30/6/10

Primero A y primero B




Cuando murió la mujer de B, su caminar se volvió lento. En el rellano, si le sorprendo intentando meter la llave en la cerradura, se gira despacio, me mira y apenas hace un gesto leve con la cabeza. Llevamos dos años viviendo puerta contra puerta y aún no sabe que las chicas morenas, exactas para él, con las que pretendía ennoviar a su hijo, B también, se marcharon poco a poco de la casa. Hoy le he sentido intentando llevarse la maceta que tengo, desde hace ni se sabe, junto a mi puerta. Es mía, me dice cuando abro una ranura. No, le reto, me la regaló mi tía hace un año. Yo traje las aspidistras, todas son mías, insiste. Si quieres alguna, pídemela. Me quedo quieta, intentando no romper la ceremonia de robo que le está costando la vida, y le ayudo a ponerla junto a su puerta. B, le digo, sí, quiero una planta, ¿me la puedes traer? Para qué, llévate esta misma que tengo aquí. Entonces, con un pie flojo, le da unos toquecitos a mi ya ex maceta de barro. Bah, y cierra sin fuerza suficiente como para dar un indignado portazo.

Como otras noches de verano, bajo a regar el patio, me mojo adrede los pies, recorto algunas hojas, me planteo hacer un curso de jardinería y, cuando estoy a punto de terminar, B vuelve a salir de su casa. Me temo entonces lo peor. Pero, ignorándome, cruza diligente y perfumado y abre la puerta del portal. Una mujer canija entra y se sienta junto a él en el banco. Charlan a un ritmo extraño para mí. Ella, mano sobre mano sobre la falda quieta. Les dejo allí esperando la caída de la tarde, con el olor de la tierra mojada. Nunca le había visto sonreír. Cuando subo, la maceta ha vuelto a estar en mi puerta.


Anexo: Una semana después, B junior portó para B una enorme aspidistra que dejó en nuestra puerta.

13 comentarios:

Lara dijo...

no sé si esto es verdad

pero sea verdad (quiero decir que te haya pasado, porque verdad es) o no

de pronto estaba sumergida

y he sacado la cabeza del agua

y también he sonreído


(lo reconozco, se me ponen los pelos de punta)

Aroa Moreno Durán dijo...

ya tú sabes... cómo es esto de las palabritas mentirosas

Aroa Moreno Durán dijo...

(ahora soy Moreno Durán, grrr, quiero retornar a mi blog con sus naranjitaaas)

NáN dijo...

Las palabritas nunca son mentirosas. Cuentan historias. En todo caso es la vida la que no se adapta a las historias.
Pero ahí entramos en la moral y ese asunto se lo dejo a los curas.


Más que espléndido, Aroa. Es exacto como las morenas para B junior y muerde como las morenas marinas.

Lara dijo...

¿por qué tantos apellidos ahora?

Aroa dijo...

ya soy yo y punto

Portorosa dijo...

Señorita Durán, que sepa que me encanta.

Ejem... que me encanta él.

Estoooo... que me gusta mucho el texto.

En serio.
Un beso.

Aroa dijo...

es una historia que roza la pepiñez

Araceli Esteves dijo...

Me gustan tus pepineces, esas lecturas extraordinarias de hechos aparentemente cotidianos y monocromos.

Gemma dijo...

A mí también. :-)
Por cierto, Nano, qué frase: "En todo caso es la vida la que no se adapta a las historias." Más razón que un santo, para variar.

Besos a todos, y al señor B también (me alegra que haya conseguido sustituir a la plantita).

Aroa dijo...

pobre, pero si la planta lo que hizo fue cruzar descansillos pacá pallá

y siempre fue la misma

virgi dijo...

A mí también me gusta.
Bueno, es que me gusta todo lo que haces, la verdad. No tengo remedio...
Además, lo cotidiano puede ser muy tierno y hermoso.

Besitos

perplejo dijo...

Debes presentarme a B. Tengo algo que las morenas no pueden darle. Te lo digo, que no es normal que ande transplantando aspidistras.

¿No crees que las plantas son como las personas pasivo-agresivas? Aunque no hagan nada te sientes juzgado por ellas. O precisamente por eso, porque son discretas.

Te he dado caza.

¡MUAHAHAHAHAHAAAHHAHAAA!