11/1/13

ciudades finitas


La pequeña taza blanca de café que le ha costado tres euros le sabe a gloria porque ha comprado, para leerlo a la vez que lo bebe, el periódico de su país. Entre las páginas busca la información deportiva y confirma si ese fichaje ha sido pagado para el equipo de la ciudad.

Si fuera archimillonario, dice, te compraría esa casa con terraza arriba, para que pudieras llenarla de plantas. Y haríamos barbacoas con los amigos –piensa ella-, una fiesta nocturna sobre los tejados de Roma. El skyline de la ciudad iluminado: cúpulas, monumentos recortados por la Luna, otra fiesta allá a lo lejos. 


Y cada tarde, se sientan en la escalinata del Palacio de la Ópera. Miran salir a los espectadores  contentos, de la mano, tomar un taxi, buscar un pequeño restaurante donde cenar. Si algún día fuera a la ópera -le dice ella- me pondría muy guapa. Él no responde. Da otra calada al cigarro y sobre el alboroto se escucha el sonido áspero de su barba contra la chamarra negra. Él dice poco. Pero la rodea por la cintura y le da un beso en el pelo. 

Acaba de empezar el año nuevo. 

7 comentarios:

NáN dijo...

Roma es eterna, ¿no?

Aroa dijo...

Y finita para algunos. Es lo que cada uno quiere que sea. O sueña.

Portorosa dijo...

Qué bien suena.

Aroa dijo...

En Roma casi todo suena bien.

Isabel dijo...

Aquí leyendo desde que no vengo y disfrutando de tu forma de mirar y decir las cosas.

Abracito.

Aroa dijo...

gracias, Isabel

Marcelo dijo...

acaba de empezar un año nuevo y si es en Roma, será bueno!