales de cualquier viaje
si alguien se acuerda... (jiji)

Anónimo dijo...

YA SABES QUE NO ME GUSTA ESCRIBIR, PREFIERO PINTAR. PERO HOY ES INEVITABLE. GRACIAS,HACIA TIEMPO QUE NO LLORABA POR ELLA. LA HAS RETRATADO BIEN. PERO NOS HA TRASMITIDO MUCHAS MÁS COSAS BUENAS. TU HAS HEREDADO UN DEFECTILLO SUYO QUE A MI ME TRAE POR EL CAMINO DE LA AMARGURA. TAMBIÉN GRACIAS A TU SEGUIDOR "NAN" POR SU COMENTARIO TAN SENTIDO.

MUCHOS BESOS. TE QUIERO AUNQUE CUANDO ME LO PREGUNTAS TANTAS VECES NO TE CONTESTE, POR PESADA.

AROA dijo...

ay... mamá!
y ahora,... ¿qué cara pongo yo en el periódico?
pues no tengo yo la lagrimilla fácil ni na...
si se me caen hasta en las bodas donde no llora nadie...
pensarán que me ha conmocionado algún suceso o que tengo resaca sentidísima de fin de semana...

pero si es un defectillo sin importancia madre... jojojo... porqueee no te estarás refiriendo a esa silla que no suele, como dice el padre, cumplir su función elemental?

pa que no digas que soy pesada, no te lo pregunto, te lo digo yo a tí: te quiero maaaaaama

bueno ya... que luego dicen que si este blog es un poco pastel...

Javi dijo...

La verdad es que al leer tu post me has hecho recordar tambien a mi abuela que por desgracia sólo vivio 1 año que la tuya.
Es un post muy hermoso y de verdad te digo que me he emocionado mucho al leerlo.
Estoy completamente seguro que tu abuela era una persona fantástica y este donde este, estará orgullosisima de tener una nieta como tu.
No se quien puede decir que este blog es un pastel, pero desde luego esta muy equivocado, ahy gente que no sabe diferenciar lo pastel de lo humano.
Sigue asi y espero que sigas haciendo post como estos
Un abrazo
-javi-

Anónimo dijo...

¿Sólo han pasado 16 años? . No hay día que no venga a mi mente su recuerdo, se nos fue el gran pilar de la casa, pero nos ayudó y enseñó para mantenernos juntas. Cuando apoyo la cabeza sobre tu brazo, recorre todo mi cuerpo una sensación muy especial que no tengo palabras para describirla, pero tú lo sabes. No se si ahora me pasará lo mismo.

Se me caen las lágrimas encima del teclado en mi ofi. Tengo un problema, he soñado en estos años mucho con ella, pero siempre la dejo abandonada en su lecho de muerte, no quiero enterarme de que se va, es mentira. Me gusta besarte y achucharte, ¿porqué será?. Mi gran pena es que mis niños no la han conocido, les hablo mucho y ellos pregunta pero.......

¿Cómo podía hacer la vida tan fácil con tantos problemas y con tan poco?. Ahora nos complicamos mucho la vida y no debería de ser así. Nos enseñó mucho pero no hemos sido buenos alumnos. Gracias mamá, gracias Aroa.

AROA dijo...

qué blanditas están las mujeres de esta casa...

y qué alegría me da leeros aquí

un beso fuerte...

R dijo...

Hola pequeña:
estoy aquí y si quieres
nos sumergimos.

david dijo...

Te voy leyendo al azar, que es más divertido (y más yo, ya que nos ponemos todos tan propios). No comento porque para escribir plas plas plas prefiero dejar los aplausos de este lado, total, son sólo un gesto mecánico. Que ya, ya sé que los gestos mecánicos no son sólo gestos mecánicos, pero en fin, cualquier excusa es buena, algunas veces, para esconder cuatrocientos doce kilos de timidez en bruto, supongo. Escribo para dejar por escrito constancia de esos aplausos, y porque me has recordado una canción.

Lo cuál me hace estar muy agradecido porque me encanta que me recuerden canciones (y es una canción preciosa), y también odiarte sobremanera (un odio muy inofensivo y muy bobalicón, claro) porque no tengo ese disco en el ordenador y buscarlo es imposible. ¡Voy a tener que bajármelo otra vez!

En fin. A ello.